Centros deportivos espirituanos en aislamiento

La EIDE Lino Salabarría y la Academia de Remos se suman a la batalla espirituana contra la COVID-19

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Desde el pasado 3 de octubre la EIDE espirituano recibe a contactos de casos positivos al nuevo coronavirus. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Debido al rebrote inusitado de la COVID-19 en Sancti Spíritus, dos centros deportivos del territorio han cambiado de manera total su indumentaria y su rutina: la EIDE Lino Salabarría y la Academia de Remos.

En cuestión de días, sus locales se acondicionaron para recibir, sobre todo, a contactos de casos positivos al nuevo coronavirus, lo cual impuso extremar el cronómetro de la protección y aprender en poco tiempo un protocolo que con la actividad atlética solo guarda relación en cuanto a la necesidad de disciplina y entrega para el logro de un objetivo.

Así lo asumió Roiman Figueredo, director de la EIDE, desde hace unos días, cuando recibió a los primeros 57 aislados procedentes de Yaguajay. La escuela reabrió desde el pasado 3 de octubre para un personal que en nada tiene que ver con los cerca de 900 alumnos-atletas que acoge y hasta el miércoles sumaban 65 ingresos, cinco de Cabaiguán y el resto de Sancti Spiritus.

“Ha sido una experiencia bonita, pese a los riesgos que se corren, aunque la escuela ha adoptado todas las medidas para que no se incumpla ninguna medida. Toda vez que una parte del centro se reparó en este curso, no hubo que hacer muchas adecuaciones y lo que hicimos fue crear las condiciones en el bloque de los albergues del 7 al 9, que fue objeto de remodelación, y habilitar el resto de las áreas en función de la tarea”. 

Como se sabe, la EIDE espirituana bien pudiera hacer un doctorado en la atención a personal no-deportivo, pues por años ha sido el centro principal de evacuados en caso de huracanes, intensas lluvias u otros fenómenos.

“Esto es totalmente distinto —explica el directivo—. Además de la protección a ellos, hay que velar por que los trabajadores que apoyan también lo hagan; aquí nos entrenamos con los especialistas de Salud, que antes de abrir nos capacitaron y lo han seguido haciendo. El consejo de dirección está aquí todo el tiempo, hemos hecho equipos de trabajo para que roten y se encarguen de la limpieza interior y exterior del centro. La alimentación es la que normalmente tienen nuestros muchachos y se elabora bien”.

En constante vigilia está la doctora Idalis Marín Valle, al frente de la atención médica del centro de aislamiento, que cuenta con cuatro médicos, cuatro enfermeras y dos estudiantes de Ciencias Médicas en coordinación con la Unión de Jóvenes Comunistas: “Aquí están por 14 días y después van para un centro de aislamiento, las condiciones son buenas, cogimos el área de la enfermería para que este personal tuviera las condiciones para el trabajo y otro cuarto para el descanso y que a la vez se puedan cumplir los protocolos, es un trabajo duro y el cuidado es extremo, mucho más porque hay personal no médico, el esfuerzo es enorme, pero hay que sacar el país adelante”.   

Situada en las afueras de la ciudad, la Academia de Remos se presenta como sitio ideal para el aislamiento, más porque en tiempos normales acoge a atletas de alto rendimiento. Por eso Wenceslao Borroto, el director, ha debido aprender sobre la marcha de una labor que asume por primera vez.

“El centro tiene 30 capacidades, pero en un inicio tuvimos que asimilar hasta 32 porque se trataba de familias enteras; después con las altas disminuimos a la mitad. Al ser un centro de alto rendimiento, las condiciones en general son buenas, aunque hemos tenido que solucionar problemas con los herrajes de los baños y aún queda por hacer. La alimentación es buena, aunque la variabilidad tiene sus más y sus menos. Los trabajadores, pese a que no están en la línea roja, apoyan en todas las tareas, uno ha cambiado su rutina y hasta el movimiento dentro del centro porque todo está delimitado, aprendimos con el personal médico que tenemos: es difícil porque es algo no previsto, pero lo enfrentamos”.

Por unos días, Jorge Luis Morell, director del Inder en el municipio de Sancti Spiritus, ha cambiado de lugar su oficina para irse al frente de las brigadas que apoyan el trabajo en la Academia, pese a sus dos infartos y sus 58 años: “Desde el 12 de septiembre nos vinculamos a esta labor, hicimos cuatro brigadas, tres de los combinados Julio Antonio Mella y Mártires de Barbados, y otra propiamente de la dirección. Allí laboramos en la limpieza, el avituallamiento, en todo cuanto haga falta. Sabemos que es un riesgo, aunque se tomen las medidas, pero cuando uno ve por la televisión tanta gente que está haciendo cosas, dice: nosotros también ponemos nuestro grano de arena, lo más lindo es la gratitud de la gente que está allí y nos siente cerca y sabe que lo hacemos voluntariamente”.

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