Alzar la voz a favor del silencio

Nuevas medidas entran en vigor para contener los efectos de la contaminación sonora, pero se precisa del concurso de todos

La contaminación acústica afecta a miles de espirituanos cotidianamente.
La contaminación acústica afecta a miles de espirituanos cotidianamente.

“Aquí lo que vale es estar en zona, no es tan difícil, piensa y razona”, vocea Jacob Forever desde los amplificadores gigantes de sonido que a solo metros de su casa ahuyentaron, el primer día, a los turistas de hostales vecinos. La multitud allí reunida parece disfrutar el escándalo, pero al calvario de Eunice le falta mucho todavía. Lo advierte el reguetón mismo cuando vocifera que “este party no se acaba hasta que se seque el malecón”, así que se limita a sufrir con las trepidaciones en el pecho, acude a cuantas almohadas tiene a mano y teme, teme mucho por su corazón infartado y por el del esposo, ya sometido a una cirugía.

Las gestiones de su hijo fueron a parar a oídos sordos, por eso le aterra que en los carnavales venideros vuelva el acoso de la tortura acústica. Como ella, miles de ciudadanos dentro y fuera de la provincia sufren los efectos de una contaminación sonora que cuatro años atrás se instaló en las oficinas de la máxima dirección del país en condición de acusada. Parecía que en breve se haría el silencio. Luego de emitido el Decreto Presidencial No. 4 del 11 de diciembre del 2012 nació la Comisión Higiénico Sanitaria y de Calidad Ambiental, que preside José Ramón Machado Ventura. De ella se derivarían estructuras homólogas, así como indicaciones para elevar la efectividad de la prevención y el enfrentamiento al mal.

Sin embargo, solo ahora se habla en términos categóricos, ya que hasta aquí la labor se ha limitado a acciones puntuales que no suelen terminar con la solución del problema. Sancti Spíritus tiene el deshonor de contar, según refiere la Delegación Provincial del Citma, con el único caso en Cuba que fue llevado a los tribunales por causa del ruido. El mismo terminó con el fallo de la justicia a favor del ciudadano que se quejaba de una entidad estatal; pero, de no ser porque ese trabajador se mudó, todavía estaría siendo bombardeado por los alaridos nocturnos.

Hace tan solo días, en una cita de la comisión provincial que lleva las riendas del asunto, trascendieron elementos que hablan de batallas ganadas o perdidas contra el estruendo, algunas verdaderamente alarmantes: la familia de Cabaiguán en cuyo seno falleció uno de sus miembros en medio de los ataques sonoros desde la biblioteca local, las bocinas de tren en los ómnibus Diana, recientemente acalladas; las quejas de los turistas en Trinidad por la bulla en los alrededores de los hoteles, la imposibilidad de escuchar en las oficinas de la Asamblea Provincial del Poder Popular por cuenta del estruendo proveniente de la Universidad de Sancti Spíritus, al calor de la celebración del Día Internacional del Estudiante…

A juzgar por los planes de acciones en manos de las entidades u organismos generadores de ruido o de aquellos que deben regularlo, todo está previsto. Hay desde diagnósticos de sus principales fuentes sonoras, consultas previas para evitar la ubicación de nuevos centros al aire libre que perturben el reposo de los allí residentes, programas de educación, comunicación y divulgación ambiental hasta realización de estudios de ruido previos a la construcción de nuevas urbanizaciones… Solo que ya suman millones los decibeles acumulados en los oídos de tanto espirituano inconforme con la tendencia al escándalo en lo que debería ser paz total.

Este propio órgano de prensa ha dedicado numerosos espacios a los daños que ocasiona la contaminación acústica, a propósito de recurrentes quejas de sus lectores. Algunos de ellos, como aquel que escribió en mayo del 2013 a nombre de los vecinos del barrio residencial Olivos 1, envían verdaderos tratados de contenidos que deberían dominar al dedillo quienes dirigen en cualquier instancia decisora vinculada al asunto. De acuerdo con el criterio de los especialistas más cercanos al tema, el basamento legal existe, pero ha faltado voluntad. Se prioriza mucho el divertimento de la juventud, afirman, aunque sin disposición para gastar en medidas que permitirían salvaguardar la tranquilidad de quienes no participan en esas actividades.

