¡Manos fuera de Venezuela!

Desde el 2015 la situación en Venezuela sigue una espiral de hechos negativos derivada del surgimiento de una Asamblea Nacional dominada por la oposición que ahora precipita un golpe de estado en confabulación con EE. UU. y otros actores internacionales

Venezuela, defensa
El pueblo armado y el núcleo duro de la revolución chavista son los factores disuasivos más importantes del momento. (Foto: TeleSUR)

La presente espiral de hechos negativos en Venezuela, derivada del surgimiento en el 2015 de una Asamblea Nacional dominada por la oposición, han ido derivando, con el extremismo de la derecha y la injerencia de Estados Unidos y sus vasallos, hacia un escenario de confrontación cada vez más violento y peligroso para la paz en el país suramericano y en toda la región.

Esto no quiere decir que los actos subversivos de esa oposición comenzaran hace cuatro años. Solo que para entender la razón de los problemas actuales hay que recordar que, a raíz de aquella elección del 2015, el Consejo Nacional Electoral (CNE) realizó una investigación por denuncias de irregularidades y encontró que los tres elegidos por el estado de Amazonas habían logrado sus sufragios por medio de la compra de votos, lo que condicionó la exigencia del CNE de que el parlamento unicameral no les diera el aval de diputados.

Pero la nueva Asamblea, bajo la dirección sucesiva de Henry Ramos Allup y  Julio Borges, hizo caso omiso y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declaró a ese órgano en desacato. Desde entonces el legislativo venezolano ha estado en la ilegalidad, no obstante lo cual se erigió en cabeza de los opositores más extremos y emitió leyes sin valor práctico que no han hecho otra cosa que enrarecer el clima político en el país, llevándolo a un rumbo de colisión que puede desembocar en cualquier momento en una guerra abierta.

Para colmo, en una elección interna realizada semanas atrás, el ente parlamentario morocho eligió como su presidente a un don nadie llamado Juan Guaidó, quien en virtud de las coordinaciones conspirativas realizadas en estrecho contacto con el presidente estadounidense Donald Trump y el gobierno de Colombia, con el apoyo de una entente compuesta por la OEA y el Grupo de Lima, entre otros, se ha convertido en todo un personaje por medio de una operación de marketing e ingeniería política.

Lo grave de este personajillo emergido de la nada es que, en una declaración coordinada por los medios occidentales de desinformación el pasado 23 de enero, desconoció la autoridad del presidente Maduro —quien revalidó su cargo el pasado año con más de 6 200 000 sufragios—, y se declaró “presidente encargado” de Venezuela.

Y aunque ese “poder” no cuenta con los resortes de control del Estado ni las Fuerzas Armadas, ha sido rápidamente reconocido por más de 20 países encabezados por Estados Unidos, que ha liderado también la adopción de radicales medidas agresivas en el campo económico, como congelar los activos venezolanos en territorio yanqui, incluida la empresa CITGO, y el dinero del petróleo que le envía, para ponerlos en manos de su títere venezolano.

La gravedad del acto escenificado por Guaidó tiene múltiples implicaciones, entre ellas, el peligro de que estalle una guerra civil que daría paso de forma inmediata a la intervención extranjera, lo que, según especialistas, puede incendiar la región.

Otra de esas implicaciones sería el surgimiento de una Libia en el nordeste de Suramérica, algo que a nadie convendría, y mucho menos a sus vecinos más cercanos: Brasil y Colombia, país este último que a pesar de ello, se ha prestado para tales fines.

En tercer plano se sitúa el precedente que se está creando con la legitimación por la fuerza de cualquier individuo como mandatario de un país dado, si cuenta con el reconocimiento de estados poderosos con influencia en la arena internacional, lo que viola la Carta de la ONU, la soberanía de los pueblos y las leyes que rigen las relaciones entre las naciones.

La iniciativa de México y Uruguay de celebrar en Montevideo un encuentro internacional para buscar la paz en Venezuela es loable, pero tiene pocas perspectivas de éxito, debido a la tibieza y poca convicción en tierra uruguaya, que ha recomendado la celebración de elecciones en la patria de Chávez, desconociendo que ello iría contra la Constitución de ese país y que la oposición solo acataría los resultados si le son favorables, por lo que el actual gobierno no puede estar de acuerdo.

