Trump y Netanyahu incendian Oriente Medio: el Golfo Pérsico se convierte en una trampa para la economía global

La batalla de EEUU e Israel contra Irán se extiende al Líbano y Chipre y convierte el Estrecho de Ormuz en un peligroso embudo para el flujo mundial de crudo

Columnas de humo se elevan tras un ataque israelí en los suburbios del sur de Beirut. (Foto: REUTERS)

Tras el asesinato del líder supremo iraní, Alí Jameneí, los misiles estadounidenses e israelíes siguen golpeando Irán, donde medio millar de personas han muerto ya en la ofensiva desatada por Washington y Tel Aviv contra el país persa desde el sábado. Teherán ha respondido con ataques por todo el Golfo Pérsico, contra bases de EEUU e instalaciones de hidrocarburos de los países árabes, y ha extendido la crisis al Mediterráneo, atacando un estacionamiento militar británico en Chipre, al tiempo que sus aliados de Hizbulá arremeten contra Israel desde el Líbano

La brutal represalia israelí en este nuevo frente de la guerra dejó al menos 35 muertos en Beirut y el sur del Líbano. El ataque de Hizbulá, formación muy debilitada tras la última invasión israelí del Líbano, constata la incorporación del Eje de Resistencia de milicias proiraníes de la región, enemigos mortales de Israel, a un conflicto que se expande por todo Oriente Medio y cuyos efectos económicos ya se dejan sentir en el resto del planeta con la subida de los precios del crudo y los altibajos en las bolsas, y aumentando la enorme incertidumbre ligada a esta contienda.

En Israel, los misiles y bombas iraníes ya habían causado el sábado y el domingo pasados diez muertos, demostrando que la cúpula de hierro de defensas antiaéreas que protege el país judío no es tan invulnerable como se pensaba. A las acciones de Irán se añade ahora la amenaza de Hizbulá en el norte del país. El Gobierno del primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha ordenado la movilización de 100.000 reservistas y no se descarta una nueva intervención a gran escala en el Líbano, convertido en otro escenario de la guerra de Irán que podría extenderse pronto a Siria, donde hay emplazamientos militares estadounidenses y donde Israel, tras la caída del régimen de Bachar al Asad, realiza periódicas operaciones contra los grupos de proiraníes que quedan en ese país vecino.

La guerra entra en el Mediterráneo       

En Chipre, un dron iraní desató en la medianoche del domingo más alarma si cabe. Aunque solo causó daños menores, el efecto de ese aparato no tripulado en la base británica de Akrotiri se extendió a Bruselas, donde la Unión Europea, a la que pertenece Chipre, no ha sido capaz hasta el momento de emitir un comunicado conjunto y consensuado sobre la guerra desencadenada por EEUU e Israel.

Si se pronunciaron los tres miembros del llamado bloque E3 europeo, es decir, Alemania, Reino Unido y Francia, que, el domingo anunciaron en un comunicado que están listos para intervenir de una u otra forma en la guerra de Irán. Aunque este lunes, el Ministerio de Exteriores alemán reculó y dijo que no pensaba tomar parte en el conflicto,  solo sirvió para destacar una vez más çla falta de unidad y la inconsistencia de la política exterior europea.

Lo que esos tres países subrayaban en el citado comunicado era muy claro: se comprometían a actuar contra Irán a fin de desarmar al régimen de los ayatolas y defender los intereses propios y los de los aliados de esos países europeos.

«Tomaremos medidas para defender nuestros intereses y los de nuestros aliados en la región, potencialmente permitiendo las acciones defensivas necesarias y proporcionadas para destruir la capacidad de Irán de lanzar misiles y drones en su origen», subrayó el comunicado, firmado por el presidente francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Friedrich Merz, y el primer ministro británico, Keir Starmer.

En concordancia con este espíritu belicista, Macron anunció que el portaaviones francés Charles de Gaulle y su grupo de combate navegaban ya hacia el Mediterráneo Oriental desde su posición en el mar Báltico.  

El documento también subrayaba que Londres, París y Berlín habían decidido colaborar con Estados Unidos y los aliados europeos en la región, en referencia a los países árabes que, de una u otra forma, habían sido afectados al atacar Irán las bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, es decir, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e incluso Arabia Saudí, el principal rival árabe de Teherán.

Irán arremete contra los aliados árabes de EEUU       

Horas después de la firma de esta declaración, después matizada por Alemania hasta la mayor de las confusiones, los ataques iraníes se enfocaron no solo en las bases estadounidenses, sino también en las capacidades energéticas de esos países aliados de Occidente en el Golfo Pérsico, que comenzaron a suspenderse. También resultó afectada casi toda la producción petrolera en el Kurdistán iraquí y varios yacimientos de gas israelíes, deteniendo sus exportaciones al vecino Egipto.

Este lunes, la mayor refinería de petróleo de Arabia Saudí, situada junto a la localidad de Ras Tanura y con una capacidad de refinado de medio millón de barriles de crudo diarios, paró su funcionamiento al convertirse en el blanco de dos drones iraníes. Aunque ambos aparatos fueron interceptados, sus fragmentos causaron un incendio que obligó a detener el trabajo de la planta. No había daños mayores, pero el mensaje de Irán era claro.

Con el ataque a Ras Tanura se confirmaba uno de los temores que en Oriente Medio habían ido creciendo desde que en la mañana del 28 de febrero comenzara la ofensiva conjunta israelí-estadounidense contra Irán, esto es, que Teherán atacaría más tarde o más temprano las instalaciones petrolíferas y gasíferas de los países ribereños, todos ellos amigos de Washington en la región. El impacto global fue inmediato: el parón de Ras Tanuera afectó a los precios del gasóleo, pues esa planta es una de las mayores refinerías mundiales de diesel.

