Hermanos en la gesta del Moncada

En las acciones del 26 de julio de 1953 participaron varias parejas de hermanos. Escambray incide en un tema curioso y en especial sensible para los deudos de aquellos jóvenes valientes.

La historia de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente, el 26 de julio de 1953, está llena de hechos curiosos, pero uno de los menos conocidos es que en la histórica Mañana de la Santa Ana se presentaron ante los muros de ambas fortalezas ocho parejas de hermanos con suerte indistinta, y hasta un afortunado trío de ellos.

Los casos más notorios y por todos conocidos son los de los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz, y Abel y Haydée Santamaría Cuadrado, de cuya suerte -lo demostraría la vida- dependería en grado sumo el destino de Cuba, porque el segundo jefe del Movimiento de la Generación del Centenario de José Martí cayó asesinado luego de horribles torturas, pero sobrevivieron Fidel y Raúl para llevar a vías de hecho los ideales a los que esos héroes y mártires dedicaron sus valiosas vidas.

De las ocho parejas de hermanos, además de los Castro Ruz, los más afortunados fueron Roberto y Orlando Galán Betancourt, que también perduraron, y los de menos suerte, las duplas integradas por Horacio y José Wilfredo Matheu Orihuela, y Miguel y Virginio Gómez Reyes, mártires eternos de la patria.

En cuatro de las parejas de fraternos cayó uno de sus miembros: Además de los citados Abel y Haydée, estos fueron los casos de Julio y Pedro Trigo López, Mario y Raúl Martínez Arará y Guillermo y Gerardo Granados Lara, donde a Julio, Mario y Guillermo les tocó la peor suerte.

Entre los hechos mas dolorosos se inscribe lo acontecido con Haydée Santamaría, a quien los esbirros le llevaron a su celda en el cuartel Moncada los ojos de su hermano Abel acabados de extraer durante una sesión de tortura antes de quitarle la vida, y la noticia de la muerte atroz de su novio Boris Luis Santa Coloma, recluido en una celda vecina convertida en antro de suplicio y muerte.

Un caso verdaderamente excepcional de buena fortuna fue el del trío de hermanos Antonio, Armelio y Alejandro Ferrás, quienes en aquella jornada inolvidable arremetieron contra los muros de ambas fortalezas, y los tres lograron escapar a los peligros del combate y luego a la feroz persecución desatada contra los sobrevivientes por las fuerzas represivas del régimen.

Eran hermanos de sangre y de lucha, sin embargo, la verdadera y más profunda afinidad entre los que integraron la pléyade del 26 de julio, fue forjada por su amor a la patria, su rechazo al traicionero golpe de estado del 10 de marzo de 1952 y su repudio a la politiquería pactista de los políticos tradicionales, que muy poco o nada hacían por combatir al régimen dictatorial y en cambio se les veía ansiosos por llegar a cualquier acuerdo ventajoso con el hombre de Kukine, ladrón, asesino y embustero, fiel ahijado del imperialismo yanqui: Fulgencio Batista y Zaldívar.



Escribe tu opinión:
Escambray se reserva el derecho de moderar aquellos comentarios que irrespeten los criterios ajenos, ofendan, usen frases vulgares o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.