Matrimonio igualitario: entre la discriminación y la tolerancia (+tabla)

La inclusión en el Proyecto de Reforma Constitucional del reconocimiento a la unión entre dos personas —Artículo 68— generó encarnizados debates. De un lado se plantan quienes defienden esta postura; del otro, los que la satanizan

cuba, reforma constitucional, matrimonio igualitario
Las familias homoparentales existen, pese a lo no existencia de una formalización legal. (Foto: BBC Mundo)
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Las familias homoparentales existen, pese a lo no existencia de una formalización legal. (Foto: BBC Mundo)

Cuando Alberto* vino a saber —o más bien a admitir, quizás— que le gustaban los hombres ya se había casado dos veces, tenía tres hijos y más de un nieto. A esas alturas abandonó el hogar y se mudó, sin cavilar demasiado, para la casa de Alfredo*. Han vivido juntos cinco años, sin papeles ni firmas de por medio; solo con el acecho de las miradas de reojo de unos cuantos vecinos y a fuerza de inventarse astucias para sortear los altibajos de la convivencia.

A Iliana* la vida le dio dos madres, o dos tías o una madre y un padre; no importa. Desde los tres años y hasta hoy la criaron Olga* —su progenitora biológica— y Maida*, la compañera de su mamá. Han estado siempre: cuando el cambio de pañoleta azul a roja, cuando el regaño ante las rebeliones adolescentes, cuando el primer novio, cuando obtuvo la ansiada carrera universitaria…

Estas son escenas cotidianas, legitimadas so pena de leyes y cánones sociales. Hoy, a la luz del nuevo Proyecto de Reforma Constitucional donde se propone concebir al matrimonio como la unión entre dos personas, emergen imágenes como estas y argumentos que van desde la tolerancia hasta la inadmisión.

A propósito de los debates que ha generado el Artículo 68, Escambray toca varias puertas para enrolarse en una polémica que no tiene punto final.

¿ELLA+ELLA O ÉL+ÉL?

Elevar a rango constitucional la posibilidad de la unión matrimonial entre dos personas del mismo sexo no es una invención cubana. Antes, más de una veintena de países habían legalizado el matrimonio homosexual.

Mientras en otras naciones como la India, donde la relación entre personas de igual sexo llegó a penarse como delito, recientemente acaba de despenalizarse la ley que sancionaba estas prácticas.

Hasta ahora en la isla, según se define en el artículo 2 del Código de Familia, “el matrimonio es la unión voluntariamente concertada de un hombre y una mujer con actitud legal para ello a fin de hacer vida en común”. Es precisamente tal concepción la que viene a redefinir el Artículo 68 que actualmente se establece en el proyecto de Reforma Constitucional, el cual lo postula como la unión entre dos personas.

Y tal proposición ha desatado, tras los debates populares, las más diversas opiniones: que si es un derecho merecido, que si es un sacrilegio, que si sería prudente admitir que se casen hasta tres, que si va contra el orden natural de mamá, papá y nené, que si se trata de un modelo diabólico, que si resulta imposible explicarles entonces a los niños, que si es prudente para lograr la igualdad…

Mas, no es ahora —a luz de los progresistas preceptos constitucionales— que la institución matrimonial sufre las laceraciones de un dedo inquisidor. Ya en tiempos pasados sopesó el soslayo cuando rompió las reglas de unir a las personas de acuerdo con su linaje o cuando burló la norma de casar a blancos y negros desprejuiciadamente.

Para la jurista Luisa Elena Box Naranjo, jueza de la Sala de lo Civil, Administrativo, Laboral y Económico del Tribunal Provincial Popular (TPP), lo que la Ley de leyes pretende es más bien oficializar lo que la práctica cotidiana ha ido admitiendo. “Hoy la ley tiene una laguna porque hay relaciones sociales que no encuentran protección en ninguna norma y de hecho las uniones entre estas personas son una relación social que se están dando, lo que resta es su reconocimiento por las instituciones oficiales.

 “Lo que se ha propuesto únicamente en el proyecto de Constitución es reconocer el matrimonio entre iguales y de resultar aprobado entonces se tendrá que legislar de manera sustantiva al respecto; o sea, traer eso al Código de Familia”.

