Cepeda: 400 por los 400

El estelar espirituano Frederich Cepeda suma una nueva marca de lujo en su carrera deportiva

Cepeda pegó su jonrón número 400 en Series Nacionales.

Fue un jonronazo de verdad. Como si tuviese 20 años y no 46 bien cumplidos. Lo conectó por los 400 pies del estadio José Antonio Huelga. Porque sabía lo que contenía aquel batazo, Frederich Cepeda Cruz le dio con todo e hizo que su cuadrangular número 400 en Series Nacionales de Béisbol tuviera toda la contundencia que la hazaña entrañaba.

Era su cuarto turno al bate y posiblemente su último la tarde del 17 de octubre de 2026 con el juego ya en el séptimo. Ciego de Ávila, con pizarra a favor, ya le había transferido intencional antes. Había que darlo de todas todas. Y el inmortal, lo hizo.

Así, para seguir la danza de los 4, a las 4 y 44 minutos de la tarde su batazo telúrico lo apagó y lo encendió todo a la vez. Solo él y la historia puestos delante. Al momento en que se paró en home, se fue la luz por el apagón y la amplificación local no pudo anunciar para la posteridad el suceso. Tampoco las trasmisiones en streaming pudieron llevarlo en vivo al mundo al pararse la señal. Mas, como lo esperaban cada turno después del 399, apenas dos partidos atrás, todos los presentes allí, muchos de ellos celular en mano, lo guardaron para siempre y le prodigaron la reverencia merecida.

Frederich Cepeda Cruz lo hizo. Cazó un envío de Diorlis Perez y, a la zurda, desapareció la pelota por el lugar más lejano del terreno, por el mismo centro, empujó tres y exorcizó de su más profundo “yo” todos los poderes contenidos, humanos y divinos. Porque desde que le dio sabía que se iba, disfrutó su trayectoria: «Fue un buen batazo por lo 400 pies, la vida suele ser caprichosa y te tiene marcado, desgraciadamente a veces no se le da en nuestro país la importancia que se debe a los beisbolistas con sus marcas, pero realmente uno que lo sufre y lo vive ve que hay cosas mágicas y bonitas como estas; sabía que se iba y lo disfruté».

UNA APUESTA PENDIENTE Y EL DOMINIO DE LA PRESIÓN

La presión rondaba el “Huelga”. Tenía que darlo y lo dio. Porque estaba lo otro. Aquel desafío de los jóvenes que entrenó en Santiago de Cuba para el Panamericano Juvenil y con quienes disputará en unos días en República Dominicana un boleto para el Mundial de la categoría.

«Gracias a Dios empecé bien la temporada, ya en el primer partido di el primero y, cuanto más te vas acercando, llega más la presión. Además tenía una adicional. Con los muchachos que están en el equipo Cuba Juvenil tuvimos una buena interacción allá en Santiago de Cuba e hicimos una apuesta: me dijeron que tenía que regresar con ellos para el evento con los 400 jonrones. O sea, tenía 12 juegos para dar tres y muchos de ellos me escribían, me daban mensajes de aliento; otros me bonchaban: ‘Vamos, acaba de dar el jonrón’, me decían».

Quedaba, por ahora, un solo partido, quizás un solo turno. «Ellos me estaban siguiendo y tenía esa presión, pero también quería hacerlo antes de irme porque cuando regrese del torneo quedarían solo unos 20 juegos”.

Retado por sus pupilos, por su público, las circunstancias y el tiempo, Cepeda soltó todas las fuerzas que han acompañado su pródiga carrera, en la que ha lidiado con exigencias de todo tipo. “Con lo de los muchachos era una presión sana, no era un compromiso. Les decía: El jonrón va a salir en cualquier momento, más difícil es dar el 399 y ya está. En realidad, quería hacerlo para ellos y ahora puedo llegar y hablarles del tema felizmente.     

“Era también la última subserie en Sancti Spiritus y llegué con la posibilidad de dar dos jonrones en cuatro juegos. Se dice fácil, pero no lo es, pude lograrlo entrenando todos los días, sin desesperarme, tratando de concentrarme y de lograr un buen pitcheo. Estaba bateando bien, ya era mi cuarto turno, séptimo inning, el juego se había dado lento, de muchas veces al bate. Y en mi caso, cuando estoy bien al bate, casi siempre me pasan para primera, pero Lázaro Fernández estaba muy bien. Había hombres en primera y segunda, la opción era lanzarme y eso lo aproveché”.

Y estaba una “deuda” guardada en su cofre de padre. De cuando dio su cuadrangular 300, en el mismo estadio y su hijo Frederich Junior, que había perseguido el suceso por días, no pudo filmarlo y rompió en un llanto interminable de sus apenas 11 añitos. Entonces, por esas proezas reservadas solo a los grandes, mitigó rápidamente las lágrimas. “Fue una historia muy curiosa. Cuando estaba aquí en Sancti Spíritus estaba todo el tiempo filmando para tener guardado el momento, y ese día un amigo, que era el que siempre lo llevaba al estadio, se retrasó por problemas de trabajo y el jonrón salió en el primer turno. Él se molestó mucho, empezó a llorar, por ahí sale en las fotos y le dije: Mira, papi, no te pongas bravo, no llores, que voy a dar otro para que tú lo grabes. Casualmente, salió el jonrón por el mismo lugar por donde salió el otro, creo que son cosas de Dios o de la vida.

