Motos sin freno

En el 2014 se inicia por Sancti Spíritus el servicio de moto-taxis bajo el sistema de arrendamiento. Dificultades vinculadas a estos equipos y a los de uso particular viajan de conjunto con la población

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A pesar de las violaciones de precios, este sigue siendo un servicio demandado por los espirituanos. (Foto: Roxana Hernández)

Esa noche la desesperación confundió a Diana Valdivia Rodríguez, quien, con su pequeña en brazos, salió del Hospital Pediátrico José Martí Pérez en busca de algún vehículo que la llevara de regreso hasta su hogar, en el barrio periférico espirituano de Santa Cruz, cerca de la Carretera Central.

Caminaba pensativa, ya pasaban las once de la noche y las guaguas del servicio urbano no funcionaban, cuando a pocas cuadras del centro apareció una moto-taxi amarilla de las que funcionan en la cabecera provincial desde el 2014. Dadas las circunstancias y por primera vez, la joven solicitó al conductor que la trasladara hasta su hogar, sin imaginar la sorpresa que encontraría al llegar.

¿Cuánto le debo? preguntó Diana, mientras que el chofer, sin el menor reparo respondió: Son 200 pesos. La joven, casi sin aliento, buscó una y otra vez en cuanto bolsillo tenía su cartera, hasta completar la suma solicitada, incluso, con algunas monedas en divisa. Por suerte, el medicamento no había sido muy costoso y pudo salir de aquella pesadilla, no sin antes cuestionar la actitud de aquel individuo, que ni siquiera aceptó rebajas, a pesar de conocer que se trataba de un caso de enfermedad.

Las llamadas moto-taxis, particulares y estatales, surgieron como alternativa de transportación ante la creciente demanda de pasajeros en zonas urbanas; pero, lejos de satisfacer a quienes lo necesitan, han creado estados de opinión, por los altos e irregulares precios, pese a que las tarifas aprobadas para el ejercicio de la actividad no son exageradas.

REGLAS FUERA DEL JUEGO

Según datos brindados por la Unidad Estatal de Tráfico, en la provincia existen 57 moto-taxis particulares y 24 equipos arrendados, los cuales pasaron por un riguroso control antes de adquirir su licencia operativa. Aunque para nadie es un secreto que muchos de los que conducen violan las reglas establecidas, como la de salirse del perímetro urbano, a pesar de conocer  que no pueden circular fuera de la ciudad y, mucho menos, exceder el número de pasajeros o transportar cargas pesadas.

Otros, en cambio, incumplen con el sistema de rutas donde fueron ubicados y con los horarios, especialmente, en momentos de mayor demanda, y en su lugar, trabajan a tiempo completo en función de cualquier cuentapropista o cliente que puede pagar mayores sumas por sus prestaciones.

Escambray indagó con Eliecer Chirino Borges, especialista comercial de la Empresa de Taxis Trinidad, a la cual se suscriben las moto-taxis arrendadas, quien aseguró que existen dos rutas dentro de la ciudad cabecera: una que enlaza al Hospital Pediátrico con el Provincial Camilo Cienfuegos y la otra, desde la Unidad Militar hasta la Terminal, y dijo que los recorridos desde ambas piqueras se establecen de 6:30 a.m. a 8:30 a.m. y de 4:00 p.m. a 6:00 p.m., aunque el resto del día pueden hacer el servicio de Taxi de manera libre.

“El parque Serafín Sánchez Valdivia es una piquera central —aclaró Chirino Borges— que está a solicitud del cliente para prestar servicio hacia los lugares que no estén dentro de los recorridos señalados”.

Carlos Hernández Roque, subdirector de Operaciones de la Empresa Provincial de Transporte, afirmó que fue la Comisión de Seguridad Vial la que estableció las piqueras para beneficiar los puntos de mayor afluencia poblacional, pero no hay un control de esos lugares, porque la legislación actual no lo permite.

“La tarifa instaurada para los triciclos chinos es de 3 pesos por cada pasajero, es decir, 1 peso por kilómetro —dijo Carlos—, en el caso de que el cliente decida alquilar la moto, entonces pagaría la capacidad completa del recorrido, pero con los particulares el servicio es de oferta y demanda, no se establece un costo fijo, aunque no se pueden exceder del precio aprobado por el Consejo de la Administración para la actividad, parecido a lo que ocurre con las máquinas particulares de pasaje”.

