Visibilizar las raíces

sancti spiritus, musica espirituana, musica cubana, cultura espirituana, propuestas culturalesLeyendo el artículo ¿Política invisible?, publicado el pasado 8 de agosto en Escambray, me acordé de un antiguo ritual hebreo, en donde un chivo solía ser insultado y apedreado para, de ese modo, librar al pueblo de sus culpas. Naturalmente, de manera alguna dicho ritual garantizaba que luego el ladrón no siguiera robando ni el usurero esquilmando, pero todos volvían a casa envueltos en una aureola de pureza.

Quiero decir, no sé por qué sospecho que el chivo expiatorio de nuestro días cada vez se parece más al reguetón: ese género musical en el que, ciertamente, abundan los mensajes vulgares, machistas y promotores de la violencia; pero cuya proliferación no creo causa de nuestros males, sino consecuencia de ellos.

 

¿Política invisible?

Algo muy grave ha pasado en la percepción estética de una buena parte de nuestra sociedad. Aún mantengo viva mi infancia en Taguasco. Eran los años 70 y aunque allí había muy pocas instituciones culturales, apenas un cine y un Círculo Social, con frecuencia recibíamos en vivo la mejor música cubana del momento. Recuerdo haber visto a la Orquesta Aragón, a Tejedor, Lino Borges, Barbarito Diez, Tito Gómez, y decenas de agrupaciones pertenecientes a un movimiento musical de indiscutible liderazgo artístico.

Sin tener los niveles educativos de hoy, sin que existieran direcciones de cultura, ni se hablara de política cultural, era esto lo que el público prefería. Debemos preguntarnos entonces: ¿qué pasaba ayer que hoy no sucede? ¿Por qué buena parte de nuestra población ahora comulga con esos engendros de la marginalidad? ¿Qué factores sociales provocan esto? ¿Cuáles son los elementos de la sensibilidad y la conciencia que lo determinan? ¿Dónde nos equivocamos? ¿Qué hacer para rectificar el rumbo?

Urge la honda reflexión autocrítica porque enfrentamos problemas complejos, y creo que más daño se haría si una y otra vez erramos en el diagnóstico. Por lo pronto, lo más fácil, y a la larga inefectivo, sería censurar. ¿Cuántas veces tendríamos que equivocarnos para entender que nadie creó nunca nada prohibiendo? Por demás, cada vez que se censuró a un artista o una obra determinada, el resultado fue contrario al objetivo previsto.

Por un camino muerto iríamos si pretendiéramos identificar la cultura con el trabajo de un organismo. No hay institución que pueda dirigir el conjunto de saberes, creencias y pautas de conducta de una nación o una provincia. Si, como dijo Graziella Pogolotti, la cultura es la huella del hombre sobre la tierra, entonces no solo sería improcedente, sino también imposible estrechar tanto los caminos. Ninguna entidad puede, como si fuera un lazarillo, guiar los pasos de una nación que no es precisamente de ciegos.

Quiero decir entonces que la búsqueda de soluciones nos corresponde a todos en amplio y democrático ejercicio, donde no habría cabida para el planteamiento fútil o irresponsable. No podemos acabar con la banalidad siendo banales en nuestra proyección. La cultura solo se deja impulsar por la creatividad y la sabiduría.

¿De qué modo, si no creamos una sólida conciencia social, podemos evitar que muchos espacios públicos, centros gastronómicos y nocturnos, festividades, escuelas, ómnibus y hogares, continúen siendo promotores de la vulgaridad y las propuestas carentes de valores? ¿Qué decreto de la política cultural pudiera resultar efectivo cuando lo que es anormal, termina siendo normal para buena parte de la sociedad? Si a la llamada política cultural le damos una mirada oficinesca, y no la asumimos como guía de alcance social que permita resolver complejos problemas de la convivencia colectiva, esta se volverá letra muerta y dejará de cumplir su acción en lo moral.

No son los tiempos en que el Estado manejaba cada hilo de la divulgación cultural: ahora las tecnologías del espectáculo están al alcance de todos, y también es otra la realidad económica y social del país.

Desde luego, hace falta estrategias y también liderazgo. La radio, la televisión, la prensa, los centros educativos y las instituciones culturales, incluyendo la AHS y la Uneac, tienen ante sí enormes desafíos, y también pueden brindar espacios para promover estos debates. No somos una sociedad desabrigada o que parte de cero: contamos con tradiciones que sirven de referentes; contamos con una idiosincrasia y una identidad muy particulares; y contamos también con personas informadas y líderes de opinión no solo entre la vanguardia artística y literaria, sino también entre académicos, especialistas, comunicadores, cuadros, promotores… Quizá, más que visibilizar la política cultural, sea necesario visibilizar nuestras raíces.

En fin, esta opinión es solo una voz entre millones de voces. Sin embargo, puedo cerrar con el consejo de esa voz juiciosa que la inmensa mayoría de los cubanos reconocemos como propia. Dijo Martí: “La madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la República y el remedio de sus males es, sobre todo lo demás, la propagación de la cultura”. Y en la propagación de la cultura, creo yo, nadie es juez ni espectador, todos somos actores.

