COVID-19: Prevenir para evitar el susto

La falta de percepción del riesgo y la irresponsabilidad se dan la mano en los tiempos que corren, para constituirse en peligro real de contraer y diseminar la Covid-19

Ilustración: Osval

Cuentan que apenas puso un pie en el pueblo organizó un fiestón al que asistieron no se sabe cuántos amigos y familiares; que nadie de los allí presentes se midió a la hora de los abrazos y los besos, ni miró mucho el vaso en que bebía. Ni usó mascarillas. Ni se lavó las manos antes o después. Ni estableció barrera alguna para evadir la infección que podía haber viajado junto con quien venía del extranjero.

Cuentan que ahora la cadena de sospechosos se extiende lejos, donde alguien ni pudo imaginar, y que el susto mantiene en vilo a familias enteras, por lo que podría suceder. Quien convidó al fiestón llegaba de Estados Unidos o de España, o de otro lugar donde la COVID-19 campea por su respeto. Quienes dieron vida a la diversión acudieron por voluntad propia. De parte y parte, sin medir consecuencias.

No evoco un suceso en específico, sino los tres de que he tenido noticia en apenas una semana por el lugar de residencia, el pueblo donde nací y la provincia donde viven mis familiares más cercanos. En Cuba, desde mucho antes de que se confirmaran los primeros casos de la enfermedad se viene alertando acerca del peligro, inusual por la rápida propagación a lo largo y ancho del globo terráqueo del agente que la produce, en una amenaza no vista en siglos.

El tipo de coronavirus con el que está lidiando el mundo es altamente contagioso; no distingue sexo, edad o grupo social y se transmite de una persona a otra a través de las microgotas de saliva que se expelen no solo al toser o estornudar, sino también al hablar. Penetra al organismo por las mucosas de la boca, la nariz y los ojos, y se instala en las vías respiratorias. ¿Quién en Cuba no ha escuchado lo más elemental al respecto?

Sin embargo, en lugar de constituirse en singularidad continúa siendo regla que actuemos como si careciéramos totalmente de información, o como si creyéramos que no nos va a tocar. Con esa conducta podemos estar arrastrando hacia un mal con o sin remedio —se habla ya de una mortalidad a nivel mundial cercana al 5 por ciento— a personas que nos importan, e incluso a otras que nos son ajenas.

Esa actuación irresponsable, que raya a veces en el irrespeto a la decisión del otro de protegerse, se traduce mayormente en la falta del hábito de lavarnos las manos con abundantes agua y jabón cuantas veces se haga necesario, o de desinfectarlas con gel de base alcohólica o solución de hipoclorito de sodio, o de cubrirnos la boca (ante tos o estornudo) con la parte del antebrazo más próxima al codo. Se traduce, también, en la costumbre aún no suprimida de encimarnos a las demás personas y respirar en sus narices. Todo ello es abono perfecto, advierten los especialistas, para la entrada del “enemigo”.

Descrito por los científicos como un microorganismo relativamente grande y pesado en comparación con otros, por lo que cae a una distancia máxima de metro y medio y no flota en el aire, el virus de la COVID-19 está recubierto, explican, por una capa grasa, que el jabón y el alcohol pueden diluir. Pero necesitamos aprovechar a nuestro favor cada uno de los elementos que se nos proporcionan, en lugar de comportarnos como si fuésemos inmunes a todo. El arrojo y la temeridad en casos como estos pueden volverse contra quien los esgrime.

Las autoridades sanitarias han informado que, además de guardar las distancias prudentes, resulta aconsejable el uso de la mascarilla o nasobuco, aunque con la precisión de que solo se justifica en dos situaciones: para protegerse ante la cercanía de enfermos —aplicable al personal asistencial y a familiares con alguien afectado por una enfermedad respiratoria en casa—, y para no transmitir el padecimiento respiratorio propio a los demás. También, añaden, en personas inmunodeprimidas mientras se mueven en entornos concurridos.