Siete años después, la historia casi se repite. Cepeda dio su vuelacercas número 400 en tarde de gracia. A punto estuvo de conectar su 401 en el cierre del noveno, pero el jardinero Brayan Romero, de cambio en el derecho, se lo impidió cuando atrapó la bola fuera de las cercas. “Di un buen batazo por el derecho, pero al parecer el aire hizo lo suyo y al muchacho le dio tiempo de llegar a la cerca y saltar en el momento justo y sacar el out. Ahora, ya con 18 años, mi hijo pudo filmar mi jonrón histórico y, gracias a Dios, está jugado conmigo”.

Es la mítica del legendario y gran pelotero; ese que, aunque no lo reconoce, puede darse, como pocos, el lujo de decirse a sí mismo: «Voy a dar un jonrón», y lo da.

“No me gusta hablar de eso, pero hay momentos en que no lo he dicho, pero lo he pensando para adentro: Voy a hacerlo. Y lo he hecho en casos esporádicos. No es que todos los días vayas a decir y hacer eso, pero si te preparas puedes decir: Voy a buscar un jonrón”.

NO SOY UN SLUGGER

¿Dónde está la magia para conectar ese que muchos llaman el batazo más complicado? ¿En la fuerza, el swing, el lanzamiento que se escoja?

“Esa pregunta de por qué dar un jonrón me la hacía cuando comenzaba, si te la respondo desde la perspectiva actual es algo diferente ya que son muchos turnos al bate, muchos años de experiencia, conociendo la liga, pero puedo decirte que se conjuga todo a la hora de dar un jonrón: un buen lanzamiento, un buen swing con una buena potencia y poder y, sobre todo, pegarle a la bola con fuerza. Lleva mucho entrenamiento, en especial de fuerza, repeticiones y repeticiones. El aficionado ve el resultado, pero es bien difícil no solo lograr un jonrón, sino hasta dar un hit porque nuestro deporte es un poco complicado”.

Que no se da lo mismo un cuadrangular a los 20 que a los 46. La perspectiva cambia pero no la determinación, la destreza, la maestría, el talento, la constancia. “Cuando tenía juventud uno pensaba en el momento y a largo plazo decía: Este año quiero dar 15 jonrones, el otro 20, quiero prepararme para hacer esto. En el momento en que estoy pienso en prepararme para esta campaña y tratar de lograr el objetivo que uno persigue para la temporada, principalmente esta, que es bien atípica, de solo 44 juegos; es la Serie Nacional más corta que voy a jugar”.

Y de pronto aparece una confesión rara: “No soy un slugger”. Lo miras a él, a sus números, la cifra del jonrón 400 y no te lo crees. Su sonrisa, salida de esa ecuanimidad que lo acompaña hasta en momentos únicos como este, te tranquiliza, tanto como su argumento.

“No me considero jonronero Desde pequeño no fui un slugger natural. Es cuando un muchacho despunta de 13-14 años y lo ves desde que da sus primeros swings. No era un atleta que con 14, 15 18 años o en el juvenil daba cinco o seis jonrones, ni en mi primera serie iba a despuntar con 20 jonrones, como ha pasado con otros. Si te pones a pensar, nunca he sido líder en jonrones en una temporada. Tampoco he sido líder en dobles ni en hits y soy el recordista histórico en esos departamentos. Te repito, no soy un slugger, cada vez que daba 15, había otro que daba 20; cuando daba 20, había uno que daba 32, como Yoennis Céspedes o Pito Abreu, pero yo me mantenía en lo mío, en mi carrera, aportando mi granito de arena. Y todo tiene que ver con el trabajo de años”.

Pese a no ser slugger, como dice, ha ocupado puestos de responsabilidad como impulsador en los equipos en los que ha estado. “Siempre he tenido buen average y porcentaje de OBP, con el paso del tiempo me he convertido en un slugger con récord de tubeyes, de jonrones, de embasado, de muchas cosas. Pude haber tenido mis primeros años mal, después llegar a una meseta de unos años bien y luego a la altura que estoy pude tener pésimos números, pero es la consistencia lo que me ha llevado a esto y he estado toda mi carrera con un rendimiento factible para el equipo que esté jugado”.    

CUATROCIENTOS JONRONES EN EL TIEMPO

En aquel instante, 24 agosto de 2019, miró hacia delante y vio los 400 lejos, muy lejos. Con cuatro décadas a cuestas, 100 batazos le parecieron imposibles. Pero el tiempo pasó, no sin contratiempos, lesiones, exclusiones inmerecidas. “Casualmente, mi compañero Yankiel Mauris me decía: ‘Puedes llegar a los 400’ y le dije: Está difícil. Son 100 jonrones más que se dicen fácil pero no lo es, sin embargo, