Antorchas por el centenario

Como auténtico homenaje al Héroe Nacional, la Marcha de las Antorchas sigue convidando a miles de jóvenes cubanos

Bajo el manto del Alma Máter, miles de cubanos descendieron la colina universitaria empuñando antorchas aquella noche del 27 de enero de 1953.

Luego del golpe de Estado del dictador Fulgencio Batista y Zaldívar, el 10 de marzo de 1952, Cuba entró en un período de incertidumbre política y represión. La Constitución de 1940 quedó en suspenso, las elecciones previstas fueron anuladas y el país se sumió en un clima de frustración y descontento. En ese contexto, un grupo de jóvenes comenzó a nuclearse alrededor del estudiante de Derecho Fidel Castro Ruz, quien ya despuntaba como figura de liderazgo dentro de la oposición. La Federación Estudiantil Universitaria (FEU) se convirtió en uno de los principales focos de resistencia contra Batista y la universidad, espacio de debate y efervescencia política, se transformó en el epicentro de las conspiraciones juveniles. En ese ambiente nació la Marcha de las Antorchas.

La idea surgió de líderes estudiantiles como Flavio Bravo Pardo, Conchita Portela y Alfredo Guevara, quienes convocaron a una peregrinación desde la escalinata de la Universidad de La Habana hasta la Fragua Martiana en la noche del 27 de enero de 1953. El fuego de las antorchas representaba la energía de los “Pinos Nuevos”, metáfora martiana para referirse a las nuevas generaciones que continuarían la lucha por la independencia y la justicia social en Cuba.

La universidad habanera se vistió de gala y los estudiantes se congregaron para organizar el homenaje a Martí. De ese modo, bajo el manto del Alma Máter, miles de cubanos descendieron la colina universitaria empuñando antorchas, empuñando la luz del Maestro.

El desfile en honor al Héroe Nacional de Cuba no fue interrumpido ni por soldados batistianos, ni por la policía; y todos los medios de prensa reconocieron el gran homenaje que constituía esta peregrinación vísperas de su centenario.

A la cabeza, una bandera cubana llevada por mujeres universitarias y de la segunda enseñanza. Detrás, el ejecutivo de la FEU en pleno. Las mujeres iban cogidas del brazo al frente de una multitud iluminada por las antorchas. Pero lo impactante era el grupo de 300 jóvenes perfectamente formados, que iban detrás de Fidel; jóvenes que el 26 julio de ese año asaltarían dos cuarteles del ejército de la tiranía.

El resumen de lo acontecido lo realizó el entonces presidente de la FEU, Joaquín Peláez, quien se refirió a la significación del acto con que comenzaba la celebración del centenario martiano, y terminó su alocución pronunciando “…por esto resulta lógico que el estudiantado, la juventud toda, combata con todas sus fuerzas a la dictadura que nos oprime”.

La marcha fue un acto de desafío político, un gesto de dignidad frente a la represión, y al mismo tiempo un homenaje genuino al autor de La Edad de Oro, cuya figura era manipulada por el gobierno.

Meses después, en el juicio por el asalto al Moncada, Fidel Castro evocaría aquella noche de enero. En su alegato del 16 de octubre de 1953, pronunció una frase que sintetizaba la continuidad histórica entre Martí y la nueva generación: Fidel expresó: “Cuba, ¿qué sería de ti, si hubiéramos dejado morir a tu Apóstol?”.

Luego del triunfo de la Revolución, en 1959, cada 27 de enero, los jóvenes universitarios junto al pueblo realizan este mítico ritual, que hace más de siete décadas inició la Generación del Centenario de Martí y hoy continúa la Generación del Centenario de Fidel.

En la luz de las antorchas se refleja la continuidad de la nación cubana: desde los estudiantes que desafiaron a Batista en 1953, hasta los jóvenes que hoy, cada enero, reafirman su compromiso con la memoria y el futuro de Cuba. La marcha es un acto cargado de simbolismo, memoria, resistencia y continuidad histórica de la revolución cubana. El Apóstol sigue como guía espiritual de la Patria.

Adriana Alfonso Martín

Texto de Adriana Alfonso Martín

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