No soy un devorador de matas (+fotos)

Con más de 30 años en el sector de Comunales, Medardo Vila Méndez agradece ser el único obrero del municipio que con un machete en la mano escala hasta la cima de los árboles para darles forma

“No hay avenida que pase inadvertida para mí», asegura Medardo. (Fotos: Roberto Javier Bermúdez/ Escambray)

Nadie como él sabe cómo hacer que cada árbol, en cualquiera de las calles espirituanas, luzca bello ante la vista de los transeúntes. Tampoco hay quien en esta añeja ciudad se suba con tanta destreza a la cima de un álamo, un ocuje, una palma o un pino para desactivarlos por partes y así impedir que caigan tras el paso de cualquier evento meteorológico y provoquen daños irreversibles al entorno.

Así de sencillos y a la vez difíciles se tornan los días de Medardo Vila Méndez, considerado por muchos como el rey de la poda en Sancti Spíritus, un hombre de consistencia delgada y mediana estatura, capaz de derribar cualquier árbol, por grande que sea, utilizando solo la fuerza de sus manos y haciendo gala de la maestría que ha alcanzado en las más de tres décadas que lleva desempeñándose en el sector de Comunales.

Con sus 68 años a cuestas, es complejo imaginar que Vila siga en este oficio, el cual exige de sabiduría y agilidad para no perder el equilibrio y evitar caer desde las alturas. “A mí no hay nadie que me retenga en la casa —aclara Vila—, yo me jubilé y fui recontratado nuevamente, porque soy el único que realiza esta labor en la empresa, la cual combino con la poda de plantas ornamentales en parterres o en los llamados separadores que adornan el paisaje en la circunvalante espirituana”.

Mientras habla continúa escalando la gigantesca escalera para llegar hasta la misma copa del ocuje que poda en la céntrica calle Carlos Roloff, de la ciudad cabecera provincial; son cerca de las diez de la mañana, pero desde el amanecer está enfrascado en esta riesgosa tarea.

Medardo lleva más de 30 años en el sector de Comunales.

“Yo no soy un devorador de matas —aclara el podador—, sino el que les da forma para que tengan más estética, pero a su vez para impedir que los gajos afecten el tendido eléctrico o telefónico y las raíces salgan a la superficie y rompan el pavimento, esa es la principal función de una buena poda. En mis inicios no se trabajaban los árboles de las avenidas, por eso era habitual ver como el follaje se intercalaba con los techos de algunas casas; pero, una vez que comenzamos a realizar esta labor, nos mantenemos todo el año activo.

“No hay avenida que pase inadvertida para mí, lo mismo estoy en la calle Céspedes que en Onza o en la conocida como Cadí, también atiendo los árboles de cada paseo, que en esta ciudad son varios: los dos del barrio Colón, el de la Avenida de los Mártires y el de la zona norte, así como las plantaciones en los parques, plazas o plazoletas”, explica Vila.

Rememora momentos difíciles de su labor como podador; por ejemplo, cuando debió derribar el álamo gigante que estaba ubicado frente a la bodega de la calle Sobral, que tenía una altura casi similar a la de un cuarto piso de un edificio. También explica con lujo de detalles lo que debió hacer para desactivar el pino que por años creció en la entrada de la sede de la Unión de Jóvenes Comunistas de la provincia, una maniobra que requirió del auxilio de una grúa, atendiendo a la altura del mismo y a su forma inclinada.

Pero no solo en estos menesteres rutinarios se enfrasca diariamente el sexagenario espirituano, pues él también ha sido protagonista del saneamiento de la ciudad del Yayabo tras el paso de algún evento meteorológico que deja sobre el suelo una gran cantidad de ramas o árboles derribados.

“Siempre que pasa un viento fuerte ahí estoy con mi machete o con la motosierra retirando los gajos de la vía pública, eso lo hago dentro de la propia Feria Agropecuaria o en el Parque Zoológico, que se caracterizan por tener árboles gigantes, pero también apoyo en el resto de los territorios. Recuerdo que cuando el paso del huracán Irma, todavía con la lluvia fuerte, nos trasladamos para Yaguajay y fue mucha la mata caída que tuvimos que trocear.

“Ahora colaboro con una brigada de Cabaiguán que se encarga del saneamiento de la ciudad mediante un proyecto comunitario local; allí estoy viernes, sábado y domingo en la tala de árboles, el arreglo de la jardinería o la limpieza de parques. Pero repito, podar es un arte, no se trata de picar y tirar, sino de hacerlo con amor y de darle estética a cada una de las partes para que la floresta luzca y cumpla con su función”, explica el experto trabajador.

Quien lo observa en las alturas no se percata, quizás, de que para devolverle su esplendor a una jardinería es preciso darle cientos de machetazos a un árbol y, además, bajar una y otra vez para limar el machete que se mella cuando choca contra la madera dura, pero si no fuera por la fuerza de su brazo, la experiencia de más de 30 años y el amor con que Vila desarrolla esta labor, las plantaciones de las avenidas espirituanas no lucirían tan bellas.

“No se trata solo de picar desde las alturas, también debo repicar los gajos caídos y apilarlos para cuando venga la carreta estén organizados. Todo eso lo hago solo, incluso hay gajos que debo amarrarlos antes de darles el corte para luego halarlos e impedir que rocen los cables eléctricos, todas esas precauciones las tomo antes de realizar la poda, de lo contrario puede ocurrir un accidente”, insiste Vila.

¿Tendrá un continuador para su oficio?

“Mi hijo Yordanys que también pertenece a Comunales, me auxilia muchas veces, aunque él realmente se ocupa de la jardinería y no de la poda en las alturas, pero siento que una vez que yo no lo haga bien pudiera ocupar mi lugar; claro, para eso falta porque, a pesar de que estoy en las puertas de los 70 años, me siento bien de salud y con fuerzas para continuar”, aclara.

Quien lo ve desafiando el peligro encima de una escalera o trepando las ramas de un árbol no imagina que un día Vila se fue a Alemania a estudiar y luego de cuatro años fuera de Cuba regresó nuevamente a su puesto como técnico en elaboración de alimentos en la antigua fábrica de queso crema Nela, de la ciudad de Sancti Spíritus.

Ahora las calles espirituanas son testigos de su imprescindible labor y lo abrazan cada mañana, cuando con su carretilla en mano, en la que traslada la escalera, sogas, machetes y otros utensilios, llega a cualquier sitio de la ciudad del Yayabo para embellecer el entorno, sin reparar en que, aunque en ocasiones pasa desapercibido, él sigue siendo el rey de la poda.

Rosa Blanco Martínez

Texto de Rosa Blanco Martínez

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