Siempre he vivido de la máquina de coser (+fotos)

Confiesa Berta Esther Acosta Marín, una vecina del Consejo Popular Kilo-12 en Sancti Spíritus que, desde hace casi 60 años vive entregada a su labor como costurera y quien no ha temido a emprender un negocio propio dedicado a la confección de prendas

“Mi familia ha sido la mayor motivación, ellos me han apoyado e incitado a arriesgarme siempre; eso ha hecho este camino más fácil”, asegura Berta. (Fotos: Gabriela Estrella Cañizares/Escambray)

Con centímetro en mano, me recibió Berta Esther Acosta Marín en su casa, ubicada en el Consejo Popular Kilo-12, de la ciudad de Sancti Spíritus, una mujer que a decir de sus vecinos es un ejemplo de superación y sacrificio. No solo dedica incontables horas a su labor como costurera; también se ha aventurado a emprender un negocio propio dedicado a la confección de prendas.

“Comencé a coser con 16 años de forma empírica, sin tener apenas algunos conocimientos, pero fue algo muy natural para mí; poco a poco fui buscando las telas, aprendiendo, superándome hasta poder comprar mis propias máquinas de coser”, asegura Berta.

Una mujer resiliente, sinónimo de superación y sacrificio. Con tan sólo 20 años se aventuró en el complejo camino de emprender un negocio dedicado a la confección y venta de prendas de vestir para niños y adultos; pues fue así como hizo de su gran pasión —la costura— una forma de vida y sustento para su familia.

Desde hace muchos años dedica gran parte de su tiempo a trabajar en su punto de venta en la Feria Agropecuaria Delio Luna Echemendía, donde tiene la oportunidad de conocer mejor a sus clientes.

“Cuando obtuve mi patente hacía todo yo sola, confeccionaba y vendía, todo un reto para mí porque, además, atendía mi casa con mi esposo e hijos pequeños. Fueron muchas las madrugadas en vela sentada en la máquina sin parar, pero hoy, mirando hacia atrás, no lo cambiaría por nada porque eso es lo que me gusta hacer”, confiesa.

Ello la llevó a no abandonar nunca esta labor, ni en los tiempos más difíciles, cuando perdió a su esposo y tuvo que asumir sola la crianza de sus hijos; pero, como ella misma precisa, fue la máquina de coser la que le permitió terminarlos de criar. De hecho, a su hija desde muy pequeña le inculcó el amor por el oficio y hoy, también, es la forma de ganar su sustento.

“Siempre he vivido de la máquina de coser. Ha sido un camino duro, pero es algo que, si tuviera la oportunidad, volvería a escoger con los ojos cerrados, pues me ha hecho inmensamente feliz”, afirma Berta emocionada.

Desde hace algunos años, reside en este barrio de la ciudad de Sancti Spíritus, un lugar donde se ha sentido bienvenida desde el primer día.

“Este oficio te da mucho espacio para crear y confeccionar aquello que está en tu imaginación”, precisa Berta.

“Desde que llegué al Kilo-12 los vecinos se acercan a mí en busca de prendas de vestir —ya sea canastilla, ropa de niño o adulto—. También me sentido muy feliz de colaborar en actividades y exposiciones en la comunidad para motivar a otras niñas y mujeres a elegir el oficio que tan feliz me ha hecho”.

Con 74 años cumplidos y casi 60 dedicados a su labor como costurera y emprendedora, Berta exhorta a quienes tengan en sus manos habilidades creadoras a arriesgarse, apostar por su pasión sin temor, pues, sin lugar a dudas, van a triunfar y recoger, como ella misma lo ha hecho, los frutos de tantos años de esfuerzo y dedicación a un oficio al que continúa entregando su vida.

Gabriela Estrella Cañizares

Texto de Gabriela Estrella Cañizares

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