Aunque los diccionarios definen indistintamente la palabra chinchal como “tienda de ínfima condición” o “puesto pequeño de venta” y el vocabulario popular en Cuba la utiliza casi siempre de forma despectiva, asociada a un lugar de menor importancia, todas las reglas cuentan con excepciones porque no siempre utilizamos ese vocablo de forma desdeñosa en el contexto adecuado.
Por ejemplo, algunos consideran a las minindustrias locales apenas como unos chinchales sin trascendencia —por el reducido volumen de sus producciones en comparación con las grandes fábricas—, sin embargo, estos espacios ayudan mucho a satisfacer las necesidades de las comunidades donde se encuentran enclavados y un poquito más allá.
En Sancti Spíritus, donde ya suman alrededor de 60, estas pequeñas fábricas contribuyen de forma importante, fundamentalmente, a la producción de alimentos y de materiales de la construcción, empeño que además favorece la creación de fuentes de empleo en las zonas cercanas.
Específicamente en el sector Agropecuario de la provincia, las minindustrias se han ido multiplicando y ya hoy suman unas 30, la inmensa mayoría dedicadas al procesamiento de frutas, vegetales; y solo cuatro a los cárnicos.
Aunque aparecen ubicadas en todos los territorios, se han desplegado más en Sancti Spíritus, Cabaiguán y Yaguajay; y en todos los casos se encuentran subordinadas a las empresas agroindustriales municipales, de granos o pecuarias.
Estas instalaciones han nacido gracias a la iniciativa de esas propias entidades, complementadas por financiamientos de proyectos de desarrollo local o de colaboración internacional, en particular del nombrado APOCOOP, que apoya la intercooperación agropecuaria.
CALIDAD ASEGURADA
Con el objetivo fundamental de contratar los excedentes de producción del campo y evitar las pérdidas en cosecha, estas plantas se dedican a elaborar encurtidos, pulpas y dulces criollos, sazonadores, mojitos, embutidos y chorizos, vegetales y condimentos en conserva, entre otros muy útiles alimentos y complementos de la cocina.
Aunque en estos momentos algunas de estas fábricas presentan roturas o no cuentan con disponibilidad de envases, con sus diversos surtidos y significativos volúmenes de producción, en general, tributan a incrementar las utilidades en sus respectivas empresas.
“Sus ofertas se comercializan con gran aceptación en la red de mercados de Comercio y la Agricultura, ferias y puntos de venta. Además, se destinan al consumo social; y, cuando sus volúmenes productivos rebasan las necesidades locales, también tributan a diferentes destinos de esta y otras provincias”, aseguró a Escambray José Martínez Hernández, coordinador de programas y objetivos del Gobierno provincial que atiende la esfera agroalimentaria.
La calidad de sus producciones ha permitido incluso mantener contratos para abastecer instalaciones del turismo; y muchas de ellas gozan de gran reconocimiento entre los distintos segmentos de consumidores, por ejemplo, las ubicadas en la empresa agroindustrial de granos Sur del Jíbaro, en la agropecuaria Obdulio Morales, de Yaguajay, y en la pecuaria Managuaco.
En el sector Agropecuario de la provincia, las minindustrias se han ido multiplicando y ya hoy suman unas 30.
Algunas con tecnología de avanzada y otras más modestas, las minindustrias espirituanas funcionan con la debida acreditación de las normas sanitarias y de higiene, en particular las relacionadas con la inocuidad de los alimentos; los permisos comerciales establecidos, así como el respeto al medioambiente en los lugares donde se encuentran enclavadas.
MULTIPLICACIÓN NECESARIA
Aunque su aporte aún resulta modesto, pues no sobrepasa el 10 por ciento del total de las producciones agropecuarias de la provincia, en el 2024 las entregas de estas pequeñas fábricas sumaron más de 1 300 toneladas, este año ya rebasaron esa cifra y aspiran alcanzar más del doble al cierre de diciembre.
“Nosotros en el 2020 teníamos 16 minindustrias y ya hoy estamos hablando de 30. Tenemos que seguir ampliando esta opción, fundamentalmente en aquellas empresas que no las han incorporado y cuentan con buenos niveles de producción. Así evitamos pérdidas de cosechas, como por ejemplo muchas veces nos sucede en la campaña del mango en Trinidad”, comentó Jorge Luis Nápoles, jefe de sección comercial en la Delegación de la Agricultura.
Lógicamente, su multiplicación también depende de la gestión para encontrar proyectos que contribuyan con el financiamiento, la disponibilidad de materias primas excedentes de los planes establecidos, la disponibilidad de envases y la situación electroenergética, que muchas veces limita sus elaboraciones.
Con miras a su despliegue y crecimiento, hoy se construyen otras cuatro minindustrias en el sector campesino del territorio: una en Fomento, que se dedicará a la extracción del aceite de soya y de girasol; dos en Trinidad y una en Banao, ya en fase de terminación.
Por su importante contribución a la soberanía alimentaria en el autoabastecimiento local, urge extender estas pequeñas plantas a todos los territorios de la provincia para evitar pérdidas en las cosechas debido a la escasez de combustible y transporte para el acopio, una realidad que por ejemplo ha afectado la recogida de mangos y aguacates en Trinidad y Fomento, respectivamente.
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