Vivimos una época de conflictos impensables y situaciones estresantes. El mundo está al revés, dice una canción de Marta Valdés y nunca mejor cantado. Nuestro mundo se mueve entre la desidia, la flagrancia y el “yo puedo más que tú” se ha normalizado de una manera alarmante.
Las recientes acciones del gobierno de los Estados Unidos, la prepotente manifestación de fuerza y amenazas contra todo el orden mundial consensuado después de la Segunda Guerra Mundial tienen en jaque la correlación, estabilidad y el respeto a las normas más elementales de convivencia internacional.
Cuba no escapa a los efectos de la política y el desequilibrio emocional que impone por la fuerza real o psicológica de quienes se erigen como dueños y señores de lo que es correcto o no. Los efectos de esa política del vaivén se sienten en la mesa de cada hogar, en la cosecha de la tierra, en los sueños que se ralentizan.
El bloqueo se ha reforzado, las amenazas de intervención militar, el bombardeo mediático, el pensamiento anexionista, el intento de fragmentación social y un largo etcétera, son herramientas/misiles dirigidos a barrer con más de 60 años de existencia de la Revolución cubana y la luz que representa más allá de nuestra geografía, el ejemplo que irradia desde su resistencia y humanismo.
El actual programa de gobierno que se implementa en el país es un blindaje necesario para resolver desde todos los sectores, instituciones, empresas y por cada cubano aquellas debilidades que nos impiden avanzar, más allá de las presiones externas. Se trata de romper inercias, de liberar capacidades creativas e innovadoras, aprovechar cada milímetro de voluntad individual y colectiva.
Son tiempos difíciles, como en otros momentos de la historia cubana, pero siempre nos ha salvado estar unidos, juntos, abrazados en el hacer. No estamos en tiempos de frases hechas, estamos en el instante del hacer y hacerlo bien, pensando siempre en el bienestar colectivo y en cómo asegurar una mejor calidad de vida de nuestros coterráneos, emprendimientos, de las instituciones, organizaciones y empresas, ganar en organización y resultados tangibles.
Fidel nos advertía en 2003 en la clausura del Congreso de Pedagogía que las ideas eran el más importante recurso para salvar la humanidad: “No es porque crea idealistamente que las ideas obran milagros por sí solas. Simplemente proliferan y multiplican en las épocas de crisis como una necesidad, y las preceden como las aves que anuncian las primaveras o los inviernos”.
La cultura del detalle, trabajar y no detenerse es una necesidad que debe llevarnos a reflexionar en lo individual y en colectivo, pero la reflexión debe comenzar en cada familia porque es ahí donde inicia cualquier empeño para caminar con la pasión que Cuba reclama. Parar unos minutos, revisar qué podemos hacer y cómo enfrentar nos urge a todos. Todas las variables agresivas que nos vienen acechando no es algo que debemos obviar, pero tampoco podemos poner a un lado las ganas, la conciencia, el pensamiento crítico, el trabajo con resultado, dar batalla, sacar el extra y poner a brillar el sentido de pertenencia.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











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