De Fidel a Abundio: ¿Dónde le pongo la medalla?

El primer Héroe del Trabajo de la República de Cuba de Sancti Spíritus, Abundio Sánchez Varona, compartió tres veces con el líder histórico de la Revolución cubana

En 1990 Fidel entrega a Abundio Sánchez la condecoración de Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

El espirituano que labró mil caminos con el filo de su machete hasta alcanzar el Título Honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, Abundio Sánchez Varona, tuvo entre sus momentos cumbres los tres abrazos que pudo darle al líder histórico de la Revolución cubana Fidel Castro.

Abundio fue el primer Vanguardia Nacional del Sindicato de Trabajadores Agropecuarios y Forestales de la provincia y mantuvo esta condición por 28 años. Cuentan que en el surco adquirió celebridad por la capacidad de producir él sólo tanto como una brigada de hombres.

EL PRIMER ENCUENTRO

Corría el año 1974 cuando Abundio partió a chapear potreros en un lote ganadero de Guaranal, en el municipio de Fomento.

“Empezaba a dar machete desde que aclaraba el día y el almuerzo era en el propio campo; también por eso podía avanzar. Imagínate que la norma la cumplía al 500 por ciento y me llegué a convertir en el mejor trabajador del país de la rama ganadera. Un día me sorprende la noticia de que tengo que ir a La Habana, a la V Plenaria de la Ganadería, en la escuela Ñico López, y resulta que Fidel estuvo ahí en la entrega de los trofeos. Cuando me tocó, llegué hasta él marcialmente, su presencia no me puso nervioso porque tenía algo con que se ganaba a la gente; no importaba si tú eras un guajiro o un científico.

“Cuando me dio la mano, me la retuvo como queriendo conversar, entonces me preguntó: ‘¿De dónde tú eres?’, y le digo: Soy guajiro macho del Escambray. Hace pocos días usted fue a Caballete de Casa y almorzó por allá en la vivienda de un campesino muy revolucionario, Julio Peñate. Ahí fue que tuvimos conocimiento de su llegada al Escambray, a un campamento que tuvo el Che Guevara en esa zona.

“Y vuelve a preguntarme: ‘¿Qué hiciste para ganar esa emulación?’, eso causó risa en el plenario porque le dije: Comandante, yo trabajé como un caballo para venir hasta aquí”. Entonces, me dijo: ‘Vamos a darte un paseíto un mes entero por todos los países socialistas’.

“Oiga, a los pocos días Fidel cumplió su promesa y me vi subiendo a un avión, tenía los ojos de guajiro azora’o, ya tú sabes. Empezamos por la Unión Soviética, después fuimos a Rumanía, Checoslovaquia…, no nos cansamos de ver cosas bellas. Fue un mes entero paseando. A los 20 días le dije al que iba al frente de nosotros: ya me pueden llevar para Cuba, estoy satisfecho y me dijo, ‘No, Abundio, ya este viaje está pagado, hay que terminar la visita’”.

DE MACHETERO A HÉROE DEL TRABAJO

Para ganar la condecoración más importante de su vida, la de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, y que esta fuera puesta en su pecho por el mismísimo Fidel, Abundio tuvo que pasar por las siete aguas calientes. De muchacho, según sus palabras, cogió buenos ramajazos del capitalismo, y aprendió a entrarle a los cañaverales de espalda al reloj.

“El hombre más grandioso del mundo me estrechó por tres ocasiones la mano”, expresó Abundio. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

En días de chubascos y de sol empinado en el cielo, no había plantón que se le resistiera a este hombre, uno de los llamados macheteros más largos de Sancti Spíritus.

“Hice todas las zafras del pueblo y me convertí en un machetero de alta productividad. En la última que hice, que corté 200 000 arrobas, me gané el carro. Sí, llenaba cuatro carretas diarias y hay testigos vivitos y coleando para contarlo. Yo estoy seguro de que no tuve rivales en la provincia. No le he escuchado decir a nadie que cortó cuatro carretas de caña en una jornada.

“Trabajé en las colonias de la zona de Cariblanca, La Redonda, Batey de Jiménez, Seboruco, y después en otras del central Uruguay. Pertenecía a la brigada Ramón Ponciano, de Fomento. Cuando la gente pasaba por la guardarraya, decían: ‘¡Oye, ahí hay una combinada humana, escucha cómo suena esa mocha!’. Eso lo hice cuando tenía cuarenta y picote de años menos, pero si me quitan ese tiempo de edad, porque ya tengo 82, hago lo mismo. Todo cuanto tengo se lo debo al machete. Es verdad que cuando me pegaba a trabajar era un mulo.

“En 1990, me entregan la estrella dorada, así le digo a la de Héroe del Trabajo de la República de Cuba; cuando el Comandante me vio, se acordó de mí y sucedió algo gracioso porque yo llevaba el pecho lleno de medallas y me dijo: ‘Pero, ¿dónde te pongo la medalla, si tienes el pecho lleno?’, sonreí, me quité una y la eché en el bolsillo de la guayabera y le dije: Comandante, ahí hay un lugarcito, póngame la medalla ahí, al lado del corazón. En la foto se ve que se está sonriendo mucho”.

EL ENCARGO DE FIDEL

Dicho por el propio Abundio Sánchez Varona, nació un 11 de julio de 1944 en la zona de El Guineo, cerca de El Pedrero, Fomento. En la comunidad de El Cacahual vive sus días este octogenario con un nombre bien puesto. Abundio viene de abundancia y la naturaleza le dio suficientes fuerzas para trabajar; también para tener momentos memorables con Fidel en su fecunda vida.

La última vez que Abundio se encontró con el Comandante en Jefe fue en ocasión del acto nacional por el 28 de Septiembre de 1996, celebrado en la Plaza de la Revolución Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, de la ciudad de Sancti Spíritus, donde este campesino fue seleccionado para entregar al líder cubano el Premio del Barrio, concedido por los Comités de Defensa de la Revolución.

En su casa, en El Cacahual, Abundio creó un pequeño sitio donde exhibe trofeos y otros reconocimientos. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

“Me acerco a él y le digo: Felicidades Comandante, aquí le hago entrega de este premio. Entonces me dice ‘Tú vas a regresar con él, porque tú eres fundador de esta organización ¿Todavía estás fuerte?’, y le respondí: Como los primeros días. Me estrechó fuerte la mano y me encargó que cuidara el trofeo y así lo he hecho, lo tengo en un pequeño museo que hice en mi casa con todos esos recuerdos de él y con los machetes que me hicieron la persona que soy.

“Ya me puedo morir tranquilo, porque el hombre más grandioso del mundo me estrechó por tres ocasiones la mano; por eso, el día que falleció yo guardé la guitarra en el estuche y dije que no se iba a tocar una nota.

“Hace poco, por ser Héroe del Trabajo, me instalaron un panel solar aquí en la casa y lo que más hago es ver televisión y muchos videos de Fidel, siempre alertando sobre las guerras y las cosas injustas que hay en el mundo. Veo el sanguinario de Trump, que está loco, amenaza a todo el mundo, se cree gallo de pelea. Yo soy un guajiro bruto, pero pienso que como va no termina el mandato, porque ya se le está virando su pueblo. A él se le va a caer el culero, como se dice, se le va a mojar, porque le llegará su día”.

Arelys García

Texto de Arelys García
Máster en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus. Especializada en temas sociales.

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