Trinidad, memoria viva (+fotos)

La tercera villa fundada por los españoles en Cuba siente el peso de más de cinco siglos de historia. Además de contar con un patrimonio arquitectónico excepcional, posee otros valores, como su cultura y tradiciones, de los cuales viven orgullosos los trinitarios

El patrimonio arquitectónico de la villa espirituana de Trinidad perdura y seduce. (Foto: Roberto Javier Bermúdez/Escambray)

Trinidad, más que una ciudad, es una crónica viva. Las coloridas casas coloniales, las puertas de madera tallada, las rejas y los techos de tejas rojas componen un lienzo inigualable, un lugar donde cada detalle cuenta una historia y es refugio para los sentidos.

Su patrimonio arquitectónico perdura y seduce. Conservarlo ha desvelado a trinitarios y personalidades a través de los siglos para convertirse en un precioso legado que cada generación disfruta y resguarda.

Pero la riqueza de esta urbe trasciende su patrimonio edificado y se traduce en una cultura vibrante y diversa que se expresa a través de las manos de artesanos y creadores, de la voz de músicos y trovadores, de leyendas y tradiciones que se niegan a morir.

EL ALMA DE LA CIUDAD

Más allá de los muros, el espíritu que habita en cada sitio de esta urbe es único y late en la música que se disfruta en las esquinas, en el son que se desliza por las noches cálidas, en la trova que acompaña a los enamorados, en una puntada, en la pieza nacida de la arcilla, en el toque de un tambor y en la fe que arropa. Así se ha tallado la identidad de una villa al borde de sus 512 años.

Desde la Casa de la Trova, ubicada en un inmueble de 1777, músicos y poetas mantienen vivos los acordes que nacen del alma y de las cuerdas de una guitarra.

Figuras de la talla de Catalina Berroa, Lico Jiménez, Julio Cueva, Isabel Béquer, Pedrito González, Carlitos Irarragorri y Pavel Esquerra cultivan este género que deleita el oído por su vocabulario delicado y armonioso como expresión de legítima cubanía.

En ese coqueteo con la modernidad, Trinidad exhibe todo un abanico musical. Desde boleros, danzones, guarachas hasta otros internacionales como el rock y el jazz pueden disfrutarse en instituciones culturales como la Casa de la Música, en un parque y en espacios más íntimos.

Mientras, en el Palenque de los Congos Reales, los toques de tambor, las máscaras y los trajes típicos rinden tributo a la cultura africana. Este sincretismo se hace tangible en espacios como el Templo de Yemayá, una casa cercana a la Plaza Mayor, donde se rinde culto a la deidad yoruba.

En las calles se escuchan también cantos épicos, amorosos, patrióticos o satíricos. Son las Tonadas Trinitarias o fandangos, una manifestación musical única en Cuba que fusiona ritmos africanos con giros melódicos españoles. Con un cantante principal y un coro, acompañados de tambores pequeños, güiros y guataca, sobresalen entre las expresiones culturales más auténticas en esta villa patrimonial

 Y en ese crisol de identidad no pueden faltar sus fiestas tradicionales.  El San Juan o carnaval es la festividad más popular que se celebra en el mes de junio; la Semana de la Cultura coincide con el aniversario de fundación de la villa en enero; y están, además, la Candelaria, el Corpus Christi, la Cruz de Mayo, la Fiesta de San Blas…

ENTRE PUNTOS Y BORDADOS

Trinidad respira por sus puntadas. En 2018, fue declarada Ciudad Artesanal del Mundo y en 2019 Ciudad Creativa en Artesanías y Artes Populares por la exquisitez de las labores del hilo y de la aguja, unido al desempeño en la alfarería y el trabajo con fibras naturales.

Este arte del bordado y el deshilado, que antaño servía para confeccionar ajuares de novia y demostrar habilidades, es hoy el sello de identidad de la ciudad. Se conocen más de 50 tipos de puntos, con nombres poéticos como la trinitaria, barahúnda y ojito de la perdiz.

Manos expertas, como las de Mery Viciedo, Magalis Ramírez y Zobeida González, aseguran la continuidad de esta práctica amorosa que se transmite de madres a hijas y de maestros a aprendices en talleres que son santuarios de la paciencia y la creatividad.

Otros proyectos más contemporáneos como Entre hilos, alas y pinceles, liderado por la artista Yudit Vidal Faife, poseen un aire más innovador. Las piezas tradicionales de lencería se intervienen con pinturas y técnicas plásticas para transformarse en obras de arte que dialogan con la tradición.

LA CIUDAD QUE MIRA AL FUTURO

Bien saben los trinitarios que el patrimonio cultural más valioso es el que se vive. Preservar este milagro no es tarea sencilla. La ciudad enfrenta el dilema eterno de cómo abrazar el presente y el futuro sin traicionar al pasado.

Sin embargo, Trinidad persiste. Porque su mayor valor no está solo en lo que la Unesco protege, sino en la manera en que se vive aquí el valor de la memoria.

Y se renueva en la bordadora que convierte hilos en encajes delicados, en el artista que moldea la arcilla en su taller, en el músico que mantiene viva una melodía casi olvidada, en el restaurador de un edificio…  Un patrimonio con alma que exige respeto y regala, a cambio, la belleza serena de una ciudad que se niega a ser solo una postal y se enorgullece de sus hijos que viven, trabajan y sueñan.

 Son ellos los verdaderos cronistas, los que aseguran que esta ciudad-museo, esta ciudad-leyenda, siga contando su historia al mundo, piedra a piedra.

Ana Martha Panadés

Texto de Ana Martha Panadés
Reportera de Escambray. Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas sociales.

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