AHS: Semilla de nuestra revolución cultural – Escambray

AHS: Semilla de nuestra revolución cultural

El 2018 será un escenario cargado de retos para la joven vanguardia artística de Cuba

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Sancti Spíritus se ha convertido en referente para la AHS. (Foto: Lisandra Gómez/ Escambray)

 

Cuando ya estamos a las puertas del 2018, desde muchísimos lugares se escucha que será un año puntual para todo el país. Y una de esas voces ha confirmado que volverá la vanguardia artística más joven de Cuba a desnudar sus principales temas de interés.

Así lo confirmó hace solo unas horas en Sancti Spíritus Rubiel García González, presidente nacional de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), organización que en el venidero octubre realizará su III Congreso, a fin de proyectar los nuevos caminos al andar, sin olvidar el pasado.

“Analizaremos qué hay en papel y cómo se proyectan las políticas culturales enraizadas durante décadas en Cuba. Será un año en que el arte joven tiene que seguir mirándose desde dentro para hacerse cada vez más útil a sus creadores y a la Revolución, porque sin ella no existiría la AHS”, añadió durante su estancia en el Evento de arte callejero Lunas de invierno, un suceso que tomó como ejemplo positivo para evaluar cuánto puede lograrse cuando se imbrica toda la institucionalización del sector.

Y es que el joven movimiento cultural espirituano, a su juicio, ha ido poco a poco distinguiéndose dentro del panorama nacional, desde el reconocimiento de forma individual a varios de sus miembros con los principales premios y becas, hasta la repercusión de algunos de sus eventos, la mayoría con la asistencia de representantes llegados desde diferentes puntos de la isla.

Incluso, ha sabido mantener, con el proyecto Rock solidario, el intercambio entre protagonistas del género rock de Cuba y Canadá.

No obstante, los miembros espirituanos y del resto del país de la AHS precisan con su accionar cotidiano responder cuestionamientos lanzados al aire, desde hace mucho tiempo, y que no siempre han sabido encauzar sus respuestas.
¿Cómo contrarrestar la banalidad, imperante por los centros hegemónicos de poder? ¿Es factible fusionar la rentabilidad con estándares estéticos de calidad? ¿Cuánto contribuimos al carácter movible de la cultura sin rozar la vulgaridad y desterrar así las particularidades que nada tienen que ver con nuestra idiosincrasia? ¿Cómo crear productos artísticos que acaparen la atención en los nuevos tiempos de deshoras y competencias desleales en el tema tecnológico?

En fin, todo indica caminar hacia nuevos retos que conducen, definitivamente, a los modos futuros de concebir el arte, ya sea en escenarios menos convencionales, informales o en los habituales. El único denominador común que se precisa es la calidad.

Afortunadamente esa fórmula ha encontrado puerto seguro al anclar en la programación cultural espirituana propuestas como el Salón de Arte Contemporáneo Vita brevis, el evento de productos audiovisuales Voces cruzadas y las mismísimas recién concluidas Lunas…, pero aún se precisa de esa fuerza pujante, propia de ese grupo etario, en el resto de las opciones del territorio.

Urge, por ejemplo, que las sedes de la AHS en la urbe yayabera —Trinidad, la primera otorgada a una célula de la organización en el país, y Jatibonico, aún con olor a pintura fresca, gracias a la reparación capital de la Casa de Cultura María Montejo de esa localidad— se conviertan en el centro artístico más importante de sus comunidades; no solo como espacio para la presentación de las creaciones, sino como referente de sus vecinos al ser la guarida de lo mejor del arte.

Queda pendiente una mayor asistencia de los miembros de la AHS a los espacios culturales, sean o no representantes de la manifestación protagonista. Duele ver las lunetas vacías cuando suben a escena propuestas de valor estético o conceptual.

Toca, entonces, recibir un año que promete ser diferente, no engavetar ideas y proyectos y lanzarse con ímpetus desenfrenados a tomar por asalto la atención de los públicos.

Apremia soltar las riendas creativas, sin dogmas ni miradas restrictivas, siempre que, como dijo García González, “se mantengan los preceptos de esta Revolución que siempre ha sido una revolución cultural”.

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