Puede ser que las reglas estén claras y establecidas, pero la realidad es que en el juego de las motos no funcionan de esa manera. Hemos sido testigo de que un viaje entre la Terminal de Ómnibus y Rancho Hatuey, sobrepasa los 80 pesos en horario diurno, imagínese en altas horas de la noche y, no obstante en las sedes de oficinas responsabilizadas con el servicio no recen quejas al respecto, la opinión pública retumba en muchos oídos.

LA VERDAD SE IMPONE

Las caras de los pasajeros dicen más de mil palabras cuando le preguntamos por qué no viajan en moto-taxi. Así ocurre con Heriberto Crespo González, un anciano que vive de su jubilación y confiesa que este servicio no lo puede solicitar porque su retiro no le alcanza para eso y, solo en caso de una urgencia, podría hacerlo. Tampoco a Vladimir Hernández le importa estar bajo el intenso sol, en la céntrica parada del parque Serafín Sánchez Valdivia, aunque reconoce que si necesita llegar con rapidez a algún destino, las moto-taxis resuelven tremendo problema.

Para Elda Pérez Felipe, especialista en Higiene y Epidemiología y profesora de la Universidad de Ciencias Médicas de la provincia, resulta una quimera subirse a una moto. Ella no sabe cómo funcionan. ”Es cierto que van para donde uno quiere —dice—, pero prefiero dejar este servicio para el día en que por motivos de enfermedad, no pueda trasladarme en guagua”.

La afectación de su voz no le impide a Yamila Pérez González decirnos claramente: “Se les va la mano”, al aludir a ciertos choferes, que violan las tarifas y piden elevadas cifras por recorridos cortos. “Al final, cuando tengo problemas, como hoy que mi nieta tiene fiebre, busco una moto, no por comodidad o lujo, sino por urgencia”.

Las historias se repiten sin que medie la acción del control por parte de cuerpos de inspectores o denuncias concretas del hecho, como lo sucedido a Diana a su regreso del Hospital Pediátrico. Lo más difícil fue que el país invirtiera en la compra de estos equipos, y se hizo, ¿cómo no lograr entonces que  en Sancti Spíritus funcionen bien?

10 comentarios

  1. laa ley de ofertaJosé luis

    No puede existir oferta_demanda medianamente justa mientras los que ofertan se pongan de acuerdo en los precios anulando así la competencia.Es contradictorio como los particulares se enriquecen con los equipos que el gobierno compra para que cobren barato mientras los inspectores no ven,o no quieren ver..Es rampante la corrupción en cada aspecto de los servicio,incluyendo los supuestamente gratis

    • La oferta y demanda, no se definen como justas o no; son mecanismos reguladores del mercado. Una moto de ese tipo vale, en China, $2,000 CUC. Desregulen el mercado. Dejen al que quiera apostar por ello, comprarse una; ponerla en explotación; emprender en esa rama; el transporte. Limiten toda acción del mercado a la regulación fiscal vía impuestos. Así (como en mas de 150 otros países,) podrá funcionar este mecanismo económico-social; el mercado. El estado no puede comprar estas motos en $2,000 CUC, y alquilarlas por el valor equivalente de $9,000 CUC; esperar en retorno los precios que se cobran sean “COMPETITIVOS.” El estado le cobra a los cuentapropistas y arrendatarios de estas motos, $25 CUC diarios. No tiene sentido. Claro, desde el punto de vista ideológico-político, la idea es sencilla, “esto no es para que se hagan ricos.” Un español, chino, alemana, ruso, canadiense, etc., si puede venir a Cuba, montar una empresa, y como en Canadá, China, etc., sacar utilidades de un 45%. De no hacerlo JAMAS invertirían en Cuba. El capital, i.e. dinero, no tiene ni patria ni ideología. Por que ese empecinamiento en ser pobres?; ¿en que sean pobres los cubanos? Apartheid. Así de sencillo.

  2. Este servicio de mototaxi es inaccesible para la mayor parte del pueblo, pero yo me pregunto , en el caso de los estatales existe alguien que pueda regular eso, no creo sea tan complicado. Ell transporte en general es un desastre en Cuba, falta profesionalidad, equipos inadecuados, defectuosos, sucios y se comenten muchas irregularidades, pero existen muchas personas que cobran para que funcione y entonces? considero que los jefes debian bajarse de sus carros estatales y verificar in situ lo que pasa, vista hace fe.

