El 11 de marzo de 1876 nació Francisco Gómez Toro, o simplemente, Panchito. Hijo de Máximo Gómez y Bernarda del Toro; claro que por sus venas fluía el amor hacia la patria que lo vio nacer. Con apenas dos años cuando la familia partió al exilio en los Estados Unidos.
En Nueva Orleans escuchaba atento los relatos de Antonio Maceo. En Montecristi y Nueva York, al lado de José Martí, vio cómo se forjaba la unidad para la guerra necesaria. El Apóstol avivó en el joven los sentimientos por su tierra y la libertad.
Cuando su padre y Martí partían hacia la manigua, Panchito reclamó un lugar en esa expedición: “El deber me manda ir a tu lado. No es posible que yo me concrete a empujar la barca que te ha de llevar al sacrificio por la libertad de la tierra que guarda mi cuna”.
El Generalísimo le convenció de que no era el momento, prometió que lo antes posible lo mandaría a buscar.
El ímpetu de Panchito venció las palabras del Generalísimo. Cuando ya Martí había caído en Dos Ríos, llegó a tierras pinareñas en el barco Tres Amigos, en una expedición al mando del mayor general Juan Rius Rivera, en 1896.
El camino no fue fácil, pero logró unirse a las tropas del formidable Antonio Maceo. Él reconoció rápidamente en aquel joven un espíritu indomable y lo nombró su ayudante, un puesto reservado solo para los más leales y valientes.
El 7 de diciembre de 1896, herido en un brazo, Panchito recibió órdenes de permanecer en el campamento mientras sus compañeros enfrentaban al enemigo. Con solo 20 años corrió hacia el potrero de Bobadilla, donde dio su vida en un último y heroico intento por proteger al Titán de Bronce.
En el campo de batalla se truncaron sueños: pelear junto a su padre por la independencia, rendir homenaje al Apóstol en su tumba y conocer las dulzuras del amor.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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