“Esto no va solo de Venezuela. El objetivo real es Cuba.” La reflexión se la escuché a Vijay Prashad, director del Instituto Tricontinental y una de las mentes más lúcidas de nuestro tiempo, hace tan solo un par de semanas en una conferencia que compartimos.
Sus palabras se han vuelto premonición tras la orden ejecutiva de Trump de prohibir el envío de petróleo a la isla y prohibir, taxativamente, que nadie se atreva a ayudarles. Aterrador, sí, pero me da esperanza que anunciara el asedio brutal a Cuba la misma semana que cientos de miles de estadounidenses tomaron las calles contra su autoritarismo doméstico, animados por una de las más bellas canciones de Springsteen compuesta para apoyarlos y para denunciar la brutalidad neofascista de Trump.
Encuentro un hilo, que se teje solo, que une las calles de Mineápolis y de La Habana: la lucha y la resistencia contra el fascismo contemporáneo y no estoy usando una metáfora. En absoluto. Pretendo argumentarles que “fascismo contemporáneo” es lo que es la amenaza a Cuba por parte de Trump, tras la agresión a Venezuela: una versión MAGA del Lebensraum, el Espacio Vital alemán, el principio guía de los nazis que les sirvió de excusa para destrozar el mundo: la idea supremacista de que Alemania necesitaba expandirse territorialmente hacia el este de Europa para garantizarse recursos, trabajo barato y construir el Gran Reich.
Una réplica actualizada de ese Libensraum es la consigna trumpista “Este es nuestro hemisferio” que replicara como una orden Marcos Rubio, quien, no se nos olvide, es uno de los impulsores del genocidio en Gaza. Quizá de ahí aprendió lo que pretende imponer en Cuba bloqueando todo petróleo a la isla: de lo que se trata es de provocar una crisis humanitaria.
Mis amigos cubanos me avisan de que la situación es seria. La isla tiene petróleo para semanas y sin energía es muy difícil que algo funcione. La intención criminal de Trump es la asfixia económica de un pueblo rebelde. Puro Imperio.
Me parece extraordinariamente importante aclarar que no lo hacen porque los EEUU sean fuertes, sino precisamente por lo contrario. Su pérdida de hegemonía económica, especialmente en el sudeste asiático, hace que actúe como el oso herido y busque, al menos, imponer su tasa de ganancia en una América Latina que pretende domesticar hasta la colonialidad.
Esta afirmación no es una interpretación mía, está escrita negro sobre blanco en el documento sobre Estrategia de Defensa Nacional del Departamento de Guerra de EEUU que les recomiendo leer porque es para no dar crédito. En esa forma supremacista de pensar, Cuba es el enemigo, la isla rebelde, la que no va a aceptar las ordenes de Washington, la que da esperanzas a otros, la que, si algo ha aprendido en 60 años de bloqueo, es a resistir. Cuba es la resistencia.
Aún recuerdo unas palabras que Julio Anguita dijera hace años al ser preguntado por Cuba y que hoy les quiero rescatar. Con la seguridad que le daba el tener principios, dejó claro que: “Mientras haya un pirata enfrente como EEUU, violando el derecho internacional y apretando a una pequeña nación llamada Cuba, el comandante Fidel y yo, en la misma trinchera”.
Podría suscribir las palabras de Julio de entonces, como tantas otras y, sin embargo, el hoy es más serio. La orden ejecutiva de Trump de asediar Cuba, aislarla energéticamente y amenazar a quien ose ayudarles es de una brutalidad inaudita: pretende provocar una crisis humanitaria en Cuba con la crueldad cobarde de quien asedia y la connivencia, más cobarde aún, de quien no le frena.
“Es hora de que Europa deje de ser cómplice [de Trump], es hora de tener columna vertebral. Es hora de tener principios, de no aceptar esta complicidad. Se someten: debería haber traído un montón de rodilleras para los lideres mundiales. Es patético”. Las palabras y el cabreo son del gobernador de California, Gavin Newsom, en el Foro de Davos, abochornado por el nivel de sumisión allí encontrado hacia Donald Trump.
Frente a ello, frente a ellos y porque su ultraje al derecho internacional empieza a ser constante, no debemos dejar que Trump asedie a Cuba impunemente. Quien les escribe, como ese gobernador, no espera mucho de la gente que pasea por Davos, pero sí debemos exigir al Gobierno de España una condena firme a la agresión y que los gobiernos europeos actúen como si tuviesen columna vertebral y un ápice de orgullo.
Aun así, no tengo dudas de que la rebeldía y la solidaridad con Cuba se encuentran fuera de palacio. En las calles, centros de trabajo, universidades, foros, movimientos de solidaridad y presionando desde todos los lugares posibles, incluso y aunque sea poco, desde estas modestas líneas en un periódico valiente.
Cuba es resistencia y esperanza. Siempre lo ha sido incluso más allá de sus preciosas costas, en toda América Latina y en el mundo: es y ha sido ejemplo de resistencia y de solidaridad. Cuba no está sola, y aunque en los pasillos del poder en nuestra vieja Europa haya más rodilleras que gente con coraje, fuera de ellos, lo vivimos con Palestina, hay mucha ciudadanía harta de la obediencia al tirano.
Frente a Trump, Cuba y yo en la misma trinchera y es desde ese lugar desde donde les traslado el llamamiento de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba:
“Hacemos un llamado a los intelectuales del mundo a denunciar el peligro que representa esta nueva amenaza que provocará incalculables daños humanos al pueblo cubano. Utilicemos las armas de la razón y el arte que nos une para denunciar al imperialismo yanqui y construir un mundo civilizado sin guerras”.
Una vez más, Cuba no está sola.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











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