La multimedallista

Eglys de la Cruz se convirtió en la segunda atleta espirituana con mayor cantidad de preseas panamericanassancti spiritus, cuba, eglys de la cruz, juegos panamericanos, tiro deportivo, toronto 2015

 

Eglys de la Cruz Farfán ya está en casa. Quiero decir no solo en su Patria grande, sino en su hogar habanero y, por supuesto, en el espirituano de Kilo-12, de donde no se ha ido a pesar de su mudanza.

De todas maneras los tres “hogares” festejan por igual sus triunfos recientes, que se antojan un poco más raigales en su tierra natal, que luego de esta versión canadiense la recibe como la segunda atleta espirituana con mayor cantidad de preseas panamericanas con ocho, solo superada por la remera Mayra González.

Pero como De la Cruz tiene el don de la exclusividad, su oro en la modalidad de rifle 3×20 a 50 metros la catapultó como la yayabera con más títulos en estas lides (obtuvo también dos en República Dominicana 2003 y uno en Río de Janeiro 2007). Esa misma cifra ostentan el pelotero Lourdes Gourriel y el tirador Jorge Félix Ríos.

Quizás porque se quedó con las ganas en su primera salida, con un bronce en rifle de aire a 10 metros, que le quedó pequeño a su palmarés, la muchacha del Kilo-12 vino por todas y marcó distancias con el resto de las competidoras al rubricar dos récords panamericanos: uno en la clasificatoria (584.29) y otro en la final (451.7).

Lo que sucedió de un tiro a otro lo explicó ella al periódico Granma: “El árbitro me sacó una tarjeta amarilla, algo que nunca había sufrido; eso me desconcentró y fue la causa por la cual finalicé en bronce. Ahora, en las tres posiciones, cuidé todos los detalles para que no me llamaran la atención”.

Solo que estas confesiones las guardó con el mismo celo que su buena puntería y llegaron tras concluir con broche de oro, enemiga como es de las justificaciones, que tampoco le hacen falta, pues ha demostrado con creces su calidad deportiva.

“Esta vez, para competir en el rifle 3×20 a 50 metros, venía más enfocada en hacer las cosas bien, lo de ganar saldría después, y salió. El entrenador José Ignacio Cruz me recomendó asumir la competencia con mayor ecuanimidad, pensando bien lo que debía ejecutar, principalmente atender a la técnica y al ajuste de la mira si quería un buen resultado. La calidad de la tirada no fue de las más elevadas, pero tampoco baja. Uno siempre aspira a más, pero no pudo ser”.

Eglys cerró como las grandes, para de paso desquitarse lo ocurrido en Guadalajara, cuando no pudo subir a lo más alto del podio. Lo hizo ahora con la modalidad que le reserva el privilegio de ser la única tiradora cubana con una medalla olímpica: la de bronce en Beijing 2008, que es lo más encumbrado de sus más de 20 años en la élite de este deporte.

“No sentí la presión de ninguna de las rivales, yo me encierro en mi mundo. Al mismo tiempo escuchas las voces del entrenador, del árbitro; sin embargo, el público no me molesta para nada”.

Con esas simbiosis de soledades y compañías, ahora la tiradora tendrá escaso tiempo para merodearse en sus éxitos. A la distancia de pocos meses volverá a tener otro compromiso competitivo.

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