  3. Tramo Parque-Hospital, horario diurno, moto taxis arrendadas: 20 CUP…algunos han querido cobrarme 25…pero con esto pasa como con el transporte particular. La ley existe, pero cuando se hace cumplir, los choferes montan su huelguita y al final todo vuelve a los precios que les sirven a ellos.
    Se sobornan inspectores, la población tiene que aferrarse al ‘o pagas o te quedas’.

  4. Ladrón que roba a ladrón,…..….!!! Lo que el artículo (“eso sería pasarse de la raya”) no dice; es que esas motos chinas le costaron al estado no mas de $2,000. El estado se la alquila a los operadores de estas motos por $15 CUC diarios. Recupera la inversión en 133 días. Pero pasado los 133 días, le sigue cobrándole al operador $25 CUC diarios. El operador paga de su bolsillo la gasolina, las gomas, las pizas de repuesto, reparaciones, mantenimiento, etc. Un peso cubano “por tramo,” no es una suma real. Es otro de los inventos del estado en su política (siempre fallida,) de regulación de precios. No funcionó hasta el momento, no funciona, y no funcionará nunca.

  5. Siempre es la misma historia y la culpa de todo la tenemos nosotros mismos que permitimos tal descaro. El Estado (dígase la ONAT o cualquier institución que tenga que ver directamente con este medio de transportación) debe chequear o controlar (que tanto gusta) que todos los MOTOTAXIS tengan un LISTADO DE PRECIOS por destino a la vista de todos los clientes para que no ocurra este tipo de desmadre. Si cualquiera de nosotros va a un Restaurante, lo primero que pide es ver la Carta con sus precios y en base a ello es que pide de acuerdo a su economía. Así mismo tiene que ocurrir con cualquier tipo de servicio y así se evita grandemente que nos estafen.

  6. Mientras Cuba siga siendo Cuba, y los males sigan atesorando nuestros dias, no habra solucion alguna, cuando no hay opciones y el Estado impone que tenemos que ser pobres por ser cubanos, entonces suceden todos los problemas que engendra la lucha por la supervivencia, Cuba va de mal en peor y lo peor sin esperanzas para los cubanos.

    • Eso se llama apartheid. No hace mucho el Escambray publicó sobre una inversión vietnamita en Cuba en fabricas de jabón líquido. Alabó a Vietnam por su avance económico y tecnológico. Lo que no se publicó es que esa empresa vietnamita, es una empresa privada. Una familia vietnamita recoge los frutos de esas inversiones. Son ya de por si, millonarios. Miembros de Partido Comunista de Vietnam; millonarios. No veo, en lo personal, contradicción en esto. Ninguna. Un miembro del partido comunista puede ser, ¿por que no?, rico. Los extranjeros pueden invertir en Cuba; los cubanos no. Ahora, el empecinamiento de que los cubanos no puedan prosperar (esto no es pa’ hacerse ricos!!!) tiene simplemente un nombre: apartheid.

      • Jorge aquí en Cuba también tenemos militantes del PCC millonarios, no comprendo por qué tú no sabes esto, VERDAD COMPADRE ES QUE NO SE PUBLICA,
        Con el tema de los altos precios en el transporte y lo que no es tranporte son muchos los que están alrrededor que también hechan en sus bolsillos parte de lo que te cobran a ti, a mi y al vecino.
        Para qué pedir listado de precio en las moto taxi, seguro que cuando monten el chofer expresa que el listado es para los inspectores y el precio que te toca a ti lo pagas o te quedas; así sucede en todos los sevicios que nos venden.

        • Un extranjero puede invertir millones en un hotel en Cuba. Un cubano no. Sea del partido o, no.

          Millonario, o no, si nació en Cuba, viva en Cuba o fuera, no puede -un cubano- invertir en un hotel nuevo, digamos en Cayo Coco.

          Un extranjero puede invertir en una fábrica, tecnologías de punta, digamos de jabón. Un Cubano, no. Es ilegal para un cubano invertir en una fabrica de jabón.

          Eso -como dice Luis Fernandez arriba- es apartheid.

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