3 comentarios

  1. A Sayli Alba, podemos agradecerle su total entrega al autor, pero cómo yerra, una y otra vez arremete contra la Uneac y su Presidente, cuando a decir verdad , es la única Institución de la cultura que cumplimenta un plan de actividades coherente encaminado a las buenas prácticas, de hecho sus cinco comisiones y subcomisiones van desde lo más preciado de la cultura y sus disímiles epicentros, hasta los estudios de géneros.
    Qué molesta, que el Presidente de la Uneac la ha sabido llevar por un camino de luz con la mayoría de sus miembros a bordo.
    Qué molesta que la Uneac ha liderado con su Presidente a la cabeza una lucha campal contra las malas práticas.
    Qué molesta que un pequeño, mínimo, ínfimo grupito apuesta por ser los omnipotentes decisores, cuando en realidad, se distancian cada vez más de la realidad, siendo peores ciegos de los que no quieren ver.
    A saylí Alba no le podemos agradecer sus nulos conocimientos del arte musical, ni mucho menos del funcionamiento de la Empresa Comercializadora, qué decir del Departamento de Patrimonio, que en la reciente visita del Instituto y el Cidmuc agradeció su trabajo de excelencia en la investigación, que en definitiva es su razón de ser. Para las actividades, ya existe en la Provincia una reunión de programación donde se colegia esos menesteres y otros departamentos de comunicación en cada institución
    Que entienda Saylí Alba que aún su nombre no pasa de ser menos que invisibilizado por la mayoría de la población espirituana, su obra todavía está por probar su valía.
    En cuanto al escrito, salvo algunas malas intenciones, lo creo con algunos aciertos, pero como lector me gustaría que abogue sin límites el mejoramiento humano y sus buenas prácticas, las cosas son al duro y sin guante, porque está en juego la Nación, a estas alturas no podemos hacer concesiones y que de créditos a los que los merecen.
    La política se ha echo visible desde la Uneac, el Partido, el Sectorial de Cultura, y otros organismos que apuestan unidos por la plena satisfacción del pueblo y su crecimiento espiritual, espacios tenemos, los convocamos.

  2. Felicitaciones a Antonio Rodríguez Salvador por su trabajo. Es hora ya de dejar de criticar el reguetón sobre la base de la nada. Es cierto que esencialmente es de pésima factura, pero eso no es más que un reflejo de la sociedad que se vive, de los gustos estéticos que desde la primaria deformamos en nuestros niños y jóvenes. La música de Sancti Spíritus constituye una reserva de inigualable valor en Cuba y en el mundo, por su historia y por la forma en que se ha resguardado y protegido en medio de un terrible abandono institucional. ¿Qué espacios adecuados para escuchar la música puedan crearse cuando la Empresa Comercializadora de la Música en la provincia cuenta con especialistas que no promueven espacios para escuchar al Coro, a los tríos, a los trovadores o a la Parranda? Y si existen algunos espacios, que son mínimos, no se promocionan. Otros se pierden. La parranda espirituana tenía una peña en los portales de la Casa de la Cultura durante muchos años, peña que desapareció, aunque se sigue programando, por falta de micrófonos para los cantantes. ¿En dónde podemos escuchar a los tríos que no sea en la Trova, donde no se presentan todos? ¿Cuál es la propuesta del Departamento de Patrimonio en la Música? Es sabido que podemos perder nuestras raíces, porque las nuevas generaciones no se identifican con nuestra historia cultural porque no la conocen y nadie defiende lo que no conoce. No es solo la música, es cierto que en Sancti Spíritus no existe, hace años, una adecuada política… pero atacar al reguetón no es la solución, es solo una excusa, ¿Por qué el Presidente de la UNEAC, no explicó al periodista que él mismo prohibió la presentación a la UNEAC de la Parranda Espirituana, el grupo de música campesina más antiguo de la provincia y con un brillante catálogo y una brillante historia? De mal gusto e ir contra la cultura también lo constituye el hecho de llenar una obra literaria de groserías y malas palabras, por supuesto, según los gustos de cada cual… Así que ante el reguetón ofensivo, pongamos de ejemplo nuestros valores, nuestra música genuina, nuestra cultura verdadera, no con palabras, ni con entrevistas…

  3. Que decir?Esto es un artículo de 5 estrellas,con mesura y sabiduría que debieran leer obligatoriamente,los que pretenden imponer gustos por decreto.En unos carnavales en Taguasco en los 70,escuche por primera y única vez A Panchito Rizet,uno a quien habia censurado de los medios.,Supongo que Antonio debe recordar un cabaret improvisado donde se presento..A partir de ahi aprendí a amar el bolero
    Será el autor un maestro que compartía seminarios conmigo en Zaza,a principio de los 70?

Deja un comentario

Escambray se reserva el derecho de moderar aquellos comentarios que irrespeten los criterios ajenos, ofendan, usen frases vulgares o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.