El chico espirituano del VI Clásico Mundial (+fotos)

El lanzador Pedro Manuel Santos Vázquez, trinitario de nacimiento y con años en el béisbol profesional, será el único jugador de esta tierra que asistirá al evento

La bandera cubana y su amor a las raíces siempre lo acompañan. (Fotos: Cortesía del entrevistado)

El VI Clásico Mundial de Béisbol trae para Sancti Spíritus una “rara” novedad. El lanzador Pedro Manuel Santos Vázquez, trinitario de nacimiento y con años en el béisbol profesional, será el único jugador de esta tierra asistirá al evento, gracias a la política del béisbol cubano que permite la participación de connacionales radicados en el exterior.

Al igual que otros peloteros que emigraron desde jóvenes, Pedrito, como se le conoce, jugó en Cuba hasta las categorías inferiores; de ahí que muchos lo descubran ahora. Escambray reconstruye su historia y la ruta que lo llevará hasta el certamen. 

CAPÍTULO ESPIRITUANO

Pedro es pelotero porque sí. Cuando tenía nueve años entró al beisbolito de Trinidad de la mano de Eulogio Izquierdo, Yonelkis Villaspando, Osmani Rodríguez, Reinier Escobar y Yosel González.

“Me enamoré de este deporte poquito a poco, aprendiendo lo básico, de la pelota”, recuerda ahora vía WhatsApp con una voz marcada por la nostalgia y la sinceridad, mientras accede a regalar unos minutos de su tiempo, luego terminar una de las sesiones de entrenamiento en el Rotational Athlete Solution, de Arizona.

Pero no fue el béisbol el primer escalón del alto rendimiento. A la EIDE Lino Salabarría entró en el 2012 porque el técnico Pablo “Chicho” Zamora lo captó para el fútbol. “Chicho me dijo que no tenía que hacer ninguna prueba, que poseía la habilidad de patear con los dos pies y se me daba mucho con mejor con la zurda, fueron momentos muy lindos”.

Mas su experiencia con ese deporte fue solo un asunto de los pies. Lo que en verdad habitaba en su cabeza y en su corazón era la pelota. “Duré bien poco en la EIDE —sonríe y suspira—, no te voy a mentir, era un niño de 13 años y me rajé, como se dice en buen cubano. Todas las noches llamaba a mi mamá llorando: Ay, mamá, sácame de aquí, me quiero ir para la casa; fue una tanda increíble por tres meses, hasta que se cansó mi mamá… Es que iba para los entrenamientos del fútbol todos los días en la mañana, veía a los peloteros, me daba nostalgia verlos jugando y me daba esa cosita de: yo pudiera estar ahí”.

Y regresó a Trinidad y a su pasión. “Me dieron ganas de nuevo de jugar pelota”, apunta.

Pedro registra excelentes números en su trayectoria por el béisbol profesional.

Con ese traje retornó a la EIDE en el 2014, en noveno grado, cuando, al decir de Osmani González, técnico espirituano, “cumplió con las pruebas de captación, tenía un favorable somatotipo, muy alto, con buena velocidad, pero con dificultades con el control”.

Tras discretos saldos en el nacional Sub-15 —no ganó en cuatro salidas y registró un PCL de 3.86 en siete entradas— su permanencia en el béisbol sufrió otro golpe: baja de la escuela por insuficiente rendimiento. Entonces Roberto “Caña” Ramos Gómez, uno de los mejores lanzadores en la historia del béisbol espirituano, enterado de la intención, quemó las naves: “Hay que estar loco y no tener ojo clínico para darle baja a un muchacho de ese tamaño”, se dijo para sus adentros, primero, y lo discutió luego. “No lo conocía, pero me fijé en el somatotipo y sus condiciones físicas —confiesa a Escambray. Técnicamente había que trabajar, pero era un pitcher con lanzamientos por encima del hombro, que es una ventaja para enfrentar bateadores ya que a estos les es más difícil porque tienen que seguirles un ángulo diferente, tenía velocidad aceptable, mucho interés, dedicación y serio para su edad. Lo comenté con Ramón Gardón y lo aceptó”.

“Cuando ‘Caña’ me habla de él, lo pido —refiere Gardón, entrenador de la categoría juvenil—. Lanzaba como muy rega’o, no tiraba strikes, comenzamos a hacer el trabajo de pitchear cortico porque el control se busca delante, cerca del box, le mejoramos su mecánica, era muy interesado y entrenaba mucho porque quería hacerse pelotero”.

