Las exquisitas y bellas locuras de Reinol

Letanía para despertar a Sigmund Freud, 14 décimas bajo su firma, lo ubican entre los premiados del XXVI Concurso Nacional Ala Décima 2026

Reinol Cruz Díaz es uno de los poetas espirituanos más reconocidos dentro y fuera de los perímetros de la provincia. (Foto: Lisandra Gómez/Escambray)

Enajenado del mundo como un caballero andante listo siempre a enfrentar sus propios demonios se nos presenta Reinol Cruz Díaz. Hombre de alma limpia y muchos saberes escriturales deja escapar más de una mueca en el sepulcral silencio que le habita. Atrapa así las ideas que le sorprenden convertidas en versos para, luego, esculpirlas con exquisita belleza en el papel en blanco.

“Me ven hablando solo y es que repito hasta aprenderme ese verso que llega de súbito. Incluso, me saludan y no veo a la persona. Me pasa también, que cuando escribo no me sale la idea y tengo que salir a caminar. Entonces, cuando cojo la calle aparece el verso idóneo. Parece que las imágenes viven en el éter. Quizá los psicólogos tienen una explicación científica a lo que para mí es algo mágico”.

Del padre fiel hasta la médula de Palmas y cañas heredó su amor por las expresiones de la cultura campesina: décima, punto cubano, soneto, poesía en su más integral concepto. Luego, se atrevió a dejar las huellas de sus primeros versos.

“Soy introvertido, poco conversador. Por eso, necesito escribir para decir todo lo que creo, siento, deseo… Desde la secundaria y, después, en el preuniversitario hice mis primeros versos que como todo adolescente iban dedicados a las muchachas que me gustaban. Todas eran bonitas e inteligentes. Eso me obligaba a esmerarme en la exactitud de la métrica, la perfección de la rima, aunque no dominaba el lenguaje como hoy. Temía que al regalarlos más que agradecerme me lo tallerearan y mi propósito era conquistarlas”.

Fue así que Reinol, el poeta de Kilo-12, barrio longevo espirituano, redactor de los programas informativos de cada madrugada en Radio Sancti Spíritus, el yayabero que sabe cómo pocos construir otros mundos desde una escritura limpia se graduó como Maquinista de trenes sin dejar a un lado los saberes en cuanto taller o espacio literario se tropezara.

“Hay poemas que andan por ahí que tienen relación con la dualidad trenes-literatura. Trabajar en los ferrocarriles me dio vivencias muy interesantes. Iba de pueblo en pueblo y, como dicen de los marineros que tienen una novia en cada puerto, a los maquinistas los esperaba una en cada estación. Eso me estimuló a escribir poesía”.

¿Qué sucede entre Reinol y la narrativa?

“Cuando comencé los talleres también escribí mis cuentos. Pero parece que la narrativa no se lleva tan bien conmigo como yo quisiera. A veces tengo ideas, incluso de novelas que me gustaría materializar, pero no salen. Soy, en sentido general, poeta. Escribo décima, soneto, verso libre, haiku…”.

Precisamente su más reciente inspiración bajo la sombra de la primera expresión de la cultura campesina mencionada tomó cuerpo con Letanía para despertar a Sigmund Freud. Son 14 décimas que envió al calor de colocar el punto final al XXVI Concurso nacional Ala Décima 2026.

“Lo escribí en tiempo récord. Casi nunca mando a los concursos lo más reciente del tintero ya que los engaveto. Los saco al tiempo. Los arreglo y entonces envío. Pero esta vez fue excepción y salió bien porque gané”.

Se te reconoce como un decimista y sonetista de altos quilates, ¿destino o casualidad?

 “Para escribir, sobre todo, poesía hay que ejercitar mucho. Mis primeras décimas eran muy torpes, versos forzados. Medía entonces con los dedos. Luego, te grabas el octosílabo en la memoria hasta que de oírlo lo reconoces. A la par educas la escritura. Hay que leer mucho.

“El soneto es también complicado. Mis inicios se caracterizaron por imágenes demasiadas antropológicas, demasiados metafóricos. Entonces, trabajaba mucho con la palabra. Mi generación es seguidora de Lezama, Eliseo Diego, Cintio, Vallejo. Soñaba parecerme a ellos hasta que me encontré y anduve mi propio camino”.

En esa búsqueda de su yo poeta, Reinol Cruz Díaz ha cosechado varios lauros y cuatro libros publicados: La última puerta (2001), Bajo el signo de los olvidados (2005), Atributos de la luz (2011) y Luz y polvo en el granero (2021). Otro manojo de textos inéditos o esparcidos por diversas antologías y sitios web, así como una investigación que promete develar aspectos trascendentales sobre el soneto en Cuba.

“Hay un libro en proceso. Aunque saldrá en formato digital, le ha costado trabajo salir. En el caso del estudio llevo años centrado en la pesquisa. Tengo lista su primera parte que va desde Espejo de paciencia hasta Bonifacio Byrne. Luego, seguiría por todo lo publicado relacionado con el soneto en el siglo XX, ya mucho más complejo”.

Con este alegrón, tras merecer el premio coauspiciado por el Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado del Ministerio de Cultura y por el periódico Trabajadores, ¿qué sigue para Reinol?

Siempre escribir. Tengo un libro de haiku listo. Busco dónde pudiera publicarlo, incluso quién me lo pueda ilustrar. Comparto mis versos en Facebook. Además, trabajo en otro cuaderno de décima que hasta el momento se titula: Después de la consulta.

¿Encontraremos ahí otras locuras?

“Como sucede en Letanía para despertar a Sigmund Freud, la locura está. Es la temática recurrente en mi poesía. Al parecer, todos los poetas tenemos de locos. Tengo sueños premonitorios. Me he visto descalzo por la calle, desaliñado y aunque en ocasiones me he dejado el pelo más largo es porque no me han coincidido tiempo y dinero. También, el aumento del estrés generalizado en nuestra sociedad me aviva esos pensamientos. De ahí que necesite escribirlos”.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

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