Juan Bautista Calderón: Más allá de una rutina, el amor infinito al mar (+fotos)

La vida de los pescadores de Casilda está unida a la aventura y la hermandad que se forja en las adversidades, tal y como cuenta uno de ellos

Como patrón de barco lleva seis años y más de 25 como buzo dedicado a la extracción de la Reina del Caribe. (Fotos: Ana Martha Panadés/Escambray)

Para Juan Batista Calderón uno de sus sitios favoritos es el mar. Escuchar el sonido de las olas, sentir el olor a salitre, sumergirse en las profundidades, perpetuar la tradición de una familia de pescadores.

De niño acompañaba a su padre, quien trabajó siempre en Casilda, y su abuelo y sus tíos antes que él. Lo marcaron las historias de hombres que viven más tiempo en el mar que en la tierra. Y lo prefieren.

Su vida está escrita en las grietas de sus manos y en las redes que descansan a un costado del barco. Él es patrón de una de las embarcaciones que integran la flota langostera de Trinidad, asentada en el Puerto de Casilda. Al frente del Ferrocemento 90 lleva seis años, pero como buzo ya son 26.

“El trabajo es bastante duro y en un medio que no es el nuestro, tenemos que sumergirnos en las profundidades del mar para hacer las capturas. Hay que olvidarse de todo y meterle el pecho al viento, a las corrientes duras, a los peligros que se pueden encontrar allá abajo”.

Juan Batista (a la derecha), asegura que la tripulación de su barco es la familia del mar.

Ese es el secreto de los pescadores que se dedican a la captura del crustáceo. Cada día prepararse para buscar la reina en las profundidades; pero en tiempos de veda de la langosta tampoco se descansa. Juan Batista y su tripulación dedican muchas horas a “pasarle la mano” a la embarcación, atender los equipos de pesca, remendar el arte… La meta es cumplir los planes de producción.

Y trabajando al máximo, siempre de sol a sol, recalca este hombre de mar. “Desde que te levantas a las seis de la mañana hasta las ocho de la noche. Llegas muerto al dormitorio, y al otro día te espera la misma rutina”.

La producción de langosta constituye uno de los renglones exportables del país; por eso la flota trinitaria mantiene las capturas contra viento y marea.

“Todos sabemos la importancia que tiene esta actividad por la escasez que estamos teniendo de divisas. Y este es un rengloncito que aporta, aunque desgraciadamente las cifras han tenido una merma. Antes se capturaban hasta 800 toneladas, ahora estamos por las 200.

“El cambio climático afecta bastante, las temperaturas están muy altas y se pierde la especie, se va para aguas más profundas. También nos golpean las limitaciones económicas, pero no renunciamos a nuestros planes”.

A sus compañeros de tripulación no los ve como empleados, son la familia del mar. En la embarcación se respira una hermandad a prueba de todo: cinco buzos, el maquinista y el patrón. Allá afuera el mar no perdona errores de individualismo. El que no cuida a su compañero, no vuelve a tierra.

Cuando regresa a tierra, este hombre de mar aprovecha para pasarle la mano a su barco, que es como su segundo hogar.

“Somos una familia —insiste—. Durante la campaña, de los 30 días, nos pasamos 20 conviviendo juntos. Tenemos que llevarnos bien. Todos los marineros y los patrones pasamos momentos difíciles porque estamos en una zona de pesca bastante alejada del refugio más cercano. 

“Y de pronto se forma un chubasco y tienes que enfrentarlo con serenidad porque te vienen para arriba el viento y la lluvia. Se te cierra completo el cielo. No es cuestión de miedo, sino de respeto.

“El año pasado me sorprendió un ciclón allá afuera —y señala hacia el mar, ahora sereno—. Una noche entera sin dormir, créeme que el viento estaba fuerte. El mar se pone feo en segundos. Y te puede tragar para siempre”.

Las experiencias fuertes han sido muchas. Recuerda también el hundimiento del barco de producción. “Yo fui el que lo rescaté”, dice con orgullo.

“Es una de nuestras embarcaciones. Iba rumbo a la industria y por una mala maniobra, el patrón perdió el control y se atravesó en la marea hasta que zozobró. Fue como a 14 millas de aquí.

“Vivimos un momento difícil. Imagínate ver a mis compañeros en una chalanita en medio del mar. Pudimos salvarlos a todos y el barco también. Ahora está en reparación”.

Juan Batista Calderón es el patrón del Ferrocemento 90, una de las embarcaciones que más aporta a la captura de la langosta en la UEB Pescasilda.

Juan Batista Calderón no habla como un héroe, sino como hombre de mar. Su barco, más que un medio de trabajo, es el altar donde ejerce su oficio; cada langosta que extrae de las profundidades es un tributo a su linaje, a quienes lo hicieron antes que él.

Regresar a tierra se disfruta. El ritual es siempre el mismo: compartir un café con compañeros. En sus risas hay una complicidad forjada a través del tiempo. Por eso sigue pescando; por ellos y por el amor infinito que lo une al mar.  

Ana Martha Panadés

Texto de Ana Martha Panadés
Reportera de Escambray. Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas sociales.

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