Una tilde problemática

¿A ustedes les ocurre lo que a mí? A veces dudo si escribir aún, con tilde, o aun, sin tilde.

La Ortografía de la lengua española (OLE) estipula el acento gráfico cuando aún puede sustituirse por todavía, tanto con significado temporal (Aún me emociona esa canción) como con «valor ponderativo o intensivo» (Insultó al vecino, y aún pretendía que este le pidiera disculpas; Miguel es aún más simpático que su hermano).

Prescribe aun, sin tilde, cuando se utiliza con «valor inclusivo-ponderativo», equivalente a hasta, incluso, también (Al final acudieron todos, aun los que habían dicho que no irían) o siquiera (Ni aun su padre consiguió convencerla). Además, en oraciones de valor concesivo que admiten paráfrasis con aunque o a pesar de, formando parte de la locución aun cuando (Continuó hablando, aun cuando nadie la escuchaba) o seguido de un gerundio (Aun siendo enemigos, se respetaban), un participio (Aun heridos, consiguieron ponerse a salvo), un adverbio (En las tareas de limpieza participaron todos los vecinos y, aun así, invirtieron toda la mañana) o un grupo preposicional (Se casó con él aun con la oposición de sus padres).

Opino que son reglas enrevesadas, contradictorias y poco eficaces.

No queda claro en qué difieren algunos ejemplos de «valor ponderativo o intensivo» y otros de «valor inclusivo-ponderativo». Según la OLE, Miguel es aún más simpático que su hermano tiene el primero de los significados y, por tanto, aún lleva tilde. Sin embargo, podríamos muy bien sustituir ese adverbio por incluso (Miguel es incluso más simpático que su hermano), caso en el cual, siguiendo las pautas de la misma OLE, deberíamos escribir aun, sin tilde.

Las lingüistas Laura Ferrari y Mabel Giammatteo aseguran que en esta confluencia de sentidos —la que se da cuando aún aparece en estructuras comparativas junto a los cuantificadores más, menos, mejor, peor…— no hay «un contraste dicotómico». Asimismo, filólogos como Andrés Bello y Rufino José Cuervo señalaron la comunidad semántica en los diferentes usos de tan singular partícula. Su empleo enfático para expresar gradación —afirmó el ilustre bogotano en su Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana (1886)— «denota en el orden de las ideas la extensión hasta cierto punto, a la manera que lo hace en la esfera del tiempo».

Si escribimos, por ejemplo, Aún en los años ochenta del siglo xix había esclavos en Cuba, se entrelazan dos sentidos: el temporal, que denota la persistencia de una situación; y el enfático, que pondera dicha persistencia. A su vez, en el decurso Aún enferma hizo su trabajo se solapan tres interpretaciones: temporal (‘Estando todavía enferma, hizo su trabajo’), concesiva (‘A pesar de que estaba enferma, hizo su trabajo’) y ponderativa (‘Hasta enferma hizo su trabajo’). En ambos enunciados el adverbio debe acentuarse conforme al significado temporal, pero acorde a los otros, no.

A una copiosa casuística que rebasa y contradice las parcelaciones semánticas sobre las que la OLE funda la distinción aún/aun, se une el inconveniente de que en algunos usos concretos existe vacilación al pronunciar la palabra, en razón no solo de su significado, sino del lugar que ocupa en la cadena hablada, la velocidad o el esmero en la elocución, la procedencia geográfica del hablante, etc.

Sin embargo, haciendo a un lado tales vacilaciones, la OLE postula una correlación estricta entre los valores semánticos del adverbio y su tonicidad o atonicidad. Afirma que es un vocablo bisílabo y agudo

[a.ún]

, «normalmente tónico», en los usos temporal y ponderativo-intensivo, mientras que en los restantes es «normalmente átono», un monosílabo con las vocales en diptongo [aun]. ¿De qué norma hablará? Cuando preguntamos ¿Felicia aún no ha venido? es común articular la secuencia vocálica au, no en dos, sino en una sílaba, al revés de lo que cabría esperar de aún con valor temporal.

De hecho, desde su Gramática de la lengua castellana de 1880, la propia Real Academia Española estimó que el modo de pronunciación de la partícula —y, por tanto, su tratamiento gráfico— dependía de la posición que tuviese respecto del constituyente al que modificara: si lo antecedía, se realizaba como monosílaba y no se tildaba; si lo sucedía, era bisílaba y requería tilde. Pero a partir de las Nuevas normas de prosodia y ortografía (1952) la corporación pasó de aquel criterio prosódico con fundamento sintáctico al enfoque básicamente semántico de tintes prosódicos que mantiene hasta hoy.

La perspectiva de análisis, a mi juicio, debe modificarse. Pudiera, desestimando la cambiante pronunciación real, postularse que, convencionalmente, a efectos ortográficos, aun es voz diptongada y monosílaba, y nunca lleva tilde —algo parecido a lo que se decidió con palabras como guion, fie, hui, etc.—. O, mucho mejor, debiera considerarse que es siempre bisílaba y aguda —como, en efecto, lo es su forma aislada, independiente del contexto en la cadena hablada—, y demanda la tilde en todas sus realizaciones escritas. Solución sencilla, que responde al principio de economía del sistema de reglas de la acentuación gráfica en español.

One comment

  1. Dr Livan Meneses Turiño

    Excelente escrito, pero nos ha dejado “aùn” màs confundidos😅.
    Esperemos seguir recibiendo màs informaciones sobre este preciado tema que es la lengua castellana.
    Saludos desde el cono sur africano.

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