Cronista del cuerpo de guardia: Así es el pediatra cubano que triunfa en las redes (+fotos y post)

Con decenas de miles de seguidores, el médico tunero Daniel Del Toro González ha ganado notoriedad gracias a la acertada simbiosis de talento, humor y defensa a ultranza de su profesión

Consagrado en cuerpo y alma a la Medicina, es también, en sus tiempos libres, poeta y creador de contenidos en redes sociales. (Fotos: Facebook)

—Mamá, ya vi la placa de su hijo, no tiene nada, está limpia, su niño lo que tiene es un catarro común de dos días de evolución. Por el momento, mantenerlo con abundantes líquidos y antipiréticos si hay fiebre.

—Doctor, ¿está seguro? Yo le tiré una foto a la placa y le veo ahí algo raro que seguro es reforzamiento.

—Mamá, ¿usted qué estudió?

—Economía, Doctor.

—Ah, pensé que Radiología…; en fin, mamá, el “reforzamiento” no existe, y eso que usted le “ve” son los bronquios, y es buena señal que los tenga.

Escenas como esta, de lo real maravilloso insular, se encuentra a diario en consulta el joven pediatra cubano Daniel Del Toro González. Y no solo las encuentra, sino que las relata luego en sus redes sociales —detalles más, detalles menos—, en una especie de ejercicio de creación de contenidos para padres primerizos, nerviosos o desesperados.

Justo ese tipo de madre soy, de las que se angustia cuando el termómetro llega a 37 y medio y llama al pediatra a las 11 de la noche por una tosecita boba. Madres como yo —el terror de los cuerpos de guardia— necesitan leer los post de Del Toro González, no importa si su consulta radica en el Hospital Pediátrico Provincial Mártires de Las Tunas y no a dos cuadras de la casa, porque la realidad que describe este joven galeno puede suceder en cualquier hogar de Cuba.

Las guardias son una fuente inagotable de inspiración para Daniel.

A la Medicina llegó primero como paciente, siendo el niño al que le indicaban análisis, poniendo el brazo para que le canalizaran la vena, haciendo estadías en hospitales pediátricos, incluido el William Soler, de La Habana. “Creo que fue así que comenzó mi vocación —confiesa vía WhatsApp—, desde entonces yo sabía que quería ser médico. Sin embargo, estuve en escuelas de deporte, fui campeón nacional de la categoría 11-12 en baloncesto, pero en noveno grado decidí ir al preuniversitario a coger Medicina. Y luego la carrera me encantó”.

En tus post sueles ironizar con las reacciones de la familia ante las dolencias de los niños. ¿Qué otras experiencias dignas de contar has visto en consultas?

“La ironía es muy propia del cubano, es muy típico de nosotros ese humor en situaciones en las que a veces nadie más se reiría, el cubano siempre encuentra la forma. A veces es la mejor manera de enseñar. Por ejemplo, he hablado sobre los cocimientos, y lo duro es que aún hoy en día llegan niños graves al hospital, algunos lamentablemente fallecen, por el uso de cocimientos en lactantes, por remedios que antes decían que eran buenos y realmente no lo son. Quizás el humor es una mejor forma de enseñar a la familia a que no debe administrárselo al niño, al menos así siempre lo he pensado”.

¿Qué tipos de madres/padres te has encontrado? ¿Cuál prefieres: los despreocupados o los demasiado intensos?

“Los extremos siempre son malos en cualquier aspecto de la vida y en este caso también. No son recomendable ni los unos ni los otros: los despreocupados son los que vienen ya cuando el niño va directo para una terapia, como médico no te dejan opciones; y los demasiado preocupados llegan desde que el niño hace una sola fiebre o incluso sin fiebre y eso como médico te satura, atender a un niño dos y tres veces que no tiene nada realmente. Todos los extremos son malos”.

¿Qué les recomendarías a los padres que antes de llevar al niño al médico ya han buscado los síntomas en Google o en ChatGPT?

“Es algo que nunca recomendaría. Incluso hay padres que me escriben por las redes, por WhatsApp, me dicen: Mi hijo tiene esto, me mandan una foto y me preguntan: Qué usted cree. Pero yo siempre respondo lo mismo: el médico tiene que ver en vivo al paciente. ChatGPT y Google no están viendo a tu hijo, no lo están examinando, tú le explicas algo a esos programas, pero tú no eres médico, quizás el síntoma que le dices como padre preocupado no es exactamente así desde el punto de vista científico. Siempre hay que ir al médico para que vea al niño, por fotos nunca va a ser igual, ni describirle a una Inteligencia Artificial lo que tú crees que tu hijo tiene”.

Los pediatras tratan a los niños y en ocasiones también son psiquiatras de los padres…

“Realmente es así. Hoy mismo en la guardia acabo de dar una charla de 10 minutos a unos padres sobre la fiebre, el tiempo que puede demorar en bajarse, medicamentos y demás. Son padres primerizos y su hijo está con fiebre desde ayer, es un lactante, es normal que estén preocupados. A veces se hace más bien a los hijos de forma indirecta educando adecuadamente a los padres y tranquilizándolos”.

