Yaguajay, la batalla más larga de Las Villas

Cada 31 de diciembre los yaguajayenses evocan la gesta que puso punto final a la ofensiva del Ejército Rebelde en Las Villas. A 67 años de aquella contienda se recuerda a Camilo Cienfuegos Gorriarán y a un hecho que clasifica entre los más decisivos en los días finales de la guerra

Camilo y un grupo de guerrilleros en las cercanías del cuartel de Yaguajay. (Fotos: Perfecto Romero)

Los aires invernales de diciembre siempre traen de vuelta la histórica batalla de Yaguajay, acción que desató las ataduras de la tiranía batistiana en este territorio, le puso punto final a la ofensiva del Ejército Rebelde en Las Villas y acercó la fecha de la independencia de la isla. 

Y es que, tres meses antes de la batalla, el joven comandante de 26 años Camilo Cienfuegos Gorriarán había llegado a estos predios con un claro propósito: aunar a las fuerzas patriotas que operaban en la zona, lo cual concretó en la fundación del Frente Norte de Las Villas.

Según refieren los historiadores Camilo arribó al escenario de la batalla de Yaguajay en la noche del 22 de diciembre de 1958, después de haber vencido al cuartel de Zulueta. Traía consigo unos 100 hombres. Asumió el mando de las fuerzas rebeldes y decidió fijar al enemigo dentro del Escuadrón 37, ubicado a poco más de un kilómetro al nordeste del territorio.

La estrategia del jefe guerrillero incluía estrechar el cerco e intensificar el fuego sobre el sector urbano y hostigarlo hasta su rendición. Planeó, además, concentrar todas las fuerzas rebeldes sobre el cuartel de la Guardia Rural, donde se encontraba el grueso de las tropas enemigas, integradas por más de 350 efectivos, al mando del capitán del Ejército de Batista, Alfredo Abón Lee. Mas, el oficial decidió resistir de forma obstinada ante el ataque rebelde.

Tanto es así que el propio Ernesto Che Guevara, quien había visitado el teatro de operaciones el día 23 de diciembre, coincidió con Camilo en lo difícil que sería la toma del cuartel si el enemigo estaba resuelto a defenderlo. El tiroteo continuó toda la noche de esa jornada y en la madrugada del 24 fueron cayendo poco a poco los principales enclaves donde se hallaban los soldados del ejército batistiano. Se trataba del hotel Plaza, el Ayuntamiento y la Estación de Policía.      

En esos 11 días de fieros combates se concertaron varias treguas: la primera, el 24 de diciembre a petición del mando rebelde, la cual se produjo luego de la expulsión de los enemigos de sus tres puntos defensivos en el sector urbano. La segunda, el día 26, a solicitud de Abón Lee y, aunque fue aceptada por Camilo por principios humanitarios, tampoco logró la rendición de las tropas enemigas.

Ante la negativa de sumisión del adversario el Comandante del Ejército Rebelde decide someterlo a una guerra psicológica e intensificar las acciones bélicas. Ordenó, entonces, la construcción del Dragón I, su primer blindado, dotado de un lanzallamas para incendiar el cuartel y obligarlos a capitular.

Unido a estas acciones no convencionales, que provocaron desconcierto en las tropas sitiadas, el Señor de la Vanguardia también los mantuvo bajo constantes llamamientos por altoparlantes conminándolos a la rendición. Se dice que algunos familiares de los soldados enemigos utilizaron esta vía para pedirles su rendición definitiva y evitar más derramamiento de sangre. Todo esto afectó su maltrecha moral combativa, de ahí que llegó el momento en que la mayoría quería la rendición y no continuar resistiendo.   

Fue así que el 31 de diciembre, después del mediodía, Abón Lee se vio forzado a pedir una nueva tregua, la cual fue rechazada por Camilo. Los enemigos acuartelados habían agotado las posibilidades de resistencia. Por tanto, no les quedó otra alternativa que izar la bandera blanca y aceptar su capitulación incondicional al término de ese día.

No hay dudas: la batalla de Yaguajay mostró la valía de Camilo como estratega militar y jefe guerrillero. El epíteto de Héroe de Yaguajay lo mereció justamente por haber sido el artífice de dicha contienda, considerada un singular ejemplo de resistencia y capacidad combativa.

Según refiere Gerónimo Besánguiz Legarreta, director del Complejo Histórico Comandante Camilo Cienfuegos, el hombre del sombrero alón “durante la batalla ayudó a una anciana a cruzar la calle y a encontrar refugio. Una bala alcanzó a un niño de seis años y en medio del combate organizó cortejo fúnebre hasta el cementerio a través de los patios para sortear el bombardeo de la aviación enemiga.

“Al triunfar la Revolución, le dio un documento a esa madre para que cobrara una pensión vitalicia como damnificada por la guerra. Además, no se preocupó solo por sus soldados, sino también por los civiles que estaban en medio de la contienda bélica”, apuntó el historiador.    

Una vez victoriosos, luego del mediodía del primero de enero de 1959, Camilo Cienfuegos avanzaba con su tropa hacia La Habana para rendir y tomar el campamento militar de Columbia, por órdenes de Fidel. Yaguajay se había sacudido los aires invernales y cientos de pobladores escoltaban de un lado a otro de la carretera a los 500 hombres que partían en aquella caravana. Junto a él, el mismo pueblo que vio a Camilo dispararles a los aviones enemigos en medio de la batalla más larga de Las Villas contra el ejército batistiano.

Greidy Mejía Cárdenas

Texto de Greidy Mejía Cárdenas

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