Por insólito que resulte, el territorio continúa sin la existencia de sonómetros para la medición de los decibeles —medida dimensional que recoge el valor de la presión sonora sobre el aparato auditivo—,  aunque la mayoría de las veces no se necesita de ellos para establecer las infracciones. Al parecer, nadie escucha lo que ensordece a casi todos. Se habla de niveles tolerables y admisibles, indistintamente, pero si bien en zonas residenciales se establece un máximo de 66 decibeles en el local más desfavorecido de la vivienda en horario nocturno, algún equipo llegó a marcar este año más de 80 y hasta de 90 en determinados puntos de la provincia.

 Parafraseando un nuevo filme, ya no es antes, cuando se llegaron a paralizar centrales para detener la avalancha sonora. Sin embargo, estudios recientes de la Organización Mundial de la Salud lanzan advertencias bien serias: el ruido provoca daños múltiples y no siempre cuantificables que van desde el estrés y las alteraciones de la capacidad cognitiva hasta la pérdida auditiva, el incremento de partos prematuros, el bajo peso al nacer o el aumento de la mortalidad en recién nacidos. También llaman a considerar, entre sus efectos cardiovasculares, el de infarto del miocardio, cuyo riesgo aumenta a partir de los 60 decibeles.

La alternativa de la llamada telefónica por el 106 para que la Policía actúe en caso de infracciones en el sector domiciliario o de vehículos automotores, a tono con las normativas jurídicas correspondientes, permitió la aplicación, entre enero y noviembre, de medidas en casi 140 viviendas y 762 vehículos, mayoritariamente de tracción humana o animal. No obstante, las cifras resultan ínfimas ante la agonía de muchos. Si todo se cumple al pie de la letra, cabe esperar que ni una abeja zumbe fuerte, ni un vendedor ambulante pite alto, ni un cuentapropista dé un martillazo después de cierto horario. También, que no se precisen quejas para llamar al orden a administrativos de centros escandalosos y que nadie ponga música a alto volumen, porque está prohibido terminantemente.

Ojalá, para bien del vecino de los altos que desistió del enfrentamiento al de los bajos por el estruendo musical de cada noche; de quienes están en la acera mientras retumban las dos bocinas que lleva encima el carro-cisterna con chapa B 142011; de la gestante que se contonea mientras su celular, a centímetros de la barriga prominente, escupe un reguetón que ni siquiera anuncia su fin. Ojalá cuando se seque el Malecón tal clase de música ya no esté sonando.

