Nadie como Aida Pérez, una vecina del barrio Reparto Escribano en Sancti Spíritus, para conocer de memoria las rutinas del cementerio de la cabecera espirituana. Ella, al igual que otras personas que tienen allí los restos de sus seres queridos, visita con cierta frecuencia este sitio para desahogar sus penas, mientras trata de mantener limpio y en buen estado el panteón donde descansan en paz.
Llama la atención el esmero y el silencio con que riega agua a las plantas y recoge las hojas secas en los alrededores de la tumba; pero, lamentablemente, no todo es apacible en el camposanto.
Una problemática ha estado presente y con tendencia al ascenso en los últimos tiempos; se trata, por ejemplo, de la inestabilidad en las exhumaciones que necesariamente deben realizarse para no correr el riesgo de que falten espacios disponibles a la hora de realizar un nuevo enterramiento.

UNA MIRADA AL CEMENTERIO
Al traspasar el umbral del cementerio espirituano chocamos con la realidad. De cinco exhumaciones que deben realizarse diariamente solo tres o cuatro se materializan y no en todas las jornadas. ¿Las causas?, pueden variar, pero entre las más recurrentes están la dejadez de las familias que, tras el enterramiento, se olvidan de atender el panteón.
“Algunos dieron nombres y direcciones falsos, otros no contestan el teléfono y si lo hacen, se niegan a acudir a la exhumación o refieren que la realicen de oficio, sin percatarse de que este es un acto legal y, como tal, requiere de trámites y autorizos que lo avalen”. Así lo explica Gelacio Atalí Delgado, jefe del Departamento de Necrología en la Dirección Provincial de Servicios Necrológicos y administrador en funciones del cementerio de Sancti Spíritus.
“Estamos hablando de que a los dos años y un día después de realizado el enterramiento —aclara— es obligación de los familiares acercarse a este sitio para solicitar la exhumación, principalmente cuando se está ocupando un terreno, gaveta o bóveda propiedad del Estado. No asistir trae como consecuencia que disminuyan las capacidades para continuar con el enterramiento y, por ende, puede llegar el día en que, si se presenta un brote epidémico, como cuando la covid, existan limitaciones serias en este sentido”.
Sobre el asunto en particular, la administración del cementerio tiene ejemplos de sobra: “Hemos llamado a las personas a cargo, es decir, las que aparecen en el registro como responsables, una vez que se concluye el enterramiento y nos dicen que no vendrán, que la administración haga lo que entienda; otras abandonaron el país o fallecieron, pero lo cierto es que para realizar la exhumación de oficio el centro tiene que contar con un autorizo legal que respalde ese acto y, aun así, para depositar los restos en el nicho asignado es preciso trasladarlos con la evidencia: ropa, calzado o cualquier pertenencia con la que fue sepultado por si existe algún tipo de reclamación posterior”, puntualiza el directivo.
“Ante tal situación —añade— estamos realizando un inventario para entregárselo a la Fiscalía y a través de la misma llegarles a los familiares de los fallecidos que ya sobrepasan los dos años de haber sido sepultados, en aras de agilizar el proceso de exhumación.
Aunque parezca increíble, hay entierros con más de cuatro años, que se hicieron en espacios estatales y nunca más fueron visitados por la familia, la prueba está en las condiciones en que se encuentran los panteones, enyerbados y maltratados, y toca a los trabajadores del cementerio mantenerlos”.

Cuando se realiza la exhumación, ¿el cementerio garantiza algún recurso?
Los trabajadores nuestros son los que hacen la exhumación, pero es el familiar el encargado de adquirir por su cuenta los osarios, que en realidad están caros, algunos en el orden de los 10 000 pesos en el mercado informal, porque aquí no contamos con materiales para fabricarlos, como se hizo en otros tiempos.
¿Pudiera ser esta una de las causas para que algunas familias no exhuman el cadáver del familiar?
Es cierto que los altos costos del osario pudieran influir y que algunas personas solo ganan una jubilación, pero está la opción de guardar los restos en una bolsa de nailon y es lo que muchos hacen, pero el cementerio no cobra nada por la exhumación, ni por el enterramiento.

