La guerra del agua en Trinidad (+fotos)

El proyecto para la rehabilitación integral del acueducto en la villa, que se encuentra a mitad de camino, ha generado no pocas insatisfacciones e incertidumbres. Escambray se acerca al tema a partir del testimonio de vecinos, constructores y autoridades locales

Hace años Trinidad vive una guerra, la guerra por el agua. Con el crecimiento paulatino de la singular villa y su apertura al turismo, las fuentes tradicionales se quedaron chiquitas y las antiquísimas redes colapsaron. Cada sequía comienza la odisea con los interminables reclamos de los lugareños, largos ciclos de distribución, el acarreo en pipas y otros innumerables parches de ocasión.

En el 2012 comenzó con un alcance limitado la rehabilitación integral de los sistemas de acueducto y alcantarillado de Trinidad, proyecto que tiempo después recibió una importante inyección financiera con un crédito externo de 25 millones de dólares, los cuales debían quedar ejecutados al cierre de este 2021, como parte de una primera etapa, donde se beneficiaría el 64 por ciento de los trinitarios.

Entonces se avivaron las esperanzas, pero, ¿cuánto se ha avanzado en realidad con esta ambiciosa obra a casi una década de iniciada?, ¿por qué en algunas zonas donde ya intervinieron los ejecutores se mantienen dificultades con el abasto?, ¿a qué se debe el notable atraso de la inversión y cuándo va a concluir? Escambray echa mano a la agenda en busca de respuestas.  

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En la calle Desengaño un tramo por terminar espera desde hace dos años. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

ABASTO SIN BANDERA BLANCA

“Aquí no hay beneficio. Estamos sin agua, el proyecto era para tener las 24 horas y seguimos con ciclos de entre siete y 14 días. La ponen, se va para allá abajo, hasta se bota y a los tres días es que llega acá arriba. Se lo he planteado a todo el mundo, hasta que no pongan válvulas vamos a seguir esperando. La gente está irritada”, denuncia Hermosa Cedeño, vecina de La Purísima.

En ese Consejo Popular trinitario se decide ahora mismo la suerte del agua. Algunas calles andan patas arriba con esta inversión muy complicada. Desde cualquier esquina los vecinos preguntan y cuestionan, cuando la intervención constructiva ha ocupado menos de la mitad de ese barrio, donde se abren las calles, cambian tuberías, colocan acometidas y metro-contadores, todo “nuevo de paquete” y siempre con el decisivo aporte de los lugareños.

Osnedi Balmaseda, presidenta de ese Consejo Popular, asegura que la inversión ya ha traído beneficios aquí, pero le preocupa, por ejemplo, la situación de la circunscripción 11 en el reparto Salabarría, porque el agua llega muerta; y la calle Quinta, en Los Cedros, donde ya se terminó la inversión, pero todavía dependen de las pipas.

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Ricardo Malibrán, coordinador de programas y objetivos en el gobierno trinitario. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

¿Actualmente el servicio resulta estable y suficiente para la demanda normal de una vivienda?

“Claro que no, porque el servicio debía ser agua 24 horas y en este momento Trinidad no está preparada para eso, para que sea así tiene que terminar la inversión en la ciudad entera”.  

En medio del maremágnum que imponen la polvareda y el clásico cotilleo de un barrio trinitario, entre el ir y venir de los transeúntes y el rugir de los equipos pesados que zanjan la tierra para colocar los tubos, intenta poner orden en la distribución el operador de válvulas del acueducto: “El proyecto es bueno, pero es un sistema diferente al que teníamos. Lo principal es que no hay salideros y el agua les llega igual a todos en las zonas donde se ha trabajado”, valora Alexis Alonso, el popular llavero que recorre a pie toda La Purísima. 

Sin embargo, en algunas zonas dicen que no han mejorado, ¿hasta hoy el beneficio se corresponde con las expectativas?

“Realmente, no ha sido como el pueblo esperaba, el circuito es muy largo, necesita válvulas interceptoras para que el servicio sea mejor. En La Purísima hay mucha diferencia en el nivel del terreno y cuando el agua va hacia abajo para que retroceda demora. Cuando la tubería coge presión, el agua sube al segundo piso y en la parte donde se ha trabajado no me queda tiro en pipas. Había zonas que no tenían redes y con el acueducto nuevo las incorpora al sistema”.  

Después de la inversión, ¿cada cuántos días llega el agua?

“Está entre nueve y 10 días”.

¿Y antes?

“Estaba en siete días”. 

¿Entonces lo que han hecho es empeorar?

