Abreviaturas

Las abreviaturas reconocidas y empleadas comúnmente en español son convenciones gráficas sujetas a restricciones, aunque estas se estudien y divulguen poco

en l punta de la lengua, idioma español
Ilustración: Osval

Las abreviaturas son formas reducidas de algunas palabras o expresiones. La mayoría cierra con el llamado punto abreviativo (etc., de etcétera…), que es obligatorio, salvo en casos muy puntuales donde se inserta una barra inclinada (c/u, de cada uno…). Hay vocablos que tienen varias abreviaturas (tel., teléf. o tfno. para teléfono…) y abreviaturas iguales que corresponden a voces distintas (s. para siglo y siguiente…).

Siendo un procedimiento exclusivamente gráfico, las abreviaturas se leen reponiendo lo eliminado: decimos [se.ñó.ra] y [po.re.jém.plo] cuando vemos escrito Sra. y p. ej. Sin embargo, la Ortografía de la lengua española (OLE) advierte que al leer ciertas abreviaturas, como S. A. (de sociedad anónima) y E. P. D. (de en paz descanse), es habitual que los hablantes prefieran el deletreo, [e.se.á], [e.pe.dé], modo de lectura similar al de las siglas como PPG [pe.pe.gé] o CTC [ce.te.cé], que no se ajustan a los patrones silábicos del español. En tales casos, son apropiadas las grafías SA y EPD, sin los puntos abreviativos, «considerando que esas secuencias […] han pasado a funcionar ya como siglas», estipula OLE.

En Cuba ―no sé si en otros países también― sucede parecido con a. m. y p. m., reducción de las locuciones latinas ante meridiem y post meridiem, que leemos traducidas al español, ante meridiano y pasado meridiano, o, con muchísima frecuencia, deletreándolas: [a.é.me], [pe.é.me]. Si nos atenemos a esta última práctica, ¿sería adecuado escribir AM y PM, asimilándolas a las siglas? La norma ortográfica académica parece avalarlo. De hecho, es la única variante que muchísimas personas utilizan, conscientes o no de la regla.

Lo que sí no admiten las pautas ortográficas de OLE es el tratamiento de la abreviatura m. n. (de moneda nacional) en calidad de sigla, MN, generalizada en centros gastronómicos y comerciales. Y resulta lógico, porque nunca decimos [e.me.é.ne], sino [mo.né.da.na.cio.nál].

Asimismo, conviene señalar que la abreviatura EE. UU. (de Estados Unidos) alterna con las siglas EUA (de Estados Unidos de América) y USA (de United States of America), no recomendada en lengua española por su origen inglés. Nótese que las siglas no reflejan gráficamente el plural ―los EUA, las ONG, los SMS…―, mientras que las abreviaturas obtenidas por truncamiento extremo lo hacen mediante la duplicación de la(s) letra(s) constituyente(s). Así, a semejanza de EE. UU., las formas pp., tt. y JJ. OO. son las abreviaturas de páginas, tomos y Juegos Olímpicos. En cambio, abreviaturas del tipo de pág. (de página), apto. (de apartamento) y Sr. (de señor), creadas a través de procedimientos diferentes, sí muestran variación en sus plurales: págs., aptos., Sres.

De acuerdo con OLE, «Las abreviaturas deben respetar el uso de mayúsculas y minúsculas que corresponde a la palabra o expresión abreviadas». Es decir, las de los nombres propios o etiquetas denominativas requieren la inicial mayúscula, y las del léxico común no, a menos que inicien un texto o aparezcan después de un punto. Pongamos por caso admón. (de administración): si en el pie de firma de un documento se utiliza sin artículo, debe escribirse Admón.; si se le antepone el artículo, La admón.

Pero OLE establece excepciones a esta regla. Refiere que «hay casos en los que, por tradición, se escriben con mayúscula las abreviaturas de algunas expresiones que no son nombres propios». Los ejemplos que relaciona ―en el cuerpo de la obra y en el apéndice dedicado a tales reducciones gráficas― pueden, en mi opinión, agruparse en dos clases: aquellas abreviaturas que suelen ocupar en sobres, cartas y otros documentos una posición en la que se justifica la mayúscula inicial ―Rte. (de remitente), C. P. (de código postal), P. D. (de post data), N. B. (de nota bene)…―; y otras en las que no hay siempre una razón lingüística para la mayúscula: C. I. (de carné de identidad) y las formas de tratamiento, que van desde la mera cortesía ―Ud. y Sr., por ejemplo― hasta la designación de títulos y cargos ―Lic., Ing., Dr., Pdte., Tte., Cnel., Gral., entre otros―.

Estimo que respaldar la mayúscula inicial en estas últimas abreviaturas es incoherente con la intención de OLE de suprimir ese mismo empleo en las formas de tratamiento plenas ―licenciado, ingeniero, doctor, presidente, teniente, coronel, general…―, hábito a cuyo cambio se hace mucha resistencia, al menos en la prensa y el ámbito editorial cubano, tan proclives a las mayúsculas de relevancia, sobre todo en nombres de cargos.

Un último señalamiento: se han hecho usuales en las notificaciones sobre pacientes graves, críticos y fallecidos en los partes de la covid en Cuba las grafías Rx, reducción de la unidad pluriverbal rayos X, con el sentido de ‘radiografía’. Siendo una convención gráfica exclusiva del ámbito médico, resulta impropia su inclusión en un texto de alcance masivo, que la prensa plana y digital reproduce. A esto se suman dos transgresiones a la norma ortográfica panhispánica: aparecen invertidas la minúscula y la mayúscula inicial de los constituyentes de rayos X (Rx en vez de rX), y la abreviatura carece del punto de rigor.

One comment

  1. Felicitaciones y agradecimientos para Pedro de Jesús (y, desde luego, para el equipo de Escambray), por esta magnífica sección digital sobre nuestro idioma. Es inevitable que un idioma evolucione, produciéndose cambios y asimilaciones, pero es triste que abunden y se extiendan errores elementales que atentan contra las leyes gramaticales que hacen de cada idioma lo que es.
    Saludos.

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