Cuando el entonces primer secretario del Partido Joaquín Bernal Camero lanzó la frase: “Sin periódico, no hay provincia” puso a correr a medio Sancti Spíritus. La convocatoria se convirtió en el más grande rompecabezas asumido hasta ese momento por alrededor de 60 testigos del alumbramiento, más que de unas páginas con letras de plomo, de una gran familia.
El inicio de esta historia se remonta a 1977. Hacer parir tamaña idea robó prácticamente todas las horas del día durante un año y medio antes de la primera salida del diario. La otrora sede de Radio Sancti Spíritus, con el parque Serafín Sánchez a sus pies y, luego, la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena fueron testigos de las reuniones iniciales, de las preocupaciones por la obsolescencia de la máquina rotativa, las ansias de superación del colectivo, el empuje en unidad de cada paso para materializar un sueño no solo del entusiasta grupo, sino que se acogió con naturalidad por el resto del pueblo.
Tras muchas pruebas y esfuerzos de entidades, de escoger el mejor nombre, corresponsales voluntarios, profesores de Periodismo y hasta de los lectores que aguardaban, el 4 de enero de 1979, en su actual sede de Adolfo del Castillo No. 10, se presentaron al mundo las amplísimas primeras planas de Escambray. Cada edición, un reto, una bola de fuego entre las manos, un verdadero parto con olor a tinta.
Cuentan que a pesar de que cada noche-madrugada resultaba una batalla contra una imprenta desgastada, solo dejó de salir una sola vez por inclemencias meteorológicas. Inconformes hasta la médula y por el compromiso con sus lectores, en la edición siguiente circularon la debida y la actualizada.
Y es que Escambray, desde su primer día hasta hoy, transpira esfuerzo en comunión. Ha sido eso la fórmula exacta para darle más que un molde de colectivo el de una familia imperfecta, apasionada, defensora a ultranza de los suyos. Tanto así que sobran los ejemplos de los desvelos cuando se incumplen las metas profesionales, se celebran con estridencias las alegrías o se sufre a brazo partido cuando uno de los integrantes enfrenta contratiempos, lógicos y no, de la vida.
De ahí que no asombre que a su casita, en el centro de la urbe del Yayabo, lleguen en busca de cobija jubilados, quienes andan por otros horizontes y hasta estudiantes de Periodismo deslumbrados por confirmar que es posible hacer lo que aprenden en la academia, sobre todo, porque se tienen los oídos en los asuntos que ocupan y preocupan a este país.
Ha sido así, incluso en su lado más oscuro, cuando solo tomó las calles cada 15 días en los tiempos del llamado Período Especial; luego adquirió carácter de semanario y, tiempo después, irrumpió por la puerta ancha en el escenario digital, en constante renovación. Lo confirman los muchísimos premios, los halagos de sus lectores, las tensiones con más de un directivo zanjadas a fuerza de argumentos, los piropos que lo ubican a la vanguardia de Cuba, como el declarado por Ricardo Ronquillo Bello, presidente nacional de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec): “Desde el interior del país, con una larga tradición de ejercicio periodístico, Escambray ha forjado una leyenda”.
Se refiere a las esencias de un periódico que ha cumplido muchos de los sueños avivados por Juan Antonio Borrego, su Quijote. Cuenta con libros gestados al unísono del diarismo como El candil que nos acompaña, del sello Verde Olivo, considerado el más relevante de su tipo dedicado a resaltar los vínculos del Comandante en Jefe en este territorio; estrechas alianzas con la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez; y un grupo audiovisual que, además de sus producciones para el canal de YouTube ha ubicado sus materiales en la Televisión Nacional. Articula con elegancia la edición impresa sabatina, el sitio web y sus redes sociales, ausculta el sentir de los entornos menos visibles en los medios públicos con su proyecto mediático Es mi Barrio y las secciones Es a Fondo y Gente Nuestra, la realización del Coloquio de Periodismo Juan Antonio Borrego In Memoriam e impulsa el Centro Experimental para el Desarrollo de la Comunicación Social (CEDCOS) —pensado entre la práctica y la teoría— con una cartera que incluye alrededor de 300 servicios, por lo que hoy se ha afianzado como el centro de negocios Escambray.
Poco a poco se ha aprendido a manejar las rutinas de una pequeña empresa de comunicación bajo una sugerente nomenclatura: Unidad Presupuestada con Tratamiento Especial Periódico Escambray.
Ha sido otro desafío para demostrar, gracias a la consagración histórica de su colectivo, que es posible generar ingresos con beneficios a sus condiciones de infraestructura, tecnológicas y de estimulación a los trabajadores, sin perder de vista la gestión de contenidos cercana a sus audiencias.
De ahí que parezca sinónimo de premio seguro el nombre Escambray durante los días del Festival Nacional de la Prensa Cubana Julio García Luis o lo vivido en el recién II Festival Internacional Granma Rebelde, donde su estand acaparó preguntas sobre cómo, a pesar de coexistir en un contexto más que complejo, se mantiene en lo más alto del podio de la comunicación mediática del país.
Y la clave está precisamente en ese hálito que desprenden los integrantes de su colectivo: ser unos eternos enamorados del periodismo moldeado con liderazgo, inteligencia y compromisos; un aliento que se disfruta lo mismo en debates en escenarios nacionales, en los Consejos Editoriales, donde se sacude con fuerza cada edición, al calor del cierre cada jueves o cuando alrededor de la mesa cuadrada, ubicada en su sótano, se almuerza con las imágenes de Mediodía en TV y se comparte, al final, el mejor café que pueda llegar hasta el más exigente paladar.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus










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