Acaso porque tal reconocimiento viene a reflejar una realidad que en el entramado social cubano resulta tan cuestionada como apabullante: las familias homoparentales existen.

Maryla Pérez Bernal, jueza de la propia Sala del TPP, declaraba a Escambray que asumirlo desde la legislación garantiza tener en cuenta estos nexos filiales a la hora de la participación, el encargo social y el respaldo necesarios.

“Desde el punto de vista de la responsabilidad social que tiene el Estado con la familia y la familia como célula fundamental de la sociedad —apunta la jueza—, tú le vas a poder exigir a un compañero los deberes que tienen los cónyuges. Hoy no se los puedes exigir porque no son nada; sin embargo, una persona de esta queda desvalida, incapacitado o discapacitado y ese compañero o compañera que los acompaña tiene un deber y si tiene todas esas garantías va a poder exigírsele entonces la misma dinámica de deberes que se le exige a un esposo o esposa, que, de hecho, los cumplen, pero voluntariamente, sin derecho ninguno, sin esperar nada a cambio”.

CASARSE HOY, GARANTÍA MAÑANA

Después de ocho años de construir un hogar con su compañero, a José Antonio Díaz Gil lo menos que le preocupa a estas alturas es el romanticismo de estampar su firma en un papel. Le desvela, tal vez, el desamparo legal en el que viven las parejas homosexuales.

“Nosotros vivimos como casados y no lo estamos. Yo me casaría por el derecho legal que te da —hay muchos que no quieren casarse— y se apruebe o no se apruebe nadie va impedir que personas del mismo sexo se sigan uniendo. Al Artículo 68 le eliminaría “que los cónyuges están obligados a la formación de los hijos”, porque eso es uno de los cuestionamientos de la gente, aunque varios homosexuales están criando niños. Lo que sí reconozco es que si no se aprueba el 68 tampoco puede formularse el Artículo 40, que dice que todos tenemos los mismos derechos, porque entonces yo no tengo los mismos derechos que los heterosexuales”.

Sin embargo, Olga discrepa. Para vivir con Maida todos estos años no le ha hecho falta nada más que el consentimiento de ambas. “A estas alturas ni quiero casarme, ya todo lo que hay aquí es de ella”.  

Según los juristas entrevistados por este medio de prensa, se supone que de aprobarse habrían de admitirse iguales garantías que para la unión entre hombre y mujer. Así lo cree Box Naranjo: “Sería la comunidad matrimonial de bienes, el derecho a la sucesión y nada limitaría tampoco el derecho a la adopción”.

La crianza de los niños en el seno de una familia homoparental resulta el mayor cuestionamiento de quienes se han opuesto al matrimonio igualitario. Entre los argumentos que descuellan se esgrimen desde la deformación de la conducta de los infantes hasta la inoculación de la homosexualidad desde edades tempranas.

La experiencia en consulta de la licenciada en Psicología Dachelys Valdés Moreno, terapeuta que trabaja con familias homoparentales, ha demostrado que si bien es cierto que deviene un reto afrontar la conducción de un menor desde este tipo de uniones, tampoco debe llevar de antemano el estigma de la discriminación.

En declaraciones a Juventud Rebelde decía: “Es esencial insistir en que la orientación sexual no se imita ni se hereda. Lo que se ha constatado es que los niños que crecieron con parejas homosexuales son más tolerantes y respetan más la diversidad”.

Ha sido ese quizás uno de los puntos hallados para abrir la brecha de la resistencia. No obstante, María Isabel Montelongo García, magistrada de la citada sala del TPP, aclara que los procesos de adopción son tan atípicos en nuestra provincia que anualmente, si acaso, se da un caso.

“Imagino que funcionaría igual a como actualmente se concibe por la ley. La adopción se realiza a partir de la solicitud de las partes, pero con un tribunal de por medio. Hay que acreditar varios requisitos que van desde la moralidad hasta la constancia de un vínculo laboral. Además, se precisa de un equipo multidisciplinario y se tiene muy en cuenta el criterio del menor”.

Educar a un niño va mucho más allá de una cuestión de género, de si se sigue el modelo patriarcal heredado por los siglos de los siglos o de si se hace en el seno de una familia no tradicional. La disfuncionalidad también quiebra los hogares más conservadores.

