Miles participaron en la ciudad más grande de Estados Unidos en el festejo callejero por la toma de posesión de un socialista democrático como alcalde de la meca del capitalismo y el triunfo popular de una contracorriente progresista que rompió el monopolio de la cúpula política de ambos partidos nacionales y representa un repudio a la derecha que controla Washington.
Zohran Kwame Mamdani rindió protesta oficialmente en los primeros minutos de 2026 en un acto breve, pero al mediodía se realizó la ceremonia popular en la alcaldía, con miles de asistentes a la fiesta callejera a lo largo de varias cuadras de Broadway, al lado de la sede del poder municipal. En esta Babel con más de 700 idiomas (la ciudad lingüísticamente más diversa del mundo) se entendió el lenguaje universal de la esperanza.
Fue una coalición multirracial, multiétnica y ecuménica de diversas agrupaciones sociales, y sobre todo la voz rebelde de jóvenes, lo que llevó a Mamdani de ser un político local desconocido hace un año a volverse una figura reconocida a nivel internacional. Él repetía durante la campaña que “no es la historia de un hombre; es la historia de un movimiento”.
Ayer, después de juramentar en las escalinatas de la alcaldía, Mamdani declaró: “Hoy empieza una nueva era” y agradeció a las decenas de miles de voluntarios, al movimiento laboral, a los artistas, a los políticos y los demás que lograron este triunfo, y reconoció en particular a su mentor, el senador socialista democrático Bernie Sanders. Agradeció “a los decenas de miles que se reunieron aquí en la parte baja de Manhattan, armados contra el frío de enero con la llama reavivada de la esperanza”.
En un discurso repleto de referencias muy neoyorquinas celebrando la gastronomía, los olores, los idiomas y las aventuras de un habitante de esta metrópolis, insistió en que el objetivo inmediato es construir un gobierno para las grandes mayorías. “¿A quién pertenece Nueva York?”, preguntó, para luego recordar que durante demasiado tiempo perteneció a los “ricos y bien conectados”, pero a partir de ahora es para los “ocho y medio millones” que la habitan, y que su propósito inmediato es que “esta ciudad pertenezca a cada vez más a todos los neoyorquinos”. Hizo énfasis en que “no abandonaré mis principios” y recordó: “Hice campaña como socialista democrático y gobernaré como socialista democrático.
“Quieren saber si la izquierda puede gobernar… Sí podemos tener esperanza otra vez. Sentaremos un ejemplo para el mundo”, concluyó.
El encargado de administrar el juramento simbólico (el acto oficial se realizó en los primeros minutos de la madrugada) fue Bernie Sanders, originario de Brooklyn (tiene el acento para comprobarlo), quien fue recibido con gritos de “¡Bernie!” y es tal vez el político electo más popular del país.
Sanders declaró: “Gracias, Nueva York, por inspirar a nuestra nación… Enfrentaron a la cúpula demócrata, a la cúpula republicana, al presidente de Estados Unidos y a varios multimillonarios, y triunfaron, en el revés electoral más grande de la historia política moderna. Cuando la gente trabajadora se une y no se deja dividir, no hay nada que no podamos lograr”. Subrayó la promesa electoral de elevar los impuestos a los ricos y el público coreó esa consigna.
Esta ceremonia-festejo comenzó con la diputada demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, una de las figuras políticas progresistas más influyente a nivel nacional, declarando: “Nueva York, hemos optado por la valentía sobre el temor. Hemos optado por la prosperidad para los muchos sobre los despojos por los pocos”, y concluyó (en español): “Felicidades”.
Imam Khalid Latif, acompañado de una rabina y varios pastores cristianos, ofreció un mensaje de unidad en apoyo al primer alcalde musulmán de la ciudad, y el primer inmigrante en un siglo. Celebraron la diversidad de la ciudad y, en nombre de los trabajadores, declararon: “La ciudad nos pertenece a todos y nuestra liberación está en todos nosotros”.
Entre el público estaban los últimos dos alcaldes, pero fue notoria la ausencia del ex alcalde y distinguido representante del uno por ciento más rico del país, el multimillonario Michael Bloomberg, como también la presencia renuente del líder de la bancada demócrata en el Senado, Chuck Schumer –quien regateó su respaldo a Mamdani durante su campaña–, al igual de que otros demócratas de la cúpula.
El poeta afroestadunidense Cornelius Eady leyó su poema Confirmación para esta ceremonia. Algunos versos: “Nueva York, ciudad de invento… Ciudad de insistencia, ciudad de resistencia… Nueva York, donde tu ser afortunado espera tu llegada / Donde siempre hay tierra para tu raíz… Éste es nuestro momento… Este momento es nuestra confirmación”.
La música, desde rap, del sureste asiático, el Caribe, África, Bob Dylan y ABBA, hasta Stevie Wonder, los Beatles y Talking Heads y más, ayudó a los asistentes a moverse contra el frío. En vivo, la joven música Lucy Dacus (de la banda Boygenius) interpretó la legendaria canción de la lucha obrera Pan y rosas, himno que salió de una histórica huelga de mujeres textileras a principios del siglo XX. “Al marchar, marchar, luchamos por pan, pero por rosas también…. Pan y rosas”.
Pero ahora empieza lo más difícil: gobernar una ciudad de 8.5 millones, presidir un gobierno con 300 mil empleados y cumplir con las promesas electorales de crear una ciudad más asequible para todos sus habitantes mediante el congelamiento de las rentas en edificios donde existen controles municipales sobre incrementos; autobuses municipales gratuitos, mercados subsidiados, programas de cuidado de niños y elevar los impuestos a los ricos. Y Mamdani ya enfrenta oposición de varios sectores dentro y fuera de la ciudad, incluida la derecha gobernante en Washington.
Mamdani, el alcalde más joven en un siglo, fue claro en que, para lograr esto y más, se requiere comprender que el movimiento que lo llevó a la alcaldía “no acabó con nuestra elección… Apenas empieza nuestro trabajo”.
(Tomado de La Jornada)
Escambray Periódico de Sancti Spíritus










Escambray se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social, así como los que no guarden relación con el tema en cuestión.