Muchos compatriotas se han estado preguntando en todos estos días: ¿Cómo garantizo mi higiene si para acceder al producto que debo usar tengo que hacer, sin remedio, esas colas-tumultos donde es imposible tomar distancia? Para solucionar este punto, la máxima dirección del país acaba de crear fórmulas cuya efectividad comenzará a probarse a partir de este martes. El miedo a la carencia de suministros en circunstancias de cuarentena dentro del hogar dispara los ánimos.

Otra alarma mantiene en vilo a no pocos espirituanos, y es la presencia en barrios y comunidades de nacionales recién llegados del extranjero, que se pasean por las calles sin período de vigilancia previo en institución sanitaria alguna, como si no cargaran consigo un peligro cierto. Hasta el pasado lunes, 23 de marzo, los cuidados quedaban a la consideración personal y, como bien se sabe, no todos acudimos al médico con la prontitud aconsejable, por la misma falta de percepción del riesgo ya antes expuesta.

Por más inofensivo que nos parezca el gesto, lo que podría enfermarnos y hasta matarnos está, probablemente, a nuestro lado: en la mano que se nos tiende y aún apretamos, en el beso o el abrazo que todavía no pospusimos, en la taza de café que nos obsequian, en la superficie con la que entramos en contacto. Según las características de esa superficie, el virus permanece mayor o menor tiempo activo sobre ella.

No hay que entrar en pánico ni fomentar la paranoia, pero, señores, reconozcámoslo y actuemos en consecuencia: aunque no la veamos ni la sintamos, la COVID-19 se ha convertido en una sombra, una que puede tornar grises nuestros días venideros. Hasta que se demuestre lo contrario.

6 comentarios

  1. por favor quien me puede explicar que en estos momentos de aislamiento se este utilizando aun personal ajeno al sector de salud para la fumigacion del mosquito, ejemplo en Trinidad, sino se ha decretado un estado de movilizacion general ni de emergencia, ni tampoco se ha reubicado a nadie,como se puede explicar eso, si la prioridad ahora es la proteccion vrs el coronavirus, no se esta en contra de apoyar al personal de salud, pero hay que darse cuenta del momento que se esta viviendo. Hay que pensar con cordura.

  2. Yo quiero que me respondan una pregunta las autoridades sanitarias, de gobierno y Partido en Sancti Spíritus, ¿Es que ya no hay bocinas para salir por las calles pregonando la necesidad de permanecer en las casas, de observar las medidas higiénicas que arriba se explican y de no acercarse tanto a las demás personas? Esto es peor que un huracán y en tiempos de huracanes se hace ¿ Por qué no ahora?
    Ah, si no tienen bocinas pídanselas prestadas a bicitaxeros y reguetoneros, que ellos en eso sí tienen experiencia.
    ¡Salgan por las calles y griten las medidas, para que vean que la gente de despabila!

  3. Y que me dicen de los joven club de computación de la provincia que siguen prestando servicio, los estudiantes que se sacaron de las escuelas para su protección ahora asisten a los joven club, como es posible que una actividad que no es vital y que genera no poca aglomeración tanto dentro del joven club como fuera de estos se mantenga funcionando. Que esperan para cerrarlos como las escuelas y que se mantengan solo los trabajadores realizando otras tareas que no implique público, o es que recoger 4 quilos es más importante que la salud de los clientes y los trabajadores de esta institución?

  4. Y quièn ahora le pide respuestas y nivel de responsabilidad a los q hicieron q las colas para adquirir productos de aseo y pollo se hallan mantenido en nuestra provincia incluso despuès d existir la pandemia? Creo q es hora de depurar respondabilidades y no esperar a medidas q se tomen del Nivel Central cuando siempre se ha dicho por nuestras autoridades centrales q cada territoro està en libertad de adoptar las medidas màs convenientes. Si en la provincia de Las Tunas se adoptò por llevar los productos de aseo a cada nùcleo en sus respectivas bodegas, por què no se hizo en la nuestra. Yo creo q ya es tarde y los dìas q restan por venir antes de controlar esta pandemia no me haràn mentir

  5. Lamentablemente las personas tomarán conciencia cuando fallezca un vecino o un familiar.

    • Eso mismo estaba comentando yo hoy con alguien, cuando tocamos el tema que ahora mismo es el número uno en el hit parade de la cotidianidad nuestra. Lastimoso.

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