Se dice que una guerra se sabe cómo empieza, pero no cómo termina. Por eso el presidente Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Constituyente, han advertido a Washington del peligro de que se produzca un nuevo Playa Girón e incluso de que surja un nuevo Vietnam en caso de agresión.

Ellos están conscientes del peligro inminente que corre la Revolución Bolivariana, colocada por el imperio y sus acólitos ante el dilema shakespeariano del ser o no ser, sobre todo a partir de la agresividad demostrada por Trump; por su asesor de Seguridad Nacional John Bolton, por su secretario de Estado Mike Pompeo y por el pérfido e intrigante senador Marco Rubio.

Se añaden ahora nuevos ingredientes, como la solicitud de Guaidó de ayuda humanitaria para el “pueblo” venezolano, respondida rápidamente por Estados Unidos y Canadá, quienes la quieren hacer entrar a la fuerza desde Colombia, en coordinación con una nueva provocación orquestada por su marioneta criolla para el 23 de febrero.

Preguntado por la prensa acerca de si tenía un plan “B” para Venezuela, Trump acaba de decir que cuenta también con un Plan “C”, “D” y “E” y que la opción militar seguía sobre la mesa. Ello entra en contradicción con la declaración del presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Elliot Engel, de que “el Congreso no considera como opción una intervención militar en Venezuela”.

Pero para algunos analistas la situación interna complicada de Donald Trump y sus recientes derrotas en torno al muro que quiere erigir en la frontera con México y otros temas pueden hacer que opte por usar sus potestades para lanzar una agresión sin apoyo del legislativo, contra lo cual se han producido en las últimas horas declaraciones del canciller ruso Serguéi Lavrov, del gobierno chino y, especialmente del gobierno de Cuba, que enérgicamente denuncia y condena los aprestos agresivos contra la patria de Bolívar.

Junto a Venezuela también se han pronunciado Turquía, Nicaragua, el Caricom, el ALBA y un grupo importante de naciones africanas y asiáticas. El presidente Maduro, dispuesto a dar batalla, en las últimas semanas tiene movilizadas sus Fuerzas Armadas de unos 200 000 hombres, más una milicia próxima a los 2 millones de efectivos, como parte de los ejercicios cívico-militares Bicentenario de Angostura 2019.

El pueblo armado y el núcleo duro de la revolución chavista son, en última instancia, los factores disuasivos más importantes que pueden refrescar las cabezas calientes de los potenciales agresores, y hacerlos recapacitar, o, de lo contrario, hacerles pagar bien caro la osadía de intentar someter por la fuerza al pueblo que hace 200 años emergió como libertador de América.

One comment

  1. La pregunta es: Porqué el imperialismo yankee ya, de una vez, no aterriza-invade-bloquea marítimamente el estado soberano de Venezuela, toda vez que muchos países títeres de la aun primera potencia militar del globo terrestre (económicamente no es la última pero va a eso, teniendo en cuenta que para construir sus presupuestos anuales cada año emite bonos del tesoro por millones a 100 dolaritos cada uno con una tasa de interés un poquito arriba del promedio de la tasa del dinero internacional y su PBI no le alcanza, siendo inferior a ese endeudamiento de cada año, y así más y más endeudados, el imperio norteamericano es la causa principal hoy por hoy de las periódicas crisis mundiales y todas sus secuelas contra las inmensas mayorías del planeta). Repito, y porqué entonces todavía no inicia las acciones con las que a diario amenazan en esta oportunidad contra una nación hermana de Latinoamérica, Venezuela libre y soberana? Siendo, y solo para poner un pequeñito ejemplo, para causar tres millones de muertos en Irak, solo bastó una reunioncita de a tres en las Islas Azores. No será que sabe que entrar a Venzuela es muchísimo más que hacerlo en otra parte del mundo. Que los pueblos latiniamericanos quedarían admirando tremendo crimen y a sus propios gobierno como cómplices. Quedarían todos los responsables manchados de piés a cabeza con sangre de hermanos, de venezolanos. Y sería nuestra vergüenza propia y asimismo nuestro odio a los invasores verdaderos genocidas. Sería un antes y un después de la historia conjunta de toda nuestra región que siempre estará unida por imborrables lazos históricos.

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