7 comentarios

  1. CONTAMINACIÓN SONORA EN CIENFUEGOS
    LA CONTAMINACIÓN SONORA EN CIENFUEGOS , CUBA, ES UN TEMA QUE NO ESTÁ
    EN LA AGENDA DE TRABAJO DEL CENTRO DE HIGIENE Y EPIDEMIOLOGÍA EN ESA
    PROVINCIA COMO UNA RESOLUCIÓN DEFINITIVA.. RECIENTES ESTUDIOS HECHOS
    POR ESTA INSTITUCIÓN EN CONJUNTO CON EL CITMA Y EL GOBIERNO EN LA
    PROVINCIA, HAN ARROJADO ALTOS DECIBELES DE CONTAMINACIÓN SONORA
    QUE EMITE UN CABARET ENCLAVADO EN EL CENTRO DE LA CIUDAD LLAMADO
    TROPISUR Y QUE SE ENCUENTRA RODEADO POR UNA COMUNIDAD QUE HAN
    HECHO ESFUERZOS INSUPERABLES DURANTE DIEZ AÑOS PARA RESOLVER EL
    TEMA A TRAVÉS DE FISCALÍA , PARTIDO , GOBIERNO, DIRECCION PROVINCIAL DE
    SALUD Y NO SE CONSIGUE FRUTO ALGUNO .EL CPHE Y EL CITMA EN LA
    PROVINCIA DEMOSTRARON QUE EL LOCAL NO CUMPLE CON LOS REQUISITOS
    NECESARIOS COMO BARRERAS ACÚSTICAS PARA EVITAR DAÑOS A LA SALUD DE
    LOS CIUDADANOS LOS CUALES HAN QUEDADOS DESAMPARADOS EN ESTE TEMA
    VIOLANDO SUS DERECHOS. SE HAN VIOLADO ADEMÁS LEYES Y NORMAS
    CUBANAS ACERCA DEL RUIDO Y QUE EL PROPIO DEPARTAMENTO DE SALUD
    AMBIENTAL EN LA PROVINCIA RECONOCE DE LAS VIOLACIONES RECOGIDAS EN
    DILIGENCIAS DE INSPECCIÓN HECHAS EN LOS DOMICILIOS DE LOS VECINOS
    AFECTADOS Y EN LOS ALREDEDORES DEL LOCAL, AHORA LOS VECINOS HAN
    TENIDO QUE INICIAR UN PROCESO JUDICIAL EN LOS TRIBUNALES EN LA
    PROVINCIA AL SER INSOPORTABLES LOS RUIDOS QUE EMITE DICHO LOCAL. OSEA
    QUE LA CONTAMINACIÓN SÓNICA EN CIENFUEGOS NO CAE EN MANOS DE NADIE.
    UNA LUCHA PARA ERRADICAR ESTA INDISCIPLINA SOCIAL ES BASTANTE
    ENGORROSA ALLÍ.. LLAMA LA ATENCIÓN QUE UNA DE LAS ACTIVIDADES
    GENERADORAS DE RUIDO EN DICHO LOCAL ES UN PROYECTO LLAMADO DIVINO
    QUE NO SON MÁS QUE STRIPER, ESPECTÁCULO ESTE QUE SE HA HECHO
    POPULAR EN LA HABANA Y QUE NO SABÍAMOS QUE ERAN PERMITIDOS , EN FIN
    ESPEREMOS QUE ALGUN DIA ESTAS INSTITUCIONES DEL GOBIERNO TAMBIÉN
    COLABOREN CON EL ORDEN SOCIAL Y CUMPLAN CON SU TRABAJO

  2. Silvio Aluart Glez.

    AGRESIÓN SONORA A LA CIUDADANÍA
    El irrespeto a las leyes y demás cuerpos legales, vulnera los derechos ciudadanos, por lo que el estado, a través de sus instituciones y organismos está en el deber y la obligación de hacer cumplir dichas leyes.
    A partir del segundo semestre del año 2016 , la zona urbana de la ciudad Sancti Spíritus sufre una contaminación sonora dada por el uso y abuso indiscriminado de las bocinas, cláxones , trompetas, léase aditamentos sonoros de los vehículos terrestres que circulan por la ciudad cabecera espirituana.
    En primer lugar, protagonizan estos hechos los choferes, salvo honrosas excepciones, de las guaguas Diana, que por la potencia de sus bocinas, alteran constantemente la tranquilidad ciudadana, pues se ha puesto de moda utilizar sus potentes equipos para anunciar su llegada a las paradas; saludarse entre sí; apurar al vehículo que va delante; saludar a cualquier amigo o amiga o simplemente dar constancia de la potencia de su equipo.
    Cuando convergen dos o más guaguas en un punto de paradas, se forma un concierto de claxonazos imparable e inaguantable per se.
    La impunidad conque estos hechos ocurren propician que los choferes de otros vehículos se sumen a la indisciplina social, que tanto nos agobia.
    Espero que no haya que escribir a carta de los lectores del periódico Granma ni recurrir a otra prensa radial o escrita, para que se le dé solución definitiva a este problema que es o debe ser de conocimiento de las autoridades que tienen que ver con el mismo.
    Espero, asimismo, que los artículos de la Ley de Vialidad y Tránsito referidos a las regulaciones existentes para el uso de los aditamentos sonoros de los carros no continúen siendo letra muerta .
    A continuación transcribo los artículos 177, 178 y 76 de la ley 60 Código de Vialidad y Tránsito vigente para conocimiento de aquellos que no la conocen o que pretenden ignorarlas.
    LEY NUMERO 60 CODIGO DE VIALIDAD Y TRANSITO
    CAPITULO III
    DE LOS ACCESORIOS Y OTROS ADITAMENTOS
    ARTICULO 177. – El conductor de todo vehículo de motor o ciclo que circula por una vía, está obligado a cumplir las reglas siguientes:
    Tener el vehículo equipado con un claxon u otro aparato similar, en perfecto estado de funcionamiento; y
    no usar dentro de las poblaciones el claxon o aparato similar. Se exceptúan de lo dispuesto en este inciso los casos en que por peligro, conducción de un herido o un enfermo grave, pedir auxilio o evitar accidente, sea necesario el uso del claxon o aparato similar.

