Cuestión de mostros

Siglos atrás, antes de que la Real Academia Española fijara la forma monstruo, esta palabra se escribía de esa y de otras maneras. Hoy día muchos usuarios de las redes sociales vuelven a emplear una de ellas, mostro

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Ilustración: Osval

No es raro que en el entorno digital ―señaladamente, en las redes sociales y en la mensajería instantánea― nos topemos con las palabras mostro y mostra, utilizadas como elogio, para indicar que una persona, según el Diccionario de la lengua española (DLE), “excede en mucho las cualidades y aptitudes comunes” en determinada actividad.

Ambas se obtienen a partir de monstruo, mediante la simplificación gráfica del grupo consonántico -ns- y de un diptongo: -uo para mostro, y -ua para mostra, voz que remite a la variante monstrua, ideada por analogía con los sustantivos que poseen moción de género.

Estas realizaciones son muestra de la creatividad lingüística de muchos usuarios de internet, que, remedando la oralidad, buscan no solo el ahorro de caracteres ―por el costo monetario, la prisa o las dificultades propias de escribir en el móvil―, sino expresar rebeldía contra la tradición y la norma o, simplemente, sugerir el descuido de los registros informales y la proximidad comunicativa que en ellos suelen tener los interlocutores.

Lo curioso es que quienes así escriben acaso desconozcan la existencia, siglos atrás, de la forma mostro. Así aparece en el diccionario académico, el DLE, con la marca de vocablo en desuso, modo como ese repertorio lexicográfico hace notar que una unidad léxica perdió vigencia antes de 1900.

El célebre etimólogo Joan Corominas atestigua el empleo de mostro en autores tan importantes del Siglo de Oro como Cervantes y Lope de Vega. Refiere el siguiente ejemplo, tomado de la pieza teatral El rey en su imaginación (1625), del dramaturgo Luis Vélez de Guevara: “mostros hechos al revés son los celos”.

Tanto Corominas como el DLE registran otra variante también desusada, monstro, en la que se reduce solo el diptongo. Esta forma se halla documentada en el Corpus del Nuevo diccionario histórico del español desde el siglo XV, al igual que una última, mostruo ―que Corominas recoge y el DLE no―, con simplificación exclusiva en el grupo consonántico de la primera sílaba.

Estas tres variantes gráficas ―mostro, monstro y mostruo― reflejan en la escritura las diferentes soluciones que, en la pronunciación, los hablantes les han dado ―y aún hoy les dan― a las dificultades articulatorias de monstruo. El declive de ellas a partir del siglo XVIII y su posterior desaparición evidencian la impronta que la labor lexicográfica de la Real Academia Española tuvo en la fijación ortográfica del vocablo.

One comment

  1. Muy interesante. Gracias y saludos.

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