INSUFICIENCIAS PUERTAS ADENTRO
Recorrer cualquiera de los 42 cementerios que existen en la provincia es como entrar a un mundo de solemnidad, caracterizado por el silencio y el respeto de las personas que acuden durante el día para rendir tributo a sus seres queridos; al menos eso es lo que experimenta la mayoría de los que los visitan, incluidos aquellos que trabajan y prestan servicios dentro de estas instalaciones.
Bien lo sabe Omar Ávila Pentón, jefe de brigada en el camposanto de Sancti Spíritus, cuando asegura: “Aquí llevo casi 26 años y la mayoría trabajando en condiciones difíciles, cada día nos enfrentamos a situaciones complejas, por ejemplo, en ocasiones existen seis o siete fallecidos en la funeraria y, si a eso se suma que en algún municipio se realizó el velatorio de alguien que pidió ser enterrado en Sancti Spíritus, entonces serían más, pero en esa misma jornada solo se realizaron tres exhumaciones; entonces, el resto de las capacidades las ponemos nosotros, es por eso que resulta necesario realizarlas cuando corresponda”.
Otras dificultades entorpecen hoy el desempeño puertas adentro de los cementerios espirituanos; se trata de la falta de fuerza de trabajo para completar la plantilla en la mayoría de los lugares. Ante la pregunta de ¿por qué hay tantas plazas vacantes en el mayor cementerio de la provincia? el propio Ávila Pentón aclaró:
“Nadie quiere trabajar aquí por menos de 3 000 pesos, que es lo que ganamos, incluyendo un por ciento por condiciones anormales. Si a ello se suma que se trata de un oficio complejo, que estás viviendo el dolor de la familia del fallecido y que muchas veces estás expuesto a contraer una enfermedad, entonces la situación es mucho peor.
“Recuerdo los días duros en que trabajamos cuando la pandemia de la covid —comenta Omar— y, aunque uno se protegía, el peligro estaba ahí, pero alguien debía realizar el enterramiento. No obstante, si el salario fuera un poco mayor tendríamos la plantilla completa, porque no se trata ni del director de la empresa o del administrador del cementerio, sino de un problema que debe resolverse a otros niveles.
“Entonces cómo se explica que los poquitos que somos tengamos que bajar el camión de ladrillo cuando llega, el cemento o los áridos, pero, además, construir bóvedas o nichos, chapear, guataquear, barrer las calles, en fin, hacerlo todo. Aquí hay 18 lotes, los chiquitos con más de 200 tumbas, pero los grandes pueden superar las 400. Si tuviéramos la fuerza de hace años, cuando la plantilla superaba los 30 obreros, entre ellos sepultureros, albañiles, barrenderos de calle, ayudantes de campo, el cementerio estaría impecable, porque las tareas estaban más organizadas, pero hoy se hace hasta lo imposible para que esto salga con solo tres o cuatro obreros que estamos activos”.
LOS CEMENTERIOS NO ESTÁN COLAPSADOS
“Los cementerios no están colapsados”, asegura Yoel Aquiles Martínez, al frente de la Dirección Provincial de Servicios Necrológicos en Sancti Spíritus, aunque, de seguirse incumpliendo con el cronograma de exhumaciones, pueden reducirse aún más las capacidades de enterramiento. En el caso del de la cabecera provincial, existen más de 500 sepulturas pendientes de abrirse. Si a eso se añade que alrededor del 50 por ciento del mismo está en manos del sector particular y solo el resto es propiedad estatal, que es a donde va la mayoría de los fallecidos, entonces la situación se torna más seria.

“Esta es la misma problemática que presentan otros camposantos del territorio —explica el director—, como los de Yaguajay y Trinidad, donde se espera por la voluntad de los familiares para realizar la exhumación. Cada año nuestra entidad dispone de un presupuesto para inversiones dentro de los cementerios; en el 2025, por ejemplo, se realizaron en la provincia unas 400 bóvedas y casi 3 000 nichos, todos con recursos del Estado.
“Pero nuestra estrategia es que en cada espacio donde exista una sepultura, una vez que se realice la exhumación, se construya una bóveda con cuatro capacidades, para crecer hacia arriba y ampliarnos con las gavetas a fin de eliminar los enterramientos en tierra. En el 2026 nuestro presupuesto para inversiones está en el orden de los 10 200 000 pesos, pero los precios de los recursos también aumentaron, lo que incide en el número de espacios que podamos terminar. Por suerte, estas labores constructivas las asumen los propios trabajadores de Servicios Necrológicos y no hay que contratar y pagar otra fuerza; de lo contrario, el dinero disminuiría aún más”, refiere finalmente Yoel.
Al libre albedrío no se puede dejar el desempeño en cada cementerio de la provincia. Esa es una tarea que, por su alta cuota de humanismo, requiere de responsabilidad; pero, más que eso, de prioridades por parte de organismos decisores para que la atención a estos sitios sagrados sea permanente, lo que incluye, además de la garantía de recursos, el cuidado a sus trabajadores.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











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