Cañambrú: oda a la persistencia

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La agrupación se apropia de elementos arraigados en el género de la comedia.

La agrupación teatral, surgida en Taguasco en 1976, se ha mantenido por cuatro décadas en el panorama cultural de la provincia pese a no pocas carencias

 

El grupo Cañambrú, bajo la égida de su director y fundador Ángel (Yeye) Valdés Montano, se creó el 16 de septiembre de 1976 en el municipio de Taguasco, solventando un estilo de teatro que fundó sus claves populares en la tradición cubana, pero aún más en las de su terruño. Se apropiaron de elementos bien arraigados en el género de la comedia, con apoyaturas en cuadros humorísticos para espacios flexibles y en sátiras sobre temas medulares que retrataban la sociedad vigente.

En principio representaron sus “actos” sin una plataforma sustentable en conocimientos técnicos. Fue en todo caso una reacción a la realidad social, política y económica de turno. En efecto tenían la necesidad de hablar, esencialmente, a los trabajadores de los disímiles sectores obreros, ahondando en la cotidianidad campesina de los adversos 70. De albergues cañeros y ferias de arte populares a barrios y casas de la cultura, hasta las cómodas salas teatrales recorrieron con sus intervenciones. Todos estos fueron oportunos escenarios para que Cañambrú se mostrara como un proyecto serio, capaz de ir perfeccionándose, eso sí, a medida que la experiencia fuera in crescendo.

El nombre del grupo es sugerido por el historiador taguasquense Milán Camacho en el momento que se discutía el proyecto. Cañambrú fue un personaje muy popular, un emigrante canario, arraigado como pocos a las tradiciones de Taguasco. A Yeye le sedujo la idea también por el misticismo de la leyenda local que se había tejido alrededor del también conocido como el Diablo rojo en el pueblo; fuera por sus historias cómicas, jerigonzas que divertían, o las especulaciones sobre sus supuestos enfrentamientos con la guardia rural.

A modo de síntesis biográfica: en sus inicios la plantilla del colectivo la integraban trabajadores de los sectores gastronómicos, azucareros y amas de casa. El repertorio, compuesto mayormente por obras de corte humorístico, acudía cada vez con mayor frecuencia a los recursos del teatro bufo; puestas en escena como Ahorro, tarea de todos (1976), traída al grupo por el actor Hugo Hernández; Caliente, caliente que te quemas (1984) y El acompañante (1987), del avileño Lázaro Rodríguez Paz; La impagable (1986), de Tomás Álvarez de los Ríos, y Al que le sirva el chaleco (1988), una creación colectiva.

Giras por todas las provincias del país, además de un considerable número de comunidades intrincadas que han pedido audiencia con el grupo; un contingente en conjunto con la Asociación Hermanos Saíz por la Sierra Maestra y una función en el Teatro Lázaro Peña de la capital en el marco del Festival Nacional de la CTC hacen constancia de su labor en la resistencia de su carrera.

A partir del interés por obras que abordaban temáticas contemporáneas y debido al beneficio de indagar en el presente político y social de nuestro país, el grupo trazó sus estrategias y supo elegir un repertorio cubanísimo; habilidad que salvaguarda aún. Incluso en sus obras más recientes inquieren en la idiosincrasia de los habitantes de pueblos pequeños, obreros y campesinos, en sus expresiones y cotidianidades.

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Elenco de Cañambrú a finales de la década de 1980. (Foto: Cortesía del grupo)

A propósito diserta Miguel Ángel Castro, jefe del Departamento de Creación Artística del Centro Provincial de Casas de Cultura, quien fue además integrante del grupo: “Cañambrú trata problemáticas sociales a partir de la comedia, género que bien se le agradece. Acude a recursos específicos de un teatro evidentemente popular y pone a dialogar, en beneficio de sus montajes, a personajes tipos del teatro cubano, como es el caso del Negrito, la Mulata y el Gallego del teatro bufo, con situaciones y contingencias muy específicas de la actualidad, para que el espectador se vea identificado”.