¿SÍ O NO?

Según revelaba recientemente a este semanario Edelio Torres Hernández, miembro del Buró Provincial del Partido y al frente de la Comisión Temporal para atender el proceso de consulta del Proyecto de Constitución de la República de Cuba, uno de los temas más discutidos en la provincia ha sido el matrimonio igualitario.

Escambray lo corroboraba en plena calle. Espoleados por no pocas interrogantes, algunos espirituanos aplaudían el reconocimiento a la igualdad entre todos; otros ripostaban ante lo que, a su juicio, constituye una apertura al libertinaje.

Desde el catolicismo lo apuntala Juana Julia Lorenzo: “Dios creó al hombre y a la mujer. El matrimonio entre dos hombres o dos mujeres es ir en contra de sus leyes”. No resulta un criterio aislado, otras denominaciones religiosas esgrimen iguales preceptos e, incluso, han colgado hasta de las puertas de la casa un cartel donde se lee: “Estoy a favor del diseño original, la familia como Dios la creó”.

Ha sido un asunto que trasciende más allá de credos o ateísmos; se ha colado hasta en la opinión pública internacional. Tanto que, inquirido por la cadena multinacional Telesur a propósito del tema, el propio Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, afirmó: “Yo estoy de acuerdo. Lo que creo que, sobre todo, el enfoque de reconocer el matrimonio entre personas, sin limitaciones, responde a un problema de eliminar cualquier tipo de discriminación en la sociedad”.

En esa misma cuerda hablaba Homero Acosta, secretario del Consejo de Estado, en el recién concluido Congreso Internacional Abogacía 2018, donde decía: “El constituyente de hoy estaba colocado ante la alternativa de mantener con rango constitucional el concepto de matrimonio (contenido apenas regulado en las constituciones) o apartarse de ello y dejar a la ley su desarrollo. Se optó por mantener esa configuración y asumir el reto del nuevo concepto, a sabiendas de que su inclusión podía generar discrepancias atendiendo a razones culturales, prejuicios y visiones estereotipadas que no se transforman de un día para otro. Si la Constitución proclama el reconocimiento con amplitud del derecho de igualdad, ¿por qué debe limitar que personas con diferente orientación sexual puedan alcanzar el matrimonio?”.

Por la envergadura del asunto, la jurista espirituana Box Naranjo concuerda en que no debe mirarse como un tópico de trascendencia personal. “La no regulación jurídica no va a cambiar la realidad social —sostiene la licenciada en Derecho—. Yo creo que es de interés de todos que todo tipo de relaciones sociales que tengan determinada entidad estén reguladas y que tengan protección”.

Mientras las opiniones se dividen a favor o en contra, mientras la incertidumbre de si se aprueba o no se cierne sobre unos y otros… la realidad va pesando, incontenible. Bien lo saben todos: la tolerancia ganada en tantos años ha sido a pesar de estigmas, prejuicios y discriminaciones.

Y nada trastocará la rutina de Alberto: levantarse a las seis, poner la cafetera y llevarle luego, hasta la cama, el café a Alfredo. Igual seguirá llevando en la mano derecha el anillo aquel que se regalaron a modo de compromiso cuando decidieron unirse hasta los días de hoy.

*Por respeto a la privacidad Escambray resguardó la identidad de algunos entrevistados. 

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Países que permiten el matrimonio homoxesual.

Dayamis Sotolongo

Texto de Dayamis Sotolongo
Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año (2019). Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas sociales.

35 comentarios

  1. Yo apruebo que la constitucion se lleve a voto pero no secreto. Porque esconderese para dar una opinion. Pero si quieresa que cada votante diera una opinion de su no. Porque lo más que me molesta es que mucho lo estan haciendo para hacer pagar a los demás por sus frustraciones. Ha otra cosa que debo de decir, los LGBTI que son la minoría son los que tienen el valor para reconocer su preferncia, porque por ahí hay una gran mayoría sin ese valor, mi comentario va un poco para los heteroflexibles. Saludos y buenas tardes

  2. Otro comentario.
    Dios escribio la biblia??
    El dia que yo reciba un documento echo por dios ese dia creere en sus palabras. Por el momento. Yo creo en dios pero no creo en los religiosos oportunistas

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