    ARTICULO 178. – Se prohíbe la instalación y uso en cualquier vehículo de sirena, silbato u otro aparato similar que produzca ruidos intensos o estridentes. Se exceptúa de esta prohibición la instalación y uso de sirena en loa vehículos con régimen especial o prioridad en la circulación señalados en el segundo párrafo del Artículo 76 de este Código y los sistemas de alarma para protección del vehículo.
    ARTICULO 76. -El conductor de un vehículo con régimen especial o prioridad en la circulación vial, cuando se encuentre prestando un servicio urgente, está obligado a accionar la sirena o aparato similar a intervalos regulares o el intermitente de manera ininterrumpida, además de toma las debidas precauciones, y no está obligado a cumplir las regulaciones del tránsito si éstas pueden constituir un obstáculo para su avance y siempre que pueda hacerlo sin provocar un accidente.
    Al solo efecto de lo dispuesto en el párrafo anterior se entiende por vehículo con régimen especial o prioridad en la circulación vial, por el servicio urgente o especial que en determinados momentos realiza: las ambulancias, patrulleros, vehículos de escolta, motocicletas de la Policía Nacional Revolucionaria, los vehículos destinados a la extinción de incendios y otros vehículos autorizados por el Ministerio del Interior.
    Siro

  3. soy testigo de lo ocurrido en los carnavales pasado en la plazoleta de Hanoi. Eso se llamó tortura para los vecinos, los turistas pudieron como dice la periodista emigrar pero no los vecinos, en los cuales habían muchos niños y ancianos, soportaron la tortura de 10:00 pm a 4:00 am y por el día a partir de por la tarde. En esa zona se contrató a unos compañeros con música actual de discoteca, pero los decibeles estoy seguro que estaban por encina de lo máximo permitido. Cada vecino tenía su historia de esos días sin poder dormir, ni hablar en su casa, puertas vibrando y televisores que casi van al suelo debido a la vibración. allí hay casas que estaban a menos de 3 metros de las bocinas. Lo mas duro de todo es que las instituciones que tienen que regular esto no hicieron nada, sé que se llamó al puesto de mando de los dos gobiernos, municipal y provincial y a las instituciones que tenían que ver con esto y no se recibió respuesta, simplemente no aparecían los funcionarios. No estoy en contra de que las personas se diviertan y pongan la música con el volumen que crean, pero debe ser en el lugar adecuado. Ojalá que en los próximos carnavales no se repita esta situación, fue muy desagradable.

  4. ” pero la desidia de la entidad y de las autoridades locales”..Mi preocupacion es ..Si la situacion llaga a ser a la inversa y son”Las autoridades locales” queines demandan a arturo manuel..Puede este ultimo cerrar sus oidos y hacese el “Desidioso”? Cuando ciertas “autoridades” interiorizaran que estan ahi para servir al ciudadano y no para servirse de ellos?

  5. El que estableció la demanda ante el tribunal municipal de Cabaiguán fue el que estas líneas suscribe; ante el éxito judicial que alcancé pero la desidia de la entidad y de las autoridades locales,presenté quejas públicas en este órgano de prensa y en el periódico Granma que solo originaron un ligero murmullo en las autoridades responsables, las cuales nada hicieron: la solución fue mudarme.
    Acompaño este relato que considero esclarecedor de esta realidad que golpea a diario y que !NUNCA! será extinguida por autoridad alguna. Aquí va.

    El sonido del silencio

    Apenas se insinuaba la hija de la mañana con sus rosados dedos, el vendedor de panes con su silbato y pregón, quiebra la quietud de la hora prima.

    A este le suceden otros con sostenido tono en raudos ciclos, solo superados por las aceradas ruedas del solitario recogedor de basuras, con cansino y trepidante andar sobre el asfalto y ¡ni qué decir de sus colegas que sanean la ciudad en bulliciosa algarabía!