No fue bueno su paso en el Nacional 2017, cuando en siete juegos no ganó y perdió un partido. Pero esos episodios Pedrito los guarda en el cofre de las gratitudes. “Cuando me iban a sacar de la escuela, Caña y Gardón metieron la mano por mí y me ayudaron bastante, mi mamá fue parte de esa gran ayuda, aunque yo no sabía nada de eso hasta que un día ella me explicó todo. Los dos me dijeron que siguiera esforzándome, trabajando duro, aunque no lanzara y no hiciera equipo, me decían que tarde o temprano quien trabaja fuerte, no importa si el resultado es a corto, mediano o largo plazo, pero llega un momento en tu vida que todo lo que entrenaste, lo que hiciste, sale, sale porque tiene que salir. ¿Cuándo? Solo Dios sabe”.

Un sueño hecho realidad para Pedro que le había dicho a su mamá: Si Cuba me dice para jugar voy a ir porque quiero.

DOMICANA-ESTADOS UNIDOS: EL OTRO COMIENZO

Aquello de que un día iba a ser iba a ser grande en la pelota le acompaña aún al trinitario. Como decenas de jugadores cubanos, arribó a República Dominicana en 2018. “Llegué a un país que no conocía, ni por mi mente pasaba cómo era vivir ahí. Estuve dos años viviendo con mi mamá, en una pensión llena de gente, de otros peloteros, distintos pensamientos, distintas formas de comportarse y había que adaptarse a eso…”.

La voz se le desgarra y se detiene. “Había que tener paciencia, algo que no tengo mucho, pero agarré un poquito. Fue un tiempo difícil y bueno a la vez. Se aprendió, se sufrió porque así son las cosas, no todo es color de rosas cuando uno quiere perseguir su sueño. Pero Dios siempre estuvo conmigo y mi mamá. Hay muchas historias; si empiezo a contárselas tomaría mucho tiempo. Encontré muy buenos entrenadores en Dominicana, tuve que ponerme para lo mío, como se dice en Cuba, para poder salir adelante, me enfoqué mucho”.

Y llegó el primer contrato con el béisbol profesional. El 15 de octubre de 2018 firmó con Atléticos de Oakland, franquicia en la que militó por siete años y lanzó en 150 partidos (126 como relevista).

“Se experimentaron muchas cosas. Imagínese, de estar hablando español, te envían a Estados Unidos un mes después de firmar; cultura distinta, lengua distinta, no entendía a nadie porque todos hablaban en inglés. Iba con una base muy escueta, pero no daba para hablar con ellos. Uno se va adaptando poco a poco. Como a los dos meses aprendí, podía defenderme un poquito, decirle algo a un entrenador, les agradezco a ellos y a quienes me apoyaron, creyeron en mí, me dieron la oportunidad de estar en esa organización y de hacerme quien soy. Gracias a Dios por poder salir adelante, fueron siete años de puras experiencias, momentos buenos y malos, en este deporte hay altas y bajas, pero siempre hay más bajas y hay que aprender a jugar con eso, a asimilar todo de una buena forma. Se aprende de los errores y arreglarlos lo antes posible. Así es como uno puede salir al frente”.

En esos momentos buenos inscribe lo sucedido en 2021. “Fui a Arizona Fall League (liga de prospectos), fui el único del equipo Stockton Ports en ir y el único de clase A”.

En los malos, está la lesión en el codo: “Me operan de Tommy John, fue un momento difícil —suspira hondo—. Pero de todo lo malo se sale. Tuve el apoyo de mi familia, mis amistades, de esas personas buenas que siempre estuvieron conmigo dándome la mano, ese aliento de: ‘Sigue, no te preocupes, esto es solo un momento de tu vida’. Gracias a Dios salí muy fuerte, salí sano”.

Con la recuperación se encendieron otras luces. “Tras un año fuera en el 2023 tuve una de mis mejores preparaciones para la temporada. Me subieron a doble A, jugué dos meses si acaso y me subieron a triple A. Es una liga un poquito más difícil, hay peloteros de Grandes Ligas, un poco veteranos pero que tienen conocimiento y habilidad de jugar, siempre hay que escucharlos, tenerles su respeto, pues llevan años en el deporte y saben mucho. En mi equipo me aconsejaban cómo pichearles a ciertos bateadores, cómo era todo en general, me gustaba conocer sus pensamientos, sacar lo bueno y lo que no te hace falta ponerlo a un lado porque no aplica para ti. Me ayudaron a conocer más de un deporte que nunca terminas de aprender”.