No lejos de esta refinería, manejada por Aramco, se encuentra la principal terminal de exportación de crudo y productos petrolíferos de esta empresa estatal saudí, con muelles de amarre, tanques de almacenamiento y espacios de carga en alta mar.

Arabia Saudí podría sumarse a la ofensiva contra Irán      

«El ataque a la refinería de Ras Tanura, en Arabia Saudí, marca una escalada significativa (en la guerra), con la infraestructura energética del Golfo ahora en la mira de Irán», afirmó, citado por la agencia Reuters, el analista Torbjorn Soltvedt, experto en Oriente Medio de la firma de inteligencia de riesgos Verisk Maplecroft.

Soltvedt lanzó un inquietante pronóstico: «Es probable que este ataque sirva para acercar a Arabia Saudí y a los estados vecinos del Golfo a unirse a las operaciones militares estadounidenses e israelíes contra Irán». El Gobierno de Riad ya había condenado, antes de que se produjera este ataque, las acciones iraníes en el Golfo Pérsico y no mostró ninguna crítica a la ofensiva de EEUU e Israel.

Ahora, la amenaza directa iraní a los activos petrolíferos saudíes podría ser el pretexto que necesitaba Riad para unirse a los lobos occidentales que tratan de despedazar Irán. No sería, además, la primera vez que iraníes y saudíes se ven las caras en un conflicto. En la guerra civil de Yemen, Irán ha apoyado a los rebeldes hutíes, también de credo chií, en contra de los oficialistas suníes respaldados por Arabia Saudí.

Al comenzar la intervención militar conjunta de Israel y EEUU contra Irán, Arabia Saudí había asumido la contención de las inevitables subidas del precio del petróleo (este lunes superó los 80 dólares por barril) por esta guerra. La idea era impulsar en la OPEP, donde su capacidad de influencia es muy grande, la decisión de aumentar la producción de crudo de ese grupo en 206.000 barriles diarios.

No fue el incidente de Ras Tanura la única alteración grave en las industrias de hidrocarburos del Golfo y zonas cercanas debido a las acciones bélicas iraníes. En buena parte de Oriente Medio, la capacidad de producción de petróleo, gas y sus derivados fue desconectándose este lunes de forma preventiva ante las represalias iraníes.

Catar, por ejemplo, detuvo su producción de gas natural licuado. La producción catarí de GNL equivale a aproximadamente el 20% del suministro mundial y es especialmente importante para los mercados europeo y asiático. El 82% de los clientes de la empresa estatal QatarEnergy son asiáticos. Su mayor complejo gasístico en Ras Laffan fue atacado por drones iraníes, lo que llevó a la suspensión de su actividad. Los drones iraníes también atacaron la zona industrial de Mesaieed, en el sur de Catar, que, aunque está lejos de los yacimientos de gas, alberga instalaciones petroquímicas y manufactureras en su área de producción.

 Ormuz, clave en la guerra    

El otro gran temor geoeconómico de la crisis actual con Irán es la posibilidad de que Teherán intente bloquear el estrecho de Ormuz, entre el Golfo Pérsico y la salida hacia el océano Índico. Por este canal pasa cerca del 20% del suministro mundial de petróleo del planeta, y también buena parte del gas natural licuado.

Lo cierto es que, aunque Irán no ha bloqueado aún militarmente Ormuz, y aunque quizá ni siquiera pueda acometer semejante operación bélica, el tránsito de buques por ese estrecho ha caído en picado. Ni armadores ni aseguradoras de los barcos están dispuestos a perder millones de dólares cuando la guerra no solo no está remitiendo, sino que la confrontación se ha redoblado y el presidente estadounidense, Donald Trump, reconoce que la contienda podría alargarse.

El problema para Irán es que mantener durante mucho tiempo un eventual bloqueo del estrecho de Ormuz sería una tarea ímproba desde el punto de vista militar. Sus propias instalaciones en Ormuz quedarían expuestas al ataque e incluso la conquista enemiga, sobretodo la isla de Kharg, el vórtice de las exportaciones de crudo iraníes, indefendible ante una eventual operación estadounidense-saudí.

La cuestión china      

También enfrentaría a Irán con China, su principal comprador de petróleo y que hasta este momento ha mantenido una actitud muy crítica con EEUU e Israel. En realidad, pese a que Pekín compra el 80% del crudo iraní, este monto solo supone el 11% de sus adquisiciones de petróleo. Los chinos compran también crudo de otros países del Golfo Pérsico hasta llegar al 45% de sus necesidades.

De momento, China sigue apoyando a Irán y con creciente decisión. Este lunes, el canciller chino, Wang Yi, mostró a su homólogo iraní, Abas Araqchí, todo el respaldo de Pekín a Teherán en la defensa de su soberanía, seguridad e integridad territorial. Un apoyo clave que lanza una directa advertencia a Washington, a un mes de que Trump visite Pekín.

En cualquier caso, hay algo de lo que pocos, y China menos, dudan en torno a la república islámica de Irán. Si se viera en una posición de amenaza existencial, su reacción final sería incierta y el riesgo de una huida hacia delante, tirando todas las piezas del tablero, no sería descartable.

Esta es la alternativa que querría Israel, empeñado en la aniquilación de Irán, sea islámico o no, y todos sus movimientos apuntan a esa «guerra total» arrastrando a EEUU. Pero, pese a su subordinación a Netanyahu en su estrategia para Oriente Medio, la posición de Trump es muy delicada en estos momentos y más aún con el rechazo que empieza a crecer en su país a esta obcecada cruzada y con las elecciones de medio término a ocho meses.

Diario Público

Texto de Diario Público

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