Mi mundo no pasaba de ser un río crecido de vez en vez

Con la égida de la razón salgamos todos los días con la adarga de la verdad, reclamó Elsa a sus colegas.
Con la égida de la razón salgamos todos los días con la adarga de la verdad, reclamó Elsa a sus colegas.

Con el reconocimiento popular como el más importante aval y muchos años de gestión todavía por delante, Elsa Ramos Ramírez disfruta en estas jornadas el premio por la obra de la vida recibido como parte de las actividades por el Día de la prensa cubana en Sancti Spíritus.

 

Periodistas espirituanos por mayor profesionalidad (+Fotos)

Desafío de los periodistas espirituanos: hacer coincidir las agendas mediática y pública

Conceden a Elsa Ramos premio periodístico por la obra de la vida

Todas las cuentas me llevan de nuevo al mismo punto: Rafael Lechuga y el día en que mi cuerpo tembló a pesar de los grados del termómetro en medio de un septiembre santiaguero a mediados de los años 80.

No sé si por el pose de aquel profesor asustón. No sé si porque, entre los arrabales de Caracusey mi mundo no pasaba de ser un río crecido de vez en vez, apenas pude responder dos o tres preguntas de las 10 de aquella improvisada prueba de aptitud.

Más por lástima que por convicción, creo, me dio una hoja en blanco para escribir cualquier cosa. No creo haberlo convencido, pero el calor volvió a mi cuerpo. “Te voy a aprobar para que seas al menos una periodista mediocre”, sentenció y salí corriendo a buscar una maleta enorme que ni bien recordaba en qué edificio de los tantos altos de Quintero había dejado.

De aquel día conservo su fábula: Que el periodismo es una ruleta cíclica que, pasadas 24 horas, te obliga a volver al punto inicial, como si nada hubieses aprendido. Que es ese examen de aptitud que quizás nunca apruebes mientras exista un hecho por descubrir, un suceso por interpretar o una historia por contar.

El tiempo y los tropezones me enseñaron otra sentencia: que el periodismo es un acto de fe y un compromiso eterno con la verdad, esa que suele esconderse entre telones y secretos, pero que cabalga silvestre a la espera de ser develada.

También que es un oficio de retos y un rol que remarcó hace poco el primer vicepresidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez en la redacción de Escambray cuando llamó a reflejar la pluralidad de opiniones que coexisten actualmente en Cuba y propiciar un clima de consenso.

Hace más de 100 años ya lo había enunciado el periodista mayor que nos legó argumentos para regocijarnos en esta celebración: “No existe gobierno invulnerable: la prensa debe ser el examen y la censura, nunca el odio ni la ira que no dejan espacio a la libre emisión de las ideas. Nunca se acepta lo que viene de imposición injuriosa: se acepta lo que viene en forma de razonado consejo”.

Por esta ruta martiana, las rimbombancias académicas sugieren conectar las llamadas agendas mediáticas, políticas y públicas, un axioma que traducido al periodismo implica hablar de lo que la gente quiere que le hablen. Desde esa perspectiva estamos justo en el punto de la ruleta donde la mejor crónica o el mejor reportaje pueden deshacerse ante la mirada cuestionadora de las audiencias, que nos piden despojarnos de la prosa complaciente y edulcorada, del formato epidérmico perfumado de propaganda, de la imagen sin color y la palabra sin filo.

Sin ánimos de falso pavoneo por algunas alharacas y diplomas que a veces nos sonrojan, sería injusto no reconocer en el pequeño ejército de hombres y mujeres de la prensa a los soldados capaces de servirle a Cuba de la manera en que Martí lo concibió: “La salud de quien ama a la Patria está en la Patria. La sirven, y se renace, la abandonan y se muere”.

Del lado de allá del micrófono, el papel, el lente y esa plaza inacabable de la red quedan, por suerte, oídos y mentes urgidos de saber que nada es tan simple como esperar que corran por las calles habaneras las Pepsi y las McDonald’s con la visita de Obama y de conocer también que las calles se limpian porque alguien madruga para hacerlo.

Con la égida de la razón salgamos todos los días con la adarga de la verdad, aunque los pies nos midan los kilómetros andados o los bolsillos enseñen agujeros para recordarnos que somos, ni más ni menos, parte de esa épica colectiva que nos sugiere titulares o nos conmina a teclear un nuevo escrito.

Les ofrezco disculpas por este discurso que insultaría a oradores ilustrados y a otros no tanto. Les pido otro hálito de paciencia para una dedicatoria necesaria por un premio que aún creo inmerecido y prefiero compartirlo, primero con mi madre, esa enorme mujer que desde una máquina de coser o un horno acabado de fabricar me enseñó a estirar un giro de 5 pesos y también que no hay puerta capaz de quedar cerrada cuando se le toca o se le empuja con las manos de la verdad.

Quiero compartirlo con mi familia de casa, esa que soporta mis horas estiradas y me procura el tiempo para este oficio extrañamente cautivante. A mi esposo por su compañía y comprensión, a mi hija por darme las fuerzas para vivir y amar. A mis hermanos porque siempre han estado.

Este premio es de mis maestros y profesores todos por enseñarme el real camino, en tiempo de balseros y perestroika, de mis amigos todos por darme cada uno ese pedacito que me hace falta. Un aparte especial para mis hermanos de estudio santiagueros que me enseñaron que la familia no es asunto de sangre cuando compartimos el intomable pru de Quintero o los temblores de la tierra solidaria y están aún hoy para regalarme su hombro, aplacar mis remilgos o recordarme mis años.

No me asiste ningún cumplido al querer compartir este premio con la radio, ese medio mágico que me atrapó con sus encantos y me sedujo a serle fiel por casi 27 años, al periódico Escambray que me abrió sus páginas y sus brazos justo cuando la vida quiso torcer mis rumbos personales y a Centrovisión por darme su calor y prestarme, no sin riesgos, sus pantallas.

Dejo un pedacito aún para todas y todos los que me han ayudado a conformar mi agenda profesional en tantos años, entre quienes incluyo al Partido y al Gobierno.

Quiero extender un abrazo sincero a todos los que comparten hoy la alegría de un premio y al resto de mis colegas que hicieron trabajar al jurado que me creyó merecedora de este PREMIO por la obra de la vida. Créanme, pudo haberse equivocado en esta elección.

(Palabras pronunciadas por la autora a propósito del otorgamiento del Premio Provincial por la Obra de la Vida Tomás Álvarez de los Ríos)

3 comentarios

  1. Felicidades por el reconocido premio, en nombre de todos los integrantes de nuestra familia. Seguimos pendienete de todos tus trabajos, radiales, televisibos y periodisticos.

  2. Delia Rosa Proenza Barzaga

    Le estaremos eternamente agradecidos al profesor Lechuga por aquel veredicto fallido, aunque a mi juicio lo que dijo no debe de haber sido lo que pensó, tal vez. Gracias, Elsa, por tus sabios reclamos en tiempos cuando, como dices, la verdad aflora siempre, pero si la prensa la devela a tiempo resulta mucho mejor para el país y para cada cubano que nos lee, escucha, mira a través de la pantalla. ¡Felicidades¡

  3. Mario Valdés Navia

    MUCHAS FELICIDADES ELSA. ERES UN ORGULLO PARA TODOS LOS ESPIRITUANOS. DESDE MATANZAS NO ME CANSO DE PONERTE COMO EJEMPLO DE VALENTÍA, BUENA ESCRITURA, ESTILO Y HONESTIDAD EN LO QUE HACES. SIGUE PA´LANTE, PA´LANTE

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