Cuba: adiós al Clásico

El equipo cubano se desplomó ante Canadá y por primera vez en la historia de este certamen dice adiós en la fase preliminar

Cuba se fue en la primera ronda por primera vez en seis ediciones y rubricó su peor actuación. (Foto: Facebook)

Temprano y por la puerta estrecha. Así se fue Cuba del VI Clásico Mundial de Béisbol, un presagio expresado por no pocas voces —incluida la de esta reportera— y que hubiese querido que se malograra.

Todo se definió en un partido. La salida la dictó un equipo que dejó todo lo peor para el cierre en un juego vs. Canadá al que llegaba con reales opciones de clasificar a la segunda fase. Pero el Hiram Bithorn Stadium pareció caerle encima a un elenco al que nada le funcionó.

Mas allá del marcador 7-2, sobre la grama del monumental estadio boricua se vio un equipo inconexo, desconcentrado, desconcertado, casi perdido en el terreno: varias pelotas que picaron entre dos por falta de comunicación o decisión y otras muy mal fildeadas por Yiddi Capé o Ariel Martínez se unieron a debilidades en la defensa detrás del home por Andry Pérez, con un passed ball y una interferencia en momentos cruciales del encuentro, que a la larga debieron desestabilizar a los lanzadores.

Parecía que, de pronto, a hombres acostumbrados a jugar no al máximo nivel, pero sí a uno que les garantiza oficio suficiente como para dominar el abecé de un juego de pelota, se les olvidaron los fundamentos o sucumbieron a las presiones que no supieron dominar en un juego de vida o muerte.  

No le funcionó en la despedida el mejor de los departamentos: el pitcheo. Con descanso suficiente, estos y no otros eran los hombres de ese juego definido. Mas, ni Liván Moinelo ni Yariel Rodríguez fueron eficientes a la altura de los números que traían desde la liga japonesa y la MLB, respectivamente.

El primero, en tres y dos tercios permitió cuatro hits y regaló igual cantidad de boletos, como muestra del descontrol generalizado del cuerpo de pitcheo en el corto torneo. El segundo, amén de ser mal defendido, soportó demasiado en uno y dos tercios y, aunque dos de las cuatro anotaciones que le fabricaron fueron sucias, admitió la llegada de hombres a las bases con castigo que un cuadrangular, un doble y un sencillo  

La ofensiva, como a lo largo del evento, fue pobre, con solo cinco hits, pero sobre todo improductiva al punto de dejar en bases algunas opciones de anotación, a pesar de los cambios que, para mí un poco tardíos, introdujo Germán Mesa en la alineación.

Al frente, un elenco que, sin las grandes luminarias de otros presentes en el torneo, pudo aprovechar todos los resquicios de su rival para anotar las carreras necesarias y neutralizar una potencial rebelión cubana. Así accedió por primera vez a cuartos de final en la historia de los Clásicos y como líder del grupo A, al ganarle al conjunto local, el otro clasificado a la siguiente ronda.

Cuba ganó, creo, dos buenos partidos, ante los elencos más asequibles de la llave: Panamá y Colombia, los dos que se marcharon temprano junto a la selección antillana y mostraron niveles similares. Algunos, en un arranque de triunfalismo, comenzaron a levantar copas antes de tiempo. Mas, tal como apuntamos en un comentario anterior, para Cuba la exigencia en el calendario iba in crescendo al terminar ante los dos elencos que desde lejos se veían como más fuertes. ¿Pudo ganarle Cuba a Puerto Rico? Tal vez. Pero en ese partido igual falló el pitcheo abridor, con un Julio Robaina sin los argumentos suficientes que justificasen una elección de tamaña envergadura; incluso, lo dejaron de más sobre el box. Lo otro fue una ofensiva que solo pudo marcar dos hits y ni siquiera pudo aprovechar el descontrol momentáneo del lanzador abridor. Y lo restante fue como en el partido del cierre, la pérdida de la “capacidad competitiva”, esa de la que tanto se habló y que desapareció apenas le anotaron en los inicios del juego. Y eso, ante un elenco que sabe pulsar nervios y manejar presiones, con el empuje local, es lapidario.

Germán lució por momentos aferrado a una alineación con hombres que ni en las victorias funcionaron, al tiempo que no quiso prescindir de un Alfredo Despaigne al que le hubiesen bastado dos o tres turnos para cumplir su cometido principal: incluirse en el trío de jugadores del mundo que han asistido a cinco Clásicos. A la hora en que decidió voltear la teoría de que no se cambian alineaciones en las victorias, sin tener muy en cuenta de que se trata de un torneo corto, ya fue tan tarde como inútil, aunque en verdad la ofensiva —de las tres peores del torneo: 170— muestra que casi nadie bateó y quedó por ver qué hubiesen podido hacer hombres como Cristian Rodríguez, Andy Vargas… En el bullpen quedaron brazos a la espera de mostrar si podían o no, en tanto el mánager insistía con Enmanuel Chapman, mas por su velocidad que por su efecto.

Lo cierto es que Cuba se fue en la primera ronda por primera vez en seis ediciones y rubricó su peor actuación. No es tampoco la gran sorpresa, ni el escándalo del Clásico, reservado para Italia, que le ganó al dream team de Estados Unidos y eliminó por carreraje a México para ser puntero invicto del grupo B y lanzar una lluvia de mensajes sobre favoritismos y tamaño de los rivales.

Este que quedó en el camino es el botón de muestra del béisbol cubano de hoy, que no pudo contar esta vez con mejores jugadores “importados” desde la MLB u otras ligas y no pudo aprovechar todo el tiempo los propios que llevó. El Clásico seguirá su curso el sábado y para Cuba se abre el compás de espera hasta el próximo.

Elsa Ramos

Texto de Elsa Ramos
Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año (2014, 2018 y 2019). Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas deportivos.

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