Moriré satisfecho de haber compartido con Fidel

Expresa Luciano Francisco Hernández, entonces al frente del Buró del Partido en la Fábrica de Cemento Siguaney, al rememorar momentos de una visita de Fidel a ese centro en septiembre de 1971

Es incalculable lo que uno siente cuando está al lado de una persona con sus cualidades, asegura Luciano. (Foto: Reidel Gallo / Escambray)
Es incalculable lo que uno siente cuando está al lado de una persona con sus cualidades, asegura Luciano. (Foto: Reidel Gallo / Escambray)

 

Ni las veces en que el cemento estuvo a punto de “aguarle” una obra, ni cuando persiguió bandidos en los recovecos del Escambray, ni las noches entre balas en las arenas de Girón, es comparable con las tensiones del día que Fidel Castro entró como “un volcán” en la fábrica Siguaney, de Taguasco, aquel 17 de  septiembre de 1971.

Luciano Francisco Hernández lo recuerda ahora con voz pausada y orgullo advertible. Cuarenta y cinco años atrás, cuando el cemento era un polvo por fraguarse, desde la dirección del Buró del Partido en la entidad taguasquense, sus nervios superaban sus libras.

“Es impresionante ese primer contacto con Fidel, pero él es tan especial que en la medida que comienzas a oírlo, a hablar con él, se te va abriendo el paso y pierdes todo el miedo escénico que les da a todos los seres humanos en circunstancias de ese tipo.

“Recorrió el área donde se suministraba el diésel para el proceso productivo, los talleres de automotriz e industria, áreas de molino, las de entrega donde salía el cemento ya procesado, el tanque de almacenamiento de combustible.

“Todos estábamos deseosos de que fuera. Su visita fue una inyección para el corazón de la fábrica. Habló con los trabajadores y se interesó por sus problemas. Recuerdo que alguien pidió mayor alimentación. Fidel con una respuesta muy sencilla pero llena de conceptos revolucionarios le dijo: ‘El momento no es de hacer demandas, sino de hacer cemento’. Aquel reclamo era incierto, había una alimentación sobredimensionada, cortamos caña alumbrándonos con las luces de los camiones en la zafra del 70 y yo con 138 pesos de salario crié mi primer hijo.

“Al lado de Faustino Pérez, director del Partido regional, fue hasta la cantera donde se extraía el material y valoró la escasez de algunos equipos y medios, dio indicaciones a la entonces ministra del CEATM Irma Sánchez y a los pocos días comenzó la entrega de camiones, buldócer, una grúa, equipos para transportar los trabajadores y hasta una ambulancia”.

Los minutos debieron multiplicárseles por miles a Luciano y su tropa al lado de Fidel, a juzgar por la cantidad de proyectos que les nacieron a Siguaney y sus alrededores.

“Fue al poblado de Siguaney, pero antes entró a un barrio insalubre llamado Guano, lo caminó y orientó que se creara una microbrigada para hacer las viviendas de los trabajadores e incluyó la solución a muchos casos críticos. Ya en el pueblo llegó a la tienda, habló con los consumidores.

“Llegar Fidel a un lugar y la gente concentrarse era un tiro al seguro. Dirigiéndose a mí, jocosamente, dijo a los vecinos: ‘El gordito que me acompaña, que es el jefe del Partido, hace falta que baje 50 libras porque va ser difícil cuando se muera poderlo enterrar, va a haber que trasladarlo en un KP3’.

“Eso de la boca de Fidel es un orgullo, lo dijo de manera jocosa, la gente lo aplaudió y a mí, lejos de afectarme, me fortaleció y me ayudó a tratar de bajar un poco de libras porque en ese momento tenía casi 300 con 24 o 25 años y hoy peso 213. Son varias las que he logrado quitarme de arriba a pesar de mis enfermedades”.

Y aún quedó tiempo para orientar la construcción de la carretera de Managuaco a la fábrica, para acortar el recorrido y ahorrar combustible. No miró el reloj, pero a Luciano le pareció que se juntaron el día y la noche y que la vida le había reservado un regalo para la posteridad.

“Lo había visto en 1961 por primera vez, aunque de lejos, al terminarse la batalla de Girón. Es incalculable lo que uno siente cuando está al lado de una persona con sus cualidades, es algo que uno lleva guardado en el corazón. Por eso si estuviera bien, estuviera luchando por la calle, pero estoy vivo por un marcapasos”.

Luciano, fundador de los órganos de la Seguridad del Estado, impulsor de las microbrigadas sociales, dirigente partidista y gubernamental de Sancti Spíritus y constructor por antonomasia, al concluir el diálogo expone: “Moriré satisfecho de haber compartido con él”.

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