Luego vino una lesión en el hombro, de la que también se recuperó. Puerto Rico fue su última parada en la Liga Invernal 2025-2026, con los Gigantes de Carolina, en la que trabajó en nueve juegos, 8.2 innings, promedio de 1-0, 4.15 PCL, 10 ponches y ningún boleto. “Mi experiencia, ¡wow! Fue un show. ¡Qué buenos entrenadores en Puerto Rico! Le doy las gracias al equipo por aceptarme, por darme la oportunidad. Siempre quise jugar la Liga Invernal en México, Dominicana, Venezuela, Puerto Rico. Ha sido una de las mejores experiencias de mi carrera por cómo nos tratamos, la unidad del conjunto; fue increíble y bonito estar en una tierra que se parece un poco en lo de las playas y eso a Cuba y más de donde soy, de Trinidad, gocé mucho estar allí, me sentía como en mi casa”.

Las estadísticas aportadas por el colega Randy Vasconcelos resumen el paso de Pedro en las ligas menores de béisbol: 11ganados, 17 perdidos, PCL de 4.80, 18 salvamentos y 14 HLD, 316 ponches en 247.1 episodios y bateo contrario de 234.

EL SUEÑO DEL CUBA Y EL CLÁSICO MUNDIAL

A inicios de marzo, Pedro vestirá el uniforme de Cuba, cuando el equipo desarrolle juegos de exhibición en el Goodyear Ballpark de Arizona.

A los 26 años Pedro concreta un sueño de niño. “Con 12 años fui a una preselección del Cuba, jugaba primera base y lanzaba… Catorce años después voy al Clásico”.

Ahora la respiración se entrecorta y las palabras se ahogan. “Me interesé en jugar con Cuba ya como profesional, le decía a mi mamá: Si Cuba me dice para jugar voy a ir porque quiero. Se me dio la oportunidad. Mi familia está muy contenta por eso, al igual que mis amistades, amigos de años me han escrito, me han felicitado”.

En la nómina del Cuba fungirá básicamente de relevo. La preparación es casi la misma que tuve para la Liga del 2023. Estoy entrenando en Rotational Athlete Solution, de Arizona, con Casey y Kenny, a quienes les agradezco mucho porque siempre han estado conmigo, tienen una preparación que es increíble. Estoy de agente libre e ir al Clásico representa muchas oportunidades en cualquier parte del mundo, ya sea que agarre un contrato para Taiwán, para Japón, para México, para donde sea”.

A inicios de marzo, Pedro vestirá el uniforme de Cuba, cuando el equipo desarrolle juegos de exhibición en el Goodyear Ballpark de Arizona, frente a los Rojos de Cincinnati. Las emociones, entonces se agolpan. Con su estatura de 1.93 y 92 kilogramos de peso, muchas cosas le cambiaron, como la mecánica, un detalle que “Caña” Ramos advierte desde la foto: “La posición del brazo, antes bajaba mucho el ángulo de salida y ahora veo que alinea bien los hombros y el paso es normal, agarra bien la bola”.

Pero, más allá de técnicas, estadísticas, algo se mantuvo intacto: “Uno de los momentos más felices de mi carrera deportiva fue cuando me dieron la noticia de que iba para la Liga de Arizona”. Hace una parada en el audio que parece durar años. Necesita recuperar el aliento. “Me sentí muy emocionado cuando vi la última nómina del Clásico. Estaba acostado en la cama y creo que Giselle me escribe y me pregunta que cuál número quería en el jersey, y me dije: ¡Oh!, de verdad que voy para el Cuba, ya no es un cuento, ya no es la prenómina, yo voy para el equipo Cuba. Siempre me la pasaba jaraneando con mi mujer, diciéndole: Mi amor, vamos para el Clásico. Cada cinco minutos le decía lo mismo y a mi mamá, mi papá, mis amigos”.

Con su número 18, se aferra otra vez a la bandera cubana, la que se arropa y exhibe en las fotos, aunque vista otro traje y lance desde otros montículos. “Sí, hay muchas fotos mías con la bandera. Esas son mis raíces, que son cubanas, y a nadie se le pueden quitar las raíces. Vamos a competir y vamos con todo para el Clásico”.

Elsa Ramos

Texto de Elsa Ramos
Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año (2014, 2018 y 2019). Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas deportivos.

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