Recientemente, las redes sociales y algunos portales digitales se sacudieron con una noticia aparentemente explosiva: un video en el que la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunciaba su renuncia al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). El mensaje implícito, amplificado con entusiasmo por cuentas opositoras y medios afines, era claro: un pilar del chavismo estaría abandonando el barco, una grieta de imposible reparación en el proyecto socialista. Sin embargo, un análisis mínimo de contexto y cronología desmonta por completo el supuesto “bombazo” y lo revela como un arma más en el arsenal de la desinformación política.
Esperar este tipo de material, en un contexto marcado por tensiones desde el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, deja una planicie efectiva para que este tipo de contenidos corran rápidamente por las redes sociales y no sean asociados con una política de gobierno firme y real.
El fenómeno es un caso de manual de cómo se manipula la percepción pública en la era digital. El material audiovisual es real, pero su marco temporal es falso. Como se ha verificado, la grabación data de 2018. En aquel momento, Rodríguez, efectivamente, presentó una carta de renuncia a la dirección del PSUV, un movimiento interno vinculado a su rol como fundadora del movimiento Somos Venezuela, una plataforma creada para fortalecer la campaña de Nicolás Maduro en las elecciones de ese año. Este hecho fue reportado en su momento por medios oficiales e, incluso, por agencias y periódicos cubanos, que lo cubrieron como un reajuste dentro de la Revolución Bolivariana. Lejos de ser una deserción, fue una reestructuración dentro del mismo campo político. De hecho, como bien se señala, ella retornó posteriormente a la dirección del partido, y Somos Venezuela sigue siendo un componente clave del Gran Polo Patriótico, la coalición oficialista.
La estrategia de quienes viralizaron el video esta vez es perversamente sencilla y efectiva a corto plazo: descontextualizar. Al eliminar la fecha y presentarlo como actual, se crea una narrativa de crisis y fractura inmediata. Es un video fantasma que resurge con un propósito político específico: socavar la imagen de unidad del chavismo en un momento de alta tensión geopolítica. La confusión se potencia al existir un partido opositor de nombre similar, Vente Venezuela, lo que permite insinuar, sin decirlo, una falsa migración de Delcy Rodríguez hacia el campo de María Corina Machado.
Los agentes de esta desinformación también son reveladores. No son, en primera instancia, medios tradicionales con manuales de verificación. Portales como Cubita Now (que, paradójicamente, recicla un hecho ya cubierto por medios cubanos años atrás) y diversas páginas de Facebook operan bajo la lógica del click y la propaganda, donde la velocidad y el impacto ideológico priman sobre la veracidad. Su objetivo no es informar, sino incendiar la plaza digital, alimentar la polarización y dar a su audiencia la ansiada —aunque falsa— noticia de un derrumbe interno en el adversario. Contrasta con el tratamiento original de 2018, donde el evento se situó en su justa dimensión política.
La reacción (o falta de ella) de los actores involucrados también es significativa. Delcy Rodríguez y las voces oficiales no se han dignado a aclarar un evento de hace seis años, porque hacerlo sería concederle importancia a una maniobra burda. Prefieren ignorarla, mientras su base, alertada por canales oficiales, la desmiente en las redes. Esto deja a una amplia capa de usuarios desprevenidos o con sesgo antichavista como campo fértil para la intoxicación.
El caso del video reciclado de Delcy Rodríguez es mucho más que una fake news aislada. Es un síntoma de una guerra política donde la información se convierte en arma. Demuestra cómo el pasado se edita y se relanza para servir a los intereses del presente, confiando en la memoria corta de las audiencias y en la voracidad de los algoritmos por el contenido sensacional. Que el mismo hecho que en 2018 fue narrado por medios aliados (como los cubanos) como un reajuste interno hoy se pretenda vender como una deserción ilustra a la perfección el divorcio entre el hecho histórico y su uso propagandístico.
Para el periodismo serio es un recordatorio de que la primera pregunta siempre debe ser “cuándo” y de contrastar con el archivo noticioso. Para la ciudadanía es una lección de escepticismo: en la política venezolana, hasta un video real y un hecho verificado pueden ser tergiversados en una mentira contemporánea. La verdad no está solo en las imágenes, sino en el contexto que algunos se empeñan en borrar.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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