El grupo ostenta la Categoría Nacional del Movimiento de Artistas Aficionados, otorgada desde el año 2009. El más reciente premio recibido por el grupo fue el concedido por el Centro Provincial de Casas de Cultura en el marco del Festival Nacional de Teatro Aficionado Olga Alonso, por su ininterrumpida labor en la comunidad durante el año 2013.

Son disímiles los premios y reconocimientos que avalan las creaciones de Cañambrú desde sus inicios y hasta las postrimerías, a escasos meses de cumplir sus 40 años de laboreo teatral.

Sin embargo, la génesis de esta institución cultural del municipio de Taguasco se remonta a edades tempranas de su líder, quien quería ser maestro, pero que, sensibilizado con el teatro, participaba de las fiestas de la escuela interpretando, entre otros, el personaje del Negrito del teatro bufo. Así recuerda con nostalgia Yeye aquel momento inmortalizado en su memoria, la fiesta de graduación de sexto grado, cuando interpretó por vez primera ese bucólico personaje. Luego le llegó la adolescencia y tuvo la inquietud de hacer teatro con más seriedad.

Fue entonces que Valdés Montano creó el proyecto de teatro infantil José Martí, con el propósito fundamental de recaudar fondos para hacer un pozo de agua para la comunidad. Esta fue su primera obra social a través del teatro. En esos comienzos trabaja con una actriz, Isabel Almanza, quien luego se convertiría en fundadora junto a él de lo que sería un proyecto mayor: Cañambrú. Hasta la actualidad Isa, como la conocemos los colegas, no solo se ha mantenido fiel a la plantilla del grupo, sino también como compañera de vida de Yeye.

“El trabajo con Isa ha sido la vida con ella. El teatro nos unió. Es una actriz muy fácil de dirigir, muy profesional. Tiene una certitud admirable en cada uno de sus criterios y la relación con los jóvenes actores que ingresan al grupo es respetable. Goza de la mejor reputación. La vida no nos dio la posibilidad de tener hijos, el teatro nos ha dado cientos de hijos, jóvenes actores: Laudel de Jesús, Jorge Félix Fariñas, Ana Santana, Cucho Valdés, Pedro Venegas y otros nombres imprescindibles en la trayectoria del grupo que desde hace cuatro décadas han prestigiado la familia Cañambrú”, refiere el director.

¿Veinte años no son nada? ¿Y 40? Tal parece que tampoco. Es duro ver cómo un colectivo de personas dispuestas a cumplir cuatro décadas, tras una aventura quimérica de hacer teatro y sobrepasar las adversidades, ahora son presa del cuasi olvido cuando ostentan la antes mencionada Categoría Nacional y a pesar de su asidua peña Noche con Cañambrú el segundo viernes de cada mes en la Casa de Cultura Osvaldo Mursulí.

Alerta a las instituciones responsables de tomar en cuenta y sensibilizarse no solo con su historia, sino también con sus ganas de permanencia en nuestro panorama escénico. Cañambrú es una institución cultural, órbita de acción vital para el movimiento de artistas aficionados y, lo que considero más importante, una valiosa realidad que continúa encantando a sus seguidores con cada nueva producción. Sirvan estas pocas líneas desde Vitrales como un impostergable homenaje a uno de los más longevos colectivos, si no el más, del teatro amateur en la isla.

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Yeye Valdés, fundador y director en activo del grupo taguasquense. (Foto: Cortesía del grupo)

One comment

  1. Felicidades a mis coterraneos, vivo en Camagüey pero mis raices siguen prendidas en Taguasco y me enorgullese ver de qué manera ese colectivo mantiene la vigencia de nuestras tradiciones en la escena, realmente digno de recocimiento. Grácias por seguir viviendo….ha, y cuando vengan por acá no dejen de avisarme….

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