Cuba, por fin, bulle al calor de los play off de la 64 Serie Nacional de béisbol, que enrola a los ocho equipos capaces de pasar las pruebas de acceso a esta postemporada.
Aunque con visibilidad limitada por los prolongados apagones y los problemas de conectividad y cobertura, la fiesta beisbolera encara otros desafíos, más allá de garantizar la conexión con sus aficionados y propiciarle el disfrute lógico que siempre se espera de un momento como este: la de reconstruir, hasta donde pueda, algunos “platos rotos” de su fase clasificatoria.
Entre los más recientes, el dilatado proceso de definición de la octava plaza, que demoró tanto como un mes, luego de concluido el calendario competitivo para la mayoría de los equipos. Casi ninguna campaña en Cuba se ha escapado de partidos pendientes que luego inciden en la clasificación, lo cual ha generado históricamente especulaciones y cuestionamientos. Sin ánimos de atizar una polémica que no necesita de chispas adicionales, quedará para la historia —triste, por cierto— el hecho de que un solo equipo haya debido efectuar, en retahíla, nueve juegos y los haya ganado todos, a pesar de que no es una racha inédita y de la conocida garra naranja, mal interpretada, a mi juicio, como heroicidad o hazaña de un equipo que, confieso, he admirado siempre. Lo real es que, aun sin tener la culpa, pues tenía tanto derecho como el resto de completar los 75 encuentros de la clasificatoria, fueron victorias en circunstancias anómalas.
Sobre el particular, apreciaciones en el tintero: amén de la ética deportiva, esa que se jura defender en los actos de abanderamiento de los conjuntos antes de cada serie, nadie puede aspirar a que un equipo que ya concluyó, sin boleto, su fase regular se mantenga compacto y activo a la espera de uno o dos juegos que no le representan nada y, mucho menos, que le ofrezca resistencia al otro, con todas sus armas y la motivación en alza. Tampoco puede exigírseles rivalidad a elencos como Las Tunas y Holguín, concentrados, lógicamente, en mantener saludables a sus regulares para los play off.
Quedaría mal parado el “jurista” que buscara “evidencias” de lo que muchos llaman juegos regalados. Pero, además de lo subjetivo, están los boletos excesivos, errores-horrores, para no hablar del penúltimo partido vs. Camagüey, que voltearon los ahijados de Ramón Moré en el último inning, cuando perdían 2-7 y ante una selección que no sacó ni un out en esa entrada y viajó con 17 jugadores, de ellos cuatro lanzadores para tres encuentros —diría los que encontró—, más para cumplir una tarea o un cronograma que para jugar.
Solo que el incidente, por bochornoso, puso en ascuas la capacidad de previsión y la misma organización interna de la Comisión Nacional del deporte que, tras poner su calendario a la usanza de la agenda internacional, ha debido trastocar sus decisiones varias veces, una de ellas, la duración y fecha de inicio de los cuartos de final que hoy, finalmente, se viven.
Deja mal parado el prestigio y el respeto de lo que es, aún, el principal espectáculo sociocultural de la nación de un deporte que se jacta, con justicia, de ser patrimonio cultural de Cuba.
Deja, también, como siempre, tareas pendientes. Una de ellas la de ver con ojos más serios y en su momento la suerte de los partidos pendientes o suspendidos, que siempre han existido por causa de la lluvia o la poca iluminación, pero que esta vez se agudizaron por llegadas tardes a las sedes de competencia de equipos y hasta de árbitros, o la falta de sueño y descanso de los jugadores por culpa de los apagones y hasta de un robo en pleno estadio y un huracán “no planificado”. Otra, que, como mismo transparentó el uso y gestión de los dólares que recibe por concepto de contratación de sus atletas en el exterior, la Comisión Nacional asuma su responsabilidad en el asunto, no por la clasificación de un equipo en detrimento del otro, sino por lo que ello define en la credibilidad dentro de la afición que representa y la etiqueta de imagen dentro y fuera de la nación.
Resulta difícil en una campaña que se juega a cinco encuentros seguidos en la burbuja de una sola sede, pero la luz larga debe considerar lo que pueda hacerse los viernes y lunes, días de descanso, siempre que sea factible claro, por temas relacionados con los traslados de cada conjunto hacia las sedes de las subseries que le siguen a la afectada. Todo análisis es válido si este evita un agonizante período de recuperación de partidos como el que acaba de concluir y sumió a la Serie 64 en el peor de los prefacios posibles de su fiesta de play off.
Otro “plato roto”. Ojalá los ocho directores enrolados, en medio de las tensiones que deben asumir en cada partido por los cambios de lanzador, jugadas y estrategias en momentos claves, dejen un espacio en sus neuronas para no cometer una de las pifias que más ensombrecieron la fase regular: los encuentros confiscados por jugadores impropios o violación del reglamento y en los que se enrolaron casi todos los conjuntos, incluido el nuestro, ya en las postrimerías ante Mayabeque y que quizás le costó el acceso a la IV Liga Élite.
Pero estas aguas, aunque los enturbiaron, no mueven ya aquellos molinos. El play off, que por suerte no concibe juegos pendientes, ya transita por su propio carril y en sus compases iniciales al menos ha logrado traer de vuelta al graderío a los aficionados “ahuyentados” en la fase regular, pulsar expectativas y avivar el escenario con repique de tambores, bullicio al por mayor, sinfonía de voces y colores, polémica virtual y presencial.
Los saldos primarios también aconsejan no irse con la primera bola. Impredecible como todas, la postemporada conmina a no celebrar por adelantado por quienes hayan marcado en la casilla de las victorias. A los cuartos de final les queda más de lo que han transitado, para suerte de seguidores que, a pesar de todo, se ingenian las vías al menos para saber los resultados de cada juego cuando otros impedimentos limitan visualizarlos o escucharlos. Para suerte de disfrute, los Gallos, que en buena lid ganaron su boleto, esperan que sus gradas, las del “Huelga” y las de fuera de este, también se inunden.
En su valla principal las acciones están pactadas para el sábado a la una y treinta de la tarde, el domingo a las once de la mañana y el lunes a la una y treinta de la tarde. De no encontrarse decisión, el cotejo de cuartos de final entre Gallos y Cocodrilos regresa a Matanzas miércoles y jueves, tras el descanso del martes.
Ocho equipos luchan y solo cuatro quedarán con vida para vivir las emociones de la semifinal, de donde dos pugnarán por el título en desafíos que serán igual de siete al mejor en cuatro.
La apuesta es, entonces, por el buen espectáculo y el sano esparcimiento, por que la defensa del equipo preferido no se torne en ciega parcialidad o pasión desenfrenada, por que las discrepancias no se truequen en trifulcas… Así habrá ganado la pelota cubana, que es como decir nosotros mismos.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus










Escambray se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social, así como los que no guarden relación con el tema en cuestión.