“Tengo el circuito abierto, sin válvula interceptora y así se demora más el servicio. Para darles a algunas zonas conseguí un tapón. Lo que tenemos hecho no nos ha dado total solución. También hay mucha indisciplina, algunos irresponsables se ponen a regar la calle cuando otras personas no han cogido”.

Tal realidad se repite en otros barrios de la villa, donde la inversión tampoco ha solucionado las dificultades con el abasto, que ahora atraviesa su momento más álgido en plena sequía, cuando la fuente San Juan de Letrán casi se encuentra en aridez total y se lo sienten lo mismo en el centro histórico que en el reparto Primero de Mayo.

En este lienzo a cielo abierto los vecinos de la calle Línea final perfilan el contraste luminoso cuando narran la rapidez con que transcurrieron las labores constructivas y lo sabroso que saborean recibir el agua por la acometida, escucharla caer en los tanques en alto, sin preocupaciones por aquellas pipas que no llegaban.    

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Por algunas calles trinitarias corren ríos de agua clara mientras muchos vecinos penan por el vital líquido. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

ACUEDUCTO A PASO LENTO

En el barrio La Pitilla casi le caen en pandilla a Escambray cuando llegó a la calle Concordia, donde encontró de todo como en botica: cada día por allí corren ríos de agua clara —provenientes, según se dice, de salideros más arriba en las tuberías viejas—, mientras que aquí se quejan de la escasez de agua y la inestabilidad del abasto, a pesar de ya contar con las instalaciones nuevas.

Con pelos y señales lo describen lo mismo Cecilia Batista que Emelina Oromí, quien reflexiona certera: “Entre todos debíamos resolver estos problemas, porque se lo quieren echar al Estado, pero todo no es del Estado tampoco”.   

En la otra cuadra se lamenta por razones diferentes Normando Pujols, pues en la zona alta de la calle A donde reside le da trabajo coger agua: “Dicen que el ciclo está cada siete días, pero la recibimos a los 14. Es una tubería nueva, nadie me puede decir que ahora necesita una llave intermedia para poder coger agua. Eso lo hicieron ingenieros. Con este sistema hemos empeorado”.

En medio de tanto tira y encoge, entre el fuego cruzado de la pandemia y la crisis económica, la brigada de Juan Alfredo Vera —perteneciente a la empresa de Mantenimiento y Rehabilitación de Obras Hidráulicasde Ciego de Ávila—, no tiene mucho tiempo para escaramuzas. Albergados y lejos de la familia, comenzaron a trabajar en Trinidad desde agosto pasado y ahora se baten en La Purísima.   

“Aquí tenemos todos los recursos. La población se queja porque el agua tiene que llenar primero todas las redes para que luego llegue a las casas, algunos cogen y luego la siguen botando. Esto es una loma, si abres en un lado en el otro no cae. Quizás la turbina y el pozo no tengan toda la capacidad. Este acueducto no necesita válvulas cuando se termine y el agua debe llegar a todos por igual”.  

¿Pero mientras no se termine van a necesitar las válvulas?

“Sí, para ir regulando porque si no se va solo para las zonas bajas. Ahora las tuberías no se llenan porque no está funcionando como un sistema, está incompleto, hay que esperar, esto es pausadamente”.

¿Qué resulta lo más difícil de ejecutar en esta obra?

“El acueducto de Trinidad es complejo. Hay que trabajar en caliente: vas haciendo lo nuevo y tienes que dar continuidad al servicio por las redes viejas. Si rompes una tubería de hierro fundido no tienes cómo arreglarla. Hasta que no se termina el circuito no se puede conectar lo nuevo. Los trinitarios son medio complicados, hay que llegarles como seres humanos, entenderlos, conversar”.  

En la periferia de la villa otros constructores avanzan en diferentes objetos de obra, entre ellos la brigada de Alfredo Betancourt, que se dedicaba al movimiento de tierra en la empresa espirituana de Construcción y Montaje y aquí ha precisado especializarse sobre la marcha en hidrología porque llegó con una brigada improvisada.

Y recuerda en particular la complejidad de las labores en la calle Desengaño, donde no pocos trinitarios se cuestionan ese tramo aún sin asfaltar, como un parteaguas absurdo detenido en el tiempo: “Aquello fue un rollo, era tiempo de agua y andábamos entre el fango, se atascaban los equipos, se partían tubos, daba ganas de llorar, pero el trabajo quedó bien. El pedacito que falta se dificultó porque hay que atravesar la carretera de Cienfuegos y faltaban unas planchas que ya están en Recursos Hidráulicos. Pero ahora es difícil meterse ahí por el tema de la COVID-19”, argumenta el constructor.

