En los complejos tiempos pandémicos, Moraima Zayas encontró el mejor de los refugios: el proyecto Entre hilos, alas y pinceles, con sede en Trinidad, que le permitió pulir el talento de sus manos y convertirse en cultora de legendarias técnicas manuales. Fiesta eterna, se decía en cada encuentro, y aún lo ratifica. Por ello, se atrevió a realizar una propuesta.
“Es mamá de una niña en situación de discapacidad y nos pidió que sumáramos a personas así a una actividad provechosa para sus condiciones”, recuerda Yudit Vidal Faife.
Bastó presentar la idea y el colectivo del proyecto aceptó el reto. Ya suman cinco años del nacimiento de lo que tiene nombre propio: Aprendiendo las tradiciones de mi ciudad.
“Lo integran nuestros maravillosos niños, como les decimos. Moraima ha sido esencial, pues, además de ser artesana, sus vínculos laborales están asociados al magisterio al ser la directora del Palacio de Pioneros del municipio y liderar la Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad Intelectual, aquí. Aunque todas nuestras integrantes se suman a las actividades, ya no podemos verlo dividido”.
Desde entonces, la Academia de Artes de Trinidad, perteneciente a la sucursal Artex Sancti Spíritus, es testigo de que la creación puede ser inclusiva. Se rompen todas las barreras.
“Hemos impartido talleres de creación artística sobre diferentes técnicas. Transitamos por el papel maché, el dibujo, la acuarela, la pintura en acrílico, sobre lienzo, cartulina… Modelamos una serie de elementos que se han convertido en figuras artísticas, como mariposas que al unísono contienen elementos reciclados: botellas de agua, pomos de champú, cartón, absorbentes”.
Con exquisita belleza, las creaciones han integrado diferentes muestras. Ya los miembros del proyecto Aprendiendo las tradiciones de mi ciudad son aplaudidos dentro y fuera de la tercera villa de Cuba. El tapiz Abrazo textil de Trinidad a La Habana catapultó la minuciosa labor de artesanas y personas en situación de discapacidad cuando representó a este territorio en la XV Bienal de La Habana.
Algo similar sucedió el pasado 14 de febrero, cuando se mostraron sus dibujos inspirados en el amor, tras conocer el texto El Principito en pequeñas postales, impresas gracias a la sucursal Artex Sancti Spíritus.
“Las técnicas aprendidas —reconoce Vidal Faife— les sirven para insertarse a la sociedad. Incluso, pueden convertirse en sus sustentos económicos. Aún quedan muchos tabúes con respecto a las personas en situación de discapacidad.
“En el plano personal, han evolucionado significativamente. Sus diálogos son más amenos, intensos, han desarrollado su lenguaje, la comunicación”.

Pero los encuentros no solo se centran en las artes visuales; las tardes se convierten en pretexto para cantar y, también, hojear libros.
“Esa iniciativa asociada a la literatura surgió hace prácticamente tres meses. Fue una propuesta de Sayli Alba. Les leo obras y ellos se inspiran en los personajes. Plasman mediante trazos lo que sus imaginaciones dejan escapar”.
Simpáticos personajes han tomado vida. Tras concluir las lecturas, donde Yudit se desdobla con cambios de voces y tonos, un aplauso gigante premia todas las creaciones.
“Es gratificante ver cómo, a través del amor que cada una de nosotras les ponemos a estos niños, se convierte en un resultado increíble. Uno de sus momentos favoritos es el de las meriendas. Felicia, nuestra madre superiora, desde que ella llega recibe las canciones y alegrías de los pequeños. Les ofrecemos lo que podemos conseguir, gracias a la comunión de todas las personas adultas. Así concluyen siempre nuestros encuentros”.
No solo sorprende con la dulzura y gratificación con la que narra Yudit Vidal Faife cómo se oxigena ese otro proyecto que conduce, sino cuánto prefiere interrumpir sus inspiraciones, hacer un alto e ir a enseñarles.
“Aunque la vida de un artista siempre está plagada de compromisos, tanto artísticos como personales, encontrar el tiempo para dar amor nunca es suficiente. Buscar un pedacito en una tarde soleada o de lluvia, como sea, siempre nos reunimos y es increíble cómo el taller de creación es un rayo de luz, de esperanza, de amor.
“Es un motivo de vivir no solo para nuestros maravillosos niños, sino para que sus tutores y artesanas del proyecto Entre hilos alas y pinceles los vean felices”, concluyó.
Es esa la verdadera grandeza de una artista que, más allá de la creación, experimenta la alegría de servir de forma útil a quienes le rodean.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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