Hijo de Evelio Arias Arias y Esther Castillo Martínez, Bernardo nació el 28 de agosto de 1928. Aún muy niño, y por necesidades económicas, tuvo que abandonar los estudios y comenzar a trabajar como vendedor. En 1952, luego del golpe de Estado, se unió al Segundo Frente del Escambray. Despuntaba así un joven comprometido con la causa rebelde y que, más tarde, caería por ella.
Cuando triunfa la Revolución, continúa trabajando, pero dedica la mayor parte del tiempo a la actividad política. Una de sus primeras tareas fue la organización de los sindicatos, al hacerse cargo de la Secretaría de Actas y Propaganda del Sindicato Provincial de Obreros, Mecánicos y de Garajes. Integra las Milicias y colabora con el Departamento de Inteligencia del Ejército Rebelde (DIER). Era amenazado constantemente en panfletos contrarrevolucionarios que circulaban en Las Villas.
En agosto del 60, el jefe del G-2 (Seguridad de Estado) en Sancti Spíritus, José Antonio López, acude a un llamado a Santa Clara. El cargo le es propuesto a Sergio Martínez Peralta, pero recomienda a Bernardo para ocuparlo “por sus cualidades revolucionarias y la gran capacidad de trabajo que tenía”. Ejerció como jefe siendo agente encubierto.
El domingo 26 de febrero de 1961, temprano en la mañana, un grupo sale hacia la finca La Esperanza, barrio San Andrés, Bernardo Arias, César Abreu, Garelí Méndez y Sergio Martínez.
El propósito es practicar un registro en la casa de José A. Rodríguez y su esposa Martha Ramírez, prima hermana del alzado Osvaldo Ramírez, en busca de una planta de radio clandestina localizada en la zona. En el parque Serafín Sánchez recogen a otros milicianos para reforzar el grupo. Pistolas y ametralladoras en mano.
Cerca del lugar un práctico les orienta por donde deben pasar; Bernardo quería ir a campo traviesa. Eran dos casas, se dividieron para registrarlas.
“Al llegar al objetivo vemos una mujer que estaba cocinando en unos grandes calderos en el portal. Era Martha Ramírez, la esposa de José Antonio, la cual le dijo a Bernardo que la comida era para unos trabajadores. Yo siento un tropel grande en uno de los cuartos y empiezo a darle un rodeo a la casa”, recuerda Sergio Martínez.
“Regreso muy alarmado junto a él, que ya estaba en la sala, cuando le decía a una niña de unos 13 años que abriera la puerta de uno de los cuartos. Me le acerco y trato de llevármelo hacia afuera”, precisa.
La niña empujó la puerta y desde dentro un disparo. Bernardo Arias, el jefe del G-2, cayó poco a poco con las manos puestas a ambos lados de la cabeza. Baleado por al menos nueve proyectiles, algunos en la barbilla y en el cráneo, quedó tendido en el suelo. Su caída, a los 31 años de edad, tronchó sus sueños de justicia.
En la actualidad, una escuela primaria en la ciudad de Sancti Spíritus lleva su nombre y, frente al otrora Instituto de Segunda Enseñanza ─hoy escuela primaria Julio Antonio Mella─ fue colocado un busto para perpetuar su legado.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus














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