Con esos y otros truenos llegó el periódico a la oficina de Ricardo Malibrán, coordinador de Programas y Objetivos que atiende Acueducto, en busca de una valoración del Gobierno local sobre este medular proyecto: “Ya ha tenido su impacto, no se ha visto en su totalidad porque todavía no se ha terminado, viene de afuera hacia dentro. Hay salideros en las tuberías, pero hay más indisciplina de las personas que otra cosa, hacen acometidas ilegales, luego se botan y no las arreglan, otros dejan las llaves sin cerrar. Se han pinchado conductoras y hay algunas válvulas que se salen”.

¿Y en la tubería nueva también existen salideros?, ¿cómo valora la calidad de la inversión?

“Sí, ahí ha habido algunas chapucerías con la inversión, por ejemplo, en La Pitilla. Casilda se hizo completa y no se ha utilizado porque falta algo. La principal insatisfacción está en la calle Desengaño, donde lleva dos años un pedacito sin terminar.  Últimamente lo que hicieron en la calle Línea, donde recibían el agua en pipa, quedó muy bueno y la gente está contenta”.

¿Hasta qué punto lo terminado ha logrado mejorar el suministro de agua a los trinitarios?

“Ha mejorado en la zona baja de la calle Carmen hasta Línea y en La Purísima, el problema sigue en la zona alta y media de la ciudad y toda esa área de La Chanzoneta, La Pitilla, Salabarría. El agua en pipas se ha reducido, pero muchas calles aún dependen de eso”.

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6- Hasta ahora, las labores de rehabilitación en el acueducto de la villa no han conseguido sistematizar el abasto. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

Se dijo que el proyecto debía terminar en el 2021, pero esa fecha ya parece improbable.

“No, no termina en el 2021, ahora se dice que es para el 2024 y cuidado. Para mí ni en cinco años, es un trabajo muy grande,tiene un atraso grandísimo, está lento y al paso que va… Soy del criterio de que no se le ha dado la importancia que lleva”.

Entonces, ¿sigue siendo hoy el agua un problema de los más importantes de Trinidad?

“El más importante problema que hay en Trinidad hoy es el agua, a pesar de todas las estrategias y los trabajos hechos. En sequía es un gran problema porque si tuviéramos combustible podríamos cubrir la ciudad con carros-cisternas, pero no tenemos combustible, ni agua y el ciclo se alarga a 15 y hasta 20 días”.

Escambray todavía no apaga la grabadora: ¿por fin cuándo aspiran concluir el acueducto de Trinidad, más cerca del 2021 o del 2030?, ¿no existe peligro de perder el crédito externo?, ¿el proyecto incluirá las redes del Centro Histórico o lo dejará fuera?, ¿cuáles causas han atrasado la inversión?, ¿se crearon falsas expectativas con esta obra? En un próximo material periodístico representantes de Recursos Hidráulicos asumirán respuestas.

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Mary Luz Borrego

Texto de Mary Luz Borrego
Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas económicos. Ganadora de importantes premios en concursos nacionales de periodismo.

13 comentarios

  1. Mire todo lo entiendo, hay carencias de todo tipo, lo que no entiendo y sigue prosperando es el maltrato, la corrupción, la mala dirección, me preguntó, cuál es el objeto social de Acueducto, dar un servicio de agua a la población, de forma segura y la calidad requerida, si esto no ocurre para qué existe una institución, cómo es posible que existan lugares en este pueblo dónde hace más de 3 meses no llega el agua, ah usted dirá se le da servicio con pipas, bueno eso es para el que pueda pagar 3000 o más que vale una pipa, es un gran negocio, me preguntó cuántos les conviene que siga el problema, lo curioso es que el agua es un recurso del estado, y tienes que comprarlo, qué le sucede a una persona que tenga un salario medio de 2500 peso y tenga que decidir entre comer y tomar agua, el maltrato es duro, los trabajadores merecemos ser tratados bien, es duro que te sacrifiquen y tengas que morir en manos de la mafia del agua, te quejas y se rien de ti, todos siguen en sus puestos, el tiempo y los daños psicológicos no se recuperan, pero la imagen y las personas ineficientes e indolentes si se pueden cambiar, aquí hace falta que se produzca ese cambio y se verá las mejorías, realmente es muy difícil vivir ante tanto maltrato, quisiera saber quién le pondrá el cascabel al gato

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