Asunto resuelto en San Ignacio

Escambray no se enteró antes, por eso lo publica ahora. Al retomar esta columna, temporalmente ausente debido a las urgencias del momento, dio curso a una inquietud llegada a su Redacción en los últimos días de marzo. Y resulta que poco después, a pesar del complicado panorama epidemiológico del país, la zozobra que desvelaba a los vecinos de la calle San Ignacio, entre Varela y San Telmo, en la barriada de Jesús María, de la ciudad de Sancti Spíritus, llegó a su fin.

Firmado por una treintena de personas, el reclamo aludía al vertimiento de aguas residuales durante varios meses, debido al colapso de la red de alcantarillado en algún punto bajo la calle. Como consecuencia de ello, apuntaba la carta, un líquido de gran fetidez, mezclado con sustancias contaminantes provenientes de numerosas viviendas, se esparcía por la cuadra y penetraba nuevamente por las cañerías de los domicilios.

A dicha situación se sumaba otra no menos alarmante: un salidero de agua potable que impedía la llegada del preciado recurso a muchas familias. Habían agotado, decían los vecinos, todas las vías posibles, al poner el problema en conocimiento tanto del representante del Poder Popular como a las estructuras sanitarias y el gobierno local, pasando por la Dirección de Acueducto y Alcantarillado.

“Debemos destacar que se han personado tres o cuatro veces, pero siempre manifiestan que hay que romper la calle para destupir la tubería y que para eso no hay recursos”, rezaba el documento. Sin embargo, la realidad demostró que con un poco de empeño todo se podía resolver, según lo informado a este medio de prensa por Gerardo Jiménez Mursulí, delegado de la Circunscripción No. 133 del Consejo Popular de Jesús María.

“Todo lo que ellos contaron era cierto. Fueron meses de gestiones, con la anterior Dirección Municipal de Acueducto y Alcantarillado y con la nueva, donde ya se había planificado ese trabajo y acertó a presentarse el problema de la COVID-19. Pero el trabajo se hizo, después de varios intentos fallidos, y no fue necesario romper la calle ya que finalmente se logró desobstruir con un equipo a presión”, narra el delegado.

Cuenta que los trabajadores de la mencionada entidad se esmeraron en resolver el problema e incluso lograron suprimir el salidero de agua potable, así como realizar la limpieza de una fosa que se había desbordado por causa de ambos vertimientos. “Las dos situaciones tenían la cuadra en un estado caótico, prácticamente intransitable y con riesgo para la salud del vecindario”, significa.

 Vale mencionar, como algo distintivo de los cubanos, el apoyo popular durante las labores del personal especializado, al que no le faltó merienda, agua ni café, a pesar de que por aquellos días de abril se disparaban las alarmas debido a la abundancia de casos de COVID-19 en Cuba.

Valga también la moraleja: atender con prontitud un reclamo ciudadano y agotar todas las vías para hallar soluciones es de sabios, como también es deber, e incluso obligación, cuidar el entorno colectivo. Y esta última advertencia la lanzó el representante del Gobierno en su diálogo con Escambray: donde mismo ya no existe el agobio de antes hay vecinos, dice, que derrochan agua mientras lavan carros, bañan animales o halan el líquido con sus turbinas.

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