El pequeño gigante cubano

Kevin Arévalo Castillo resultó ser el torpedero Todos Estrellas del Campeonato Panamericano Sub-15 de Béisbol desarrollado recientemente en Colombia

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El yayabero fungió también como capitán del equipo cubano en el torneo.

 

Al Panamericano Sub-15 de Béisbol, Kevin Arévalo Castillo llegó con su guante amarrado por cables, alambres y esparadrapo y unos cuantos centímetros de menos que el resto de los torpederos. De él regresó con la medalla de bronce de su equipo Cuba y el trofeo de siol del Todos Estrellas.

 Así coronó lo mejor de una carrera que comenzó desde que su papá Esney le compró un bate y una pelota como primer juguete. Así cumplía lo dicho a su mamá María Esther, vía IMO, esa suerte de cordón tecnológico-umbilical, apenas puso un pie en Colombia: “Mamá, aquí todos son supergrandes, pero yo voy a ser más grande que ellos”.

Lo demás fue jugar sin complejos y hacer lo que aprendió, primero en la explanada del edifi cio 25 de Olivos II, donde su padre lo hizo pelotero. Y después en el área del Reparto Escribano, el Beisbolito 4 de Abril y los terrenos de la EIDE Lino Salabarría.

 Lo del guante fue un acuerdo familiar. Después de cuatro años de sobreuso, se rompió días antes del evento y comenzaron las gestiones paternas para el reemplazo. “Papá, déjame el mío que así las cojo todas”, cuenta Kevin con la misma seguridad con que se desplazó en un terreno que en nada se parecía al que juega habitualmente.

 “Estaba muy bueno para fi ldear, solo la tierra un poco movida, pero me sentí bien, relajado y me salieron muy bien las cosas, el error fue en tiro y por apurarme un poco”.

 Requetebién, diría yo, porque además, por primera vez en su vida, como sus compañeros, jugó de noche. Un solo error, fi ldeo de 970 y 381 de bateo lo convirtieron en el único cubano del Todos Estrellas para justifi car, de paso, sus grados de capitán: “Mis compañeros me escogieron, parece que me vieron serio, inteligente, y los ayudé con mi motivación y ellos a mí también, por eso no podía hacerlos quedar mal”.

Extraña su promedio ofensivo cuando el bate no ha sido justamente su fuerte, aunque en su torneo nacional bateó sobre 300 y también porque en Colombia se desempeñó como noveno en la alineación. Para conectar mejor, se esforzó mucho en la preparación donde Marcos Naranjo, el entrenador, lo enseñó a dirigir la pelota hacia el jardín derecho. “Excepto con Argentina, que jugué a partir del tercer inning, siempre salí al terreno desde el inicio de cada partido. Muchas veces venía con corredores en posición anotadora, y el pitcheo estaba difícil, con lanzadores duros, pero me acostumbré y pude chocar bien la bola”.

Ahora en reposo, recuenta el momento en que a Cuba se le fue de las manos el posible oro cuando con pizarra a favor de 4-3 en el noveno vs. República Dominicana uno de sus compañeros erró. “De todas maneras nuestro propósito era una medalla, hubo un triple empate en el primer lugar y perdimos por carreras. Al fi nal se repartieron dos títulos porque no se pudo efectuar el partido decisivo entre estadounidenses y dominicanos”.

Guarda palabras de elogio para el equipo “por darlo todo en un torneo muy fuerte donde los demás se prepararon igual que nosotros”. También para los coterráneos que lo acompañaron: “Los espirituanos estuvieron bien, Cabello, el receptor, fue uno de los mejores; Luis Danis, el pitcher, tiró 92 millas y lanzó partidos importantes. También Ewin Parra, el otro lanzador, Julio César bateó muchísimo y Ronaldo estuvo bien en tercera”.

Con su trofeo en brazos y rodeado del homenaje de los mismos amigos y vecinos que lo vieron crecer, evoca sus primeros pasos por segunda base y luego su matrimonio con el siol: “Es una posición que me sé de memoria, aparte de que me esfuerzo mucho en el juego, tienes que estar concentrado, porque generalmente es por donde más batean y debes soltar rápido la bola, sobre todo en las jugadas de doble play”.

Guarda una mención especial para su familia, esa que ha desandado medio Cuba detrás de cuanta competencia ha ido, desde Ramón y Teresina, los abuelos maternos, hasta sus padres, que se convirtieron en adictos a la red de redes en tiempos del Panamericano a punto de entrar en shock la madrugada en que una llamada del exterior los despertó. “Era como la una —aún se ruboriza María Esther— y una prima nos dice: ‘Oye el niño quedó en el Todos Estrellas’. Nos levantamos y fuimos por todas las wifi hasta llegar a la del Paseo Norte, casi ni pudimos hablar de la emoción”.

“No es que lo supiera —relata Kevin—, pero sabía que tenía opciones, aunque todos los sioles estaban muy bien. Al momento me impresioné, pensé en los trabajos que he pasado, en mis profesores, en mi familia… Fue tan emocionante escuchar aquella frase: la designación de mejor torpedero es para el pequeño gigante cubano”.

One comment

  1. calixto sosa martínez

    Desde que le vimos la primera vez, junto a mi Camilo Ernesto, comprendimos que estábamos en presencia de un futuro hermoso como el de varios de ese equipo de niños, como Cesar, Abelardo, entre otros. Su manera de vestir el uniforme, callado y serio, nos hizo llamarlo Ishiro. El control de sus padres ha sido clave. Ojalá le veamos jugar siempre en este pedazo de tierra hermosa, por el bien del beisbol espirituano. Éxitos Ishiro te deseamos Camilo Ernesto y su familia.

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