    La chispa eléctrica inflama el combustible fósil y el ronroneo del motor, increpado por las convulsas pisadas del pie derecho del chofer sobre el pedal, al fin, alejan al vehículo del vecindario, cediendo vía al furioso que se aproxima.

    El halo solar se levanta, sus haces dorados tiñen los multicolores uniformes de las prendas escolares, fundidas a la desenfadada cháchara juvenil, que se hace acompañar de un reguetón tempranero, salido de una minúscula reproductora, secundada por luminiscentes celulares.

    Entretanto, furtivos vendedores de tonantes cuerdas vocales, se oyen a distancia, ofreciendo ventanas y puertas de aluminio, pescados, vinagre, dulces, aguacates, ajos, papas…, todo a buen precio; otros, en cambio, se conforman con la compra de relojes rotos y botellas vacías; tales transacciones en el amparo de la trepada acimutal del astro rey.

    En las arterias citadinas portentos de la ingeniería automotora intercambian bramidos retumbantes con sus bíblicas trompetas, más que de advertencia y seguridad viales, como amistosos saludos entre colegas; como buenos corredores zagueros, los conductores de guaguas y almendrones, bien pertrechados de altavoces, a pesar de los añosos medios, irradian ondas acústicas de elevados decibeles sobre sus pacientes pasajeros; con ellos compiten, con no menos éxito, la fuerza bruta de equinos y el sudor humano en sendos coches y bicitaxis, confluyendo músculos y estela musical en la faena.

    Como si no fuera suficiente en el viandar cotidiano, trabajadores sobre camas de camiones festejan el cumplimiento de planes económicos de sus entidades, en franco remedo de las steel bands jamaicanas, al golpear con frenesí hierro contra hierro; a este improvisado concierto se suma, de vez en vez, el ulular de alarmantes sirenas de apagafuegos en simulacros del oficio, sin interesar la quiebra del reposo de niños, ancianos y enfermos circundantes.

    En el núcleo urbano, impresionantes bocinas, útiles pertenecientes a entidades gastronómicas y dependencias sociales, dejan escapar su barritar haciendo caso de omiso de la cercanía de círculos infantiles, escuelas y centros de trabajo a aquellas fuentes irradiantes; su mero interés es, parece, contagiar alegría a los caminantes.

    ¡Ni qué decir de la sacrosanta limpieza sabatina hogareña, donde en conjuro de escobas, colchas y baldes de agua se integran los movimientos corporales femeninos con el ritmo impuesto por los equipos que estremecen el vecindario!

    ¡Y los que practican el autoempleo en sus hogares que, sin contemplaciones para con los que viven pegados a sus paredes medianeras, fuere la hora que fuere, les endilgan un recital cacofónico cargado de zumbidos, golpes contundentes, aspersiones, ronroneos, chisporroteos!

    La gritería elevada a franca competencia entre dolientes y acompañantes, asciende en el entorno lúgubre, punto de espera para el postrer viaje, donde aquellos y estos alcanzan elevadas marcas en la escala fonométrica, cual trinchera acústica contra las ondas provenientes de la concurrida calle.

    Solo disminuye su intensidad con la partida de la procesión fúnebre.

    En verdadero pandemonio, sin tratarse de fiestas de aquelarre, se torna la llamada del ómnibus que parte con destino a otra localidad; los pasajeros en estampida, empujados por la estentórea voz del altoparlante que los convoca a la puerta, se arrojan sobre el punto de embarque, profiriendo denuestos contra los colados o “autorizados”, cuyo número les sobrecoge.

    Con el ocaso, el obligado retorno a casa y, en tanto Apolo se hunde en el poniente, los tímpanos ciudadanos perciben disparidades acústicas generadas en centros recreativos, haciendo “pininos” en espera de la noche, los que en franco desconcierto, compiten en volumen y melodías, cada uno con sus fueros alcohólicos, vulgaridad y mal gusto, detenidos en el tiempo para solaz de sus concurrentes.

    Ya en el barrio, los niños y adolescentes exhiben sus habilidades atléticas y vocales en pasatiempos deportivos, emitiendo gritos descompasados y vociferando las destrezas o torpezas de sus participantes.

