Cómo el calor doblegó el bronce hasta lograr la figura femenina, esbelta, elegante, con mirada firme a semejanza de lo que había soñado Jerónimo Martín Pinzón resulta uno de los tantos atractivos que recrea El fundidor de lirios; más que un relato corto, se inscribe como el más reciente alegrón del escritor Maikel José Rodríguez Calviño.
Precisamente, la relación de ese artista artesano y La Giraldilla, uno de los símbolos más hermosos y admirados de La Habana, la misma ciudad conquistada por el autor con raíces espirituanas, robó la atención del jurado del Premio La Edad de Oro ya que después de leer esas páginas decidió otorgarle el lauro en la categoría de Relato histórico/Testimonio.
“Este escrito se adentra en la vida y la obra de Jerónimo Martín Pinzón, uno de los artistas cubanos más significativos del periodo colonial cubano, aunque no se conozca tanto, ni por ser el fundidor de esa escultura admirada por todos”, señala.
Tras un largo proceso investigativo, Rodríguez Calviño cotejó informaciones, datos, fechas, elementos que le permitieron hilvanar sucesos, experiencias, vínculos de un contexto cubano también poco divulgado.
“Tuve que consultar muchísimas fuentes bibliográficas. Me apegué a la historia porque, incluso, es una característica para competir en la categoría convocada por la Editorial Gente Nueva. Pero dejé volar mi imaginación, porque, por ejemplo, históricamente se ha identificado o se han establecido nexos simbólicos, pudiéramos decir, entre Isabel de Bobadilla y la escultura”.
Se encontró este amante empedernido de las artes cubanas frente a la noble castellana, gobernadora de Cuba entre 1539 y 1544, y la única mujer que ha ostentado oficialmente el poder político y militar sobre esta nación. Mas su historia, por su propia condición de ser mujer, se ha transformado en símbolo romántico, mientras su dominio en un contexto predominante de hombres se construyó bajo la sombra de una leyenda.
“Isabel nunca vivió en el Castillo de la Real Fuerza, aunque sí fue ocupado por varios Capitanes Generales. Ella lo hizo en una torre de homenaje que su esposo hizo construir en el lugar que actualmente ocupa más o menos la Catedral de La Habana. Por tanto, es poco probable que Jerónimo Martín Pinzón se haya inspirado en ese personaje para crear La Giraldilla.
“Ante esa conclusión, surgió una pregunta esencial para el libro: ¿en qué se inspiró? Decidí hacer volar la imaginación y crear mi propia leyenda, digamos, pero sí con mucho respeto a la veracidad histórica”.

Igualmente, las páginas de El fundidor de lirios se convierten en homenaje sincero a Martín Pinzón, quien nos legó la veleta por orden del gobernador Juan de Bitrián y Viamontes entre 1630 y 1634.
“Fue un hombre que llegó a tener su propio taller de fundición. Lo imagino como un artista ya obsesionado con crear una obra de arte que lo trascendiera y no limitado a tallar mascarones de proa o a fundir piezas de bronce que serían utilizadas en la incipiente industria. Sueña con algo grande para ser admirado y se le presenta la oportunidad.
“Precisamente, con una entrevista que sostiene con Juan de Bitrián y Viamontes comienza este relato. Y a través de los ojos de Jerónimo Martín Pinzón, de su figura, descubrimos esa Habana del siglo XVII, que a veces también es muy poco conocida, muy poco investigada o muy poco divulgada”.
Con estos avances, la invitación a leer El fundidor de lirios está garantizada. Y es que Maikel José Rodríguez Calviño se ha ganado un espacio importante dentro de la literatura cubana. No en vano, además, del cariño de los lectores acumula varios galardones. Este es su tercer premio La Edad de Oro.
“Realmente, ha sido una sorpresa, en primer lugar y, como siempre, un placer. Llega justamente en la fecha en que cumplo 15 años de carrera como escritor. Asumo ese tiempo ya que hace exactamente ese período que obtuve mi primer lauro La Edad de Oro con Puertas de papel. Precisamente, así entré al mundo de la literatura dedicada a los públicos infantiles, adolescentes y juveniles. Después vino el premio en novela con Días de ángel y en la categoría de Relato histórico/Testimonio.
“El fundidor de lirios forma parte de un conjunto de libros que he creado desde los comienzos de mi carrera como autor. Me interesa acercar a los jóvenes y adolescentes al patrimonio arquitectónico, escultórico, artístico cubano. Por ejemplo, Los enigmas de la Rosa de Marfil es una novela que rinde tributo a La Habana y Cerezas al óleo lo hace a Sancti Spíritus.
“Hay otros textos que no han sido publicados en Cuba, que también de alguna manera rinden tributo al patrimonio artístico nacional. Me concentro en que descubran el arte que tienen a su alrededor y que lo hagan de la manera más divertida posible.
“También El fundidor… responde a otras particularidades de mi obra: mezcla elementos del terror gótico, pudiéramos decir, con el suspenso, con el drama familiar, con la visión psicológica del personaje principal.
Sin tiempo que perder, este autor al que la torre campanario de la Parroquial Mayor de Sancti Spíritus vio crecer, no detiene las ansias de la creación.
“Hace poco Gente Nueva publicó Cien preguntas sobre historia del arte universal y estamos planificando Cien preguntas sobre sitios y momentos de interés histórico, artístico, cultural a lo largo y ancho del país. Ese es uno de los proyectos literarios que quizás asuma en el futuro en dependencia del tiempo que tenga y de los compromisos editoriales a cumplir.

“En estos momentos trabajo en una versión de Macbeth, clásico de Shakespeare, pero con el estilo de una novela gótica. Preparamos la publicación de Poemas monstruosos para leer de noche, mi primer libro de poesía para niños, el único que he escrito hasta el momento”.
Son algunos de los proyectos editoriales que ocupan su agenda. Mas, entre tantos anhelos impulsa el ejercicio de ilustrar libros.
“Ya he ilustrado algunos. Soy un pintor frustrado. Fui de los muchachos que recibieron clases de dibujo en el antiguo Taller de Artes Plásticas, ubicado en los altos de la Plaza del Mercado, en la ciudad de Sancti Spíritus. Pero no fui disciplinado. Debí haber estudiado Artes Plásticas en la otrora Academia de Trinidad, pero me faltó valor para hacerlo. La vida me llevó por otro camino.
“No obstante, hoy insisto en ser artista gráfico. Preparo ilustraciones digitales de un libro mío que está en proceso por la editorial Abril. Son muchas las ideas y proyectos que solo buscan concretarse de la mejor manera posible”, concluyó.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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