Hasta luego al eterno conservador de Sancti Spíritus

Roberto Vitlloch fue un defensor a ultranza del patrimonio de la cuarta villa de Cuba

Roberto Vitlloch vivió por y para la cuarta villa de Cuba. (Foto: Frank de la Guardia (Jr))

Cuando en julio confesó que hasta el último de sus días estaría a los pies de la urbe del Yayabo, Roberto Vitlloch no imaginó que ese anhelo llegaría tan de prisa. Prefiero creer que respondió para salir de esta reportera testigo en aquella jornada no de una despedida como conservador de la Oficina que como fiel arquitecto acomodó sino de un momento donde florecieron muchos abrazos sinceros de la familia, amistades y compañeros de trabajo.

Fue una mañana hermosa, de esos sucesos que calan hondo porque te confirman que las entregas y pasiones por la profesión que te elige valen la pena. Así lo vivió él, el espirituano de pequeña estatura, pero de inmenso espíritu cuando salía a cualquier escenario en defensa de un patrimonio conocido de memoria.

No pudo ser diferente porque Roberto Vitlloch vivió para Sancti Spíritus prácticamente desde que vino al mundo. Por ello, no sorprendió que durante sus estudios en la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echevarría (CUJAE), cada plano, idea, proyecto emergió con trazos de como la llamaba “la ensalada arquitectónica” de una ciudad con estructura de plato roto. Tampoco, asombró que dejó a un lado opciones tentadoras y pidió con el título en las manos impulsar muchos de sus sueños y el de otros en esta misma tierra.

Fue esa su manera de agradecer, pagar… lo que tanto le aportaba la añeja villa a cada paso por uno de sus bocacalles, parque Serafín Sánchez Valdivia, márgenes del río Yayabo…

“Vitlloch le debe a la ciudad el espíritu de espirituanidad, de transitar por las calles, de bailar las congas…”, dejó escapar en aquel último encuentro justo en uno de sus tantos anhelos materializados: el bello y confortable Salón de Convenciones La Merced.

Como sucede cuando se quiere hacer mucho, a este arquitecto de grandes sueños le quedó repleta la agenda. Pensó desde su casa en Avenida de los Mártires No. 217, después de aceptar la jubilación, acompañar, guiar, enseñar…, saldar deudas con el sitio Hornos de cal, donde fragmentos de naturaleza autóctona toman vida, el Paso de las Damas, escenario con huellas de Serafín Sánchez y Pueblo viejo, un fragmento que se empeña en no quedar en el olvido porque tiene mucho que contar de los años fundacionales.

Mencionar cada anhelo pendiente será desafiar la concisión periodística porque Vitlloch, a semejanza de un Quijote, jamás depuso su defensa a ultranza por los valores de la cuarta villa de Cuba. Demasiadas batallas libró siempre. Argumentos como escudos lo llevaron a la victoria, unas veces, en otras, a buscar el mejor camino porque de cansancio, dejarse vencer jamás entendió.

De ahí que la ovación acompañó, en aquella mañana de finales de julio, su declaración que solo tomaría un impasse porque Roberto Vitlloch no podría alejarse de la ciudad de sus sueños:

“Siempre seré un conservador de Sancti Spíritus”, alegó y lo será.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

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