    Luego, el manto de la noche se tiende sobre todos; es entonces cuando se instalan, bajo un poste eléctrico o portal doméstico, las mesas para jugar el dominó, cuyo ejercicio posibilita el crujir de fichas sobre las superficies de aquellas, el estallido enérgico de las mismas como señal de victoria y se hacen oír denuestos, desafíos y obscenidades.

    Otros escogen como pasatiempos encender “teatros en casa”, equipos de video o escuchar potpurrí de música de la peor estirpe; tales hobbies tienen como denominador común la alta calidad de manufactura de sus equipos, probados día a día en largas sesiones de trabajo y a elevados rangos sonoros, para contento de sus propietarios.

    Dispuesto el huso horario a cruzar de la medianoche al nuevo día, vencidos aquellos y anhelantes los insomnes, de consuno a la espera de la capa que cubre los humanos pensamientos, en su conciliación, escuchan la versión instrumental de El sonido del silencio del dúo norteamericano Simón y Garfunkel, arrobados en sus lechos; de pronto, el perro del vecino comienza a ladrar intempestivamente.

    Renato, personaje cervantino en la novela Persiles y Sigismunda, exclama, en franca añoranza:

    ¡Oh silencio, voz agradable a los oídos, donde llegan sin que la adulación ni la lisonja te acompañen! ¡Oh qué de cosas dijera, señores, en alabanza de la santa soledad y del sabroso silencio!

    Entre nosotros, el derecho a gozar de silencio no existe, se extinguió como los dinosaurios.

    • Delia Rosa Proenza Barzaga

      Saludos, Arturo Manuel, elogio que aún le quede sentido del humor y coherencia para escribir esas líneas, después de tanto escándalo acumulado en sus oídos por cuenta de la “desidia de la entidad y de las autoridades locales”. Creo que más y, sobre todo, de las autoridades locales, encargadas de hacer que se cumpliera el veredicto. Todavía están a tiempo, si el problema persistiera.
      Yo no sería tan categórica al aifrmar que el derecho a disfrutar del silencio se extinguió, como los dinosaurios, diría más bien que se perdió el respeto a ese derecho.
      Pero las medidas a las que se alude en este trabajo están ahí. Ahora falta que los llamados a hacerlas cumplir lo hagan y no desdigan del interés de la máxima dirección del país, que es decir Raúl Castro Ruz. Nuestro Jefe de Estado se refirió al tema hace ya cuatro años. ¿¿¿¿Qué se espera para atender en la práctica aquellas reflexiones suyas????

      • Lamentablemente aquel discurso de 7 de julio de 2013 pronunciado por Raúl,en la sesión de trabajo de la Asamblea Nacional del PP,desnudando los males que aquejan a nuestra sociedad,para la mayoría de las autoridades que tienen que enfrentarlos,ha devenido en papel pasado por agua, y ni qué decir del irrespeto de los mismos ciudadanos.
        La irreverencia a los que por estos se preocupan en combatirlos, es notoria; la indisciplina social crece y no mengua con el tiempo pero,directamente proporiclonal, la necesaria represión administrativa y civil a dichos males,es raquítica,no se hace sentir. ¿Cuánto hace de la decisión presidencial para refrenar la contaminación sonora y ha poco llamé a la PNR local y no acudieron a mi llamado?
        ¿Qué organismo de gobierno, político o de masas tiene en sus agendas de trabajo,de manera permanente,chequear la contaminación acústica? Estoy seguro que ninguno,sin embargo es una meta tan fácil de lograr sin ninguna inversión? ¿Por qué a ninguna de estas autoridades se les ocurre crear zonas de silencio,digamos en el llamado bulevar, o en las cercanías de los centros docentes o asistenciales de salud? !Qué peregrinas resultan mis ideas!
        Estoy seguro que si leen estas líneas,algunas de aquellas se mofarán de mí, como ya lo hicieron en ,la oportunidad judicial.
        No obstante, creo que vale la pena seguir insistiendo en el tema a pesar de que las nuevas generaciones se empinan con la mala educación del ruido en su entorno y en su reproducción.
        En cuanto a mi convencimiento,creo que el silencio lo disfrutaré solo cuando mis restos reposen en algún cementerio.
        Gracias por su halagüena respuesta, tan llena de optimismo,contradictoria con mi pesimismo,aunque alguien dijo que un pesimista es un optimista bien informado.Gracias otra vez.

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