De fiesta Museo de Arquitectura de Trinidad

Exponente del desarrollo arquitectónico colonial de la tercera villa, la institución celebra este martes su 35 aniversario

El Museo de Arquitectura refleja la arquitectura doméstica colonial de Trinidad.

Aquella mañana de 1979 no fueron pocos los que tildaron de locos a Alicia García Santana, Teresita Angelbello y Víctor Echenagusía cuando pretendieron transformar la otrora residencia de los herederos de Saturnino Sánchez Iznaga y María Rosa de la Merced Sánchez Cantero en el Museo de Arquitectura de Trinidad para exponer el desarrollo arquitectónico colonial de la villa; propuesta que se concretó el 4 de noviembre de ese año.

Desde entonces han transcurrido 35 años y la institución que parecía una utopía constituye hoy paradigma en la Ciudad Museo si de construcciones de los siglos XVII y XIX se trata.

Mas, este cumpleaños ha sido atípico: lejos de actividades para conmemorar la efeméride, la jornada devela una edificación enfrascada ahora en reparar la carpintería exterior junto a la pintura de puertas y ventanas, con las vigas de 1738, que soportan el techo principal de la primera crujía, completamente restauradas; acciones inherentes a toda construcción centenaria para mantenerla viva.

Una brigada perteneciente a la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (Acaa) del territorio sureño devuelve in situ la lozanía a las maderas preciosas y evita sustituirlas por otras, acaso como un reflejo de la misión misma del lugar: promover la preservación y salvaguarda del patrimonio edificado.

“Uno de los motivos por lo cuales Trinidad recibió la condición de Patrimonio de la Humanidad fue por la conservación de su conjunto arquitectónico. Ello da lugar a que nuestra tarea en el contexto cultural sea el de fomentar estas prácticas”, detalla Luda Gutiérrez Carrazana, directora.

Por eso no resultó extraño que en los primeros años de fundado el museo dirigiera el rescate de los palacetes decimonónicos, arterias empedradas, plazas y monumentos en el Centro Histórico para volcase luego hacia el trabajo comunitario, línea que ha signado el quehacer de los últimos años.

“Realizamos talleres con escuelas de distintos niveles de enseñanza, centros penitenciarios y diferentes grupos etarios no solamente en la sede del museo, sino también en la torre de Manaca Iznaga, extensión nuestra desde el punto de vista constructivo”, agrega Gutiérrez Carrazana.

Sin embargo, quizás el reto mayor de la entidad para afianzarse como centro promotor de cultura a 35 años de creado no recaiga precisamente en sus proyecciones socio-comunitarias, sino en el rediseño y actualización de su montaje museográfico para acoger en sus ochos salas de exposición permanente tópicos ausentes hoy, afines a su campo, tales como la arquitectura funeraria en Trinidad, la fisonomía de las antiguas casas-haciendas del Valle de los Ingenios o las tendencias constructivas actuales en el territorio.

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