MÉDICO, POETA Y…

Aunque algún abuelo prejuicioso lo mire de medio lado cuando lo ve llegar a consulta con sus audífonos, bajarse de la moto mientras conversa con el colega sobre la última rutina de ejercicios del gimnasio y los tatuajes que le sobresalen por la manga de la bata, Daniel Del Toro se toma muy en serio su profesión.

Entre las aficiones del joven pediatra figuran las rutinas del gimnasio.

Consagrado en cuerpo y alma a la Medicina, es también, en sus tiempos libres, poeta y creador de contenidos en redes sociales, no para monetizar ni para vivir de ello, sino como una forma de drenar la creatividad que no se ajusta a los límites físicos de la consulta, ni al rigor del estetoscopio.

“Siempre me ha gustado escribir —asegura—, de niño me gustaba leer mucho, tenía una colección de libros enorme, así empezó mi amor por la literatura. Tengo un libro publicado: Tequila en versos, y cuelgo contenidos poéticos en redes. A veces la literatura me sirve como desahogo, a veces como hobby; algunas historias son ficticias, otras, reales”.

Con más de 28 000 seguidores en Facebook, ¿te sientes un influencer? ¿Cuánto ha cambiado tu rutina desde que has aumentado el alcance de tus publicaciones?

“Hoy en día la palabra influencer, al menos yo, la asocio con una realidad muy ajena al cubano de a pie; son estos personajes que promocionan negocios, cafeterías, y no ven el día a día del cubano, no ven la dura realidad: a la abuela que pide comida en una esquina, al viejito que vende jabas para poder comer. Entonces, no me considero influencer. Yo solo escribo desde mi realidad, sin maquillaje, y por alguna razón eso ha conectado muy bien con las personas, les ha gustado”.

¿Cómo reaccionan quienes que te conocen como creador de contenido cuando luego te ven en consulta?

“La mayoría se ríe, me cuentan que me siguen; otros me dicen en broma que no los publique. Hasta ahora nadie me ha confrontado por una publicación, también porque siempre cuido la ética. Muchos casos son recreaciones de lo que pudiera pasar, pero en los casos que son reales siempre cuido la ética, nunca doy datos, cambio detalles, para que nadie se sienta expuesto”.

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Hace apenas unas semanas, Daniel Del Toro publicó un post que resultó particularmente polémico, al suscitar casi 10 000 reacciones y más de 800 comentarios.

“Lo que me motivó a escribirlo fue el cansancio de escuchar el mismo tipo de mensaje, de diferentes personas, sobre por qué trabajo. Hoy en día en Cuba el médico se ve como algo cotidiano, alguien que no merece atención, ni respeto, cuando en el mundo entero un médico es casi un Dios. En Cuba, no, y eso a veces cansa, ver cómo se trata a otros profesionales con respeto y al médico no siempre”.

Con ese agotamiento a cuestas, quizás saliendo de una guardia en la que no había conseguido pegar un ojo, el pediatra más popular de las redes cubanas dejó, acaso sin proponérselo, un post visceral que más bien parece una urgente declaración de principios.

“La vocación no es dejar de hacer comentarios con humor durante una guardia —escribió en Facebook—. La vocación también es poder llevar una guardia con humor, reírse un rato y tratar de pasarla lo mejor posible mientras se pueda. La vocación no significa mantenerse en silencio, tragándose cada insulto, mientras el familiar de turno, con el ácido fólico haciendo falta en el cerebro, te dice que eres un incompetente y que se va a quejar porque le explicaste que el niño con catarro no es una urgencia y que, mientras tanto, hay que atender primero al paciente que está convulsionando. No. Eso no es falta de vocación.

“La verdadera vocación es seguir trabajando cuando faltan medicamentos, cuando hay que hacer juegos mentales para calcular dosis, ajustar tratamientos y conseguir que alcance para todos. Es hacer una guardia cada tres días, salir destruido y aun así volver a levantarte al día siguiente para seguir dando lo mejor que tienes a tus pacientes, no importa si tuviste apagón de ocho horas o que en la mipyme de la esquina no te aceptaron vender el pollo en transferencia. Es trabajar dentro de un sistema y de un contexto en el que cada vez es más difícil ser médico y, paradójicamente, cada vez existen más razones para dejar de serlo.

“Y, aun así, aquí estamos. Porque tener vocación no significa dejar de cansarse, dejar de molestarse, dejar de hacer chistes o aguantarlo todo con una sonrisa. Tener vocación significa que, a pesar de todo eso, cuando llega el momento de atender a un paciente, haces tu trabajo. Eso también es vocación. Y probablemente sea una de las formas más reales de demostrarla”.

«Tener vocación significa que, a pesar de todo eso, cuando llega el momento de atender a un paciente, haces tu trabajo», asegura el doctor Daniel.

Gisselle Morales

Texto de Gisselle Morales
Periodista y editora web de Escambray. Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año (2016). Autora del blog Cuba profunda.

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