Sobre algunos significados sin respaldo normativo

Se habla y escribe de pancartas alegóricas al Primero de Mayo, de pinturas alegóricas a los próceres independentistas, de tarjas y actividades alegóricas a señaladas fechas patrias, de postales alegóricas al Día de las Madres, al de los Enamorados… Queriendo decir que las pancartas, las pinturas, etc., son alusivas, referidas o relativas a esas celebraciones, sucesos y personas, representativas de ellas, o creadas en conmemoración, homenaje u honor suyo.

Pero alegórico es cualidad que dimana de alegoría, tropo que el Diccionario de la Lengua Española (DEL) define así: “Ficción en virtud de la cual un relato o una imagen representan o significan otra cosa diferente” y “Plasmación en el discurso de un sentido recto y otro figurado […] a fin de dar a entender una cosa expresando otra diferente”.

Es evidente que los hablantes usan alegórico con otro sentido. Y ese cambio semántico en curso no es privativo de la variedad cubana de lengua, a juzgar por realizaciones similares, de la península y de países suramericanos, que se encuentran en el Corpus del nuevo diccionario histórico del español. No tengo noticia, sin embargo, de que lingüista o institución alguna —de las que en el mundo se ocupan de investigar y difundir nuestro idioma— se hayan pronunciado al respecto.

Circunscrito —según alcanzo a saber— al español de Cuba, hay otro cambio de significado, muy notorio en el lenguaje político y periodístico. En un texto de 2017 se afirma que la destrucción causada por el huracán Matthew, lejos de resquebrajar el espíritu de los baracoenses, los “compulsó a emprender su recuperación”. En uno de 2018 se dice que “para compulsar a un mejor trabajo” en la producción local de materiales de la construcción, la prensa debe publicar los resultados de las comprobaciones periódicas que hace el ministerio de ese ramo. Y en otro de julio de este año se declara que los dirigentes sindicales, junto con los administrativos, son “los encargados de compulsar, en cada sector y colectivo laboral, [a] que cada cual haga lo que le toca con la mayor responsabilidad, eficiencia, calidad y ahorro”…

En estos textos compulsar trasmite una idea muy cercana a la de palabras como estimular, animar, incentivar, alentar, incitar… Nada más ajeno a lo que registra el DLE, donde se lee que compulsar es “cotejar una copia con el documento original para determinar su exactitud”.

¿Se sorprendió? Estoy seguro. Sin embargo, es necesario apuntar que en 1729, en el Diccionario de autoridades, la Academia reconocía que compulsar valía, también, como sinónimo de compeler. Y desde la primera edición del DLE, en 1780, y hasta la decimonovena, en 1970, mantuvo tal identidad semántica, aun cuando la marcara como una acepción anticuada. Solo en fecha relativamente reciente, 1984, eliminó ese significado de su principal obra lexicográfica.

Compeler implica una acción que se ejerce en contra de la voluntad del destinatario. Así lo define el DLE: “Obligar a alguien, con fuerza o por autoridad, a que haga lo que no quiere”. En el discurso político y periodístico compulsar expresa, como compeler, la intención de influir en una persona o grupo de ellas para que ejecute(n) determinada acción, pero la índole de esa influencia es más laxa que la designada por compeler: no entraña, necesariamente, obligación.

Las realizaciones cubanas contemporáneas de compulsar retienen y amplían el secular cruce semántico entre ese verbo y compeler; convergencia que, en última instancia, se explica por el hecho de que compulsare, verbo latino predecesor de compulsar, se deriva del también latino compellere, ancestro de compeler. De ahí que muchas personas, llevadas por la similitud formal, relacionan los vocablos compulsivo y compulsión con compulsar, en vez de hacerlo, como corresponde, con compeler.   

Parecido ocurre con el latino tenere, su derivado detentare, y los verbos castellanos a que, respectivamente, dieron origen. El significado prístino de detentar —único que recoge el DLE—, “retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público”, restringe a un área bien específica el significado general de posesión propio de tener. No obstante, en la prensa escrita cubana y en el Corpus… aparecen artistas que detentan premios (merecidísimos, además) o deportistas que detentan títulos, medallas y récords (ganados en buena lid): detentar ha ensanchado el alcance de su referencia y se ha hecho sinónimo de tener. Así, no solo se detenta, legítima o ilegítimamente, el poder o un cargo, sino, también, la fama, la soberanía, la libertad, el liderazgo, características físicas o espirituales, etc.

Este fenómeno, probablemente panhispánico, se remonta, por lo menos, al siglo XIX, y entre quienes lo han reprobado se halla Manuel Seco: “Es error grave usar este verbo por tener en su poder o en sus manos, disponer de, ocupar o desempeñar”, sentenció en su célebre Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española.

Acaso algún día se acepten estos significados de alegórico, compulsar y detentar en la norma culta del español. Quizá el lexicón de la Academia termine asentándolos. Mientras tanto, constituyen usos sin respaldo normativo.

One comment

  1. Interesante. Qué normativa ampara el término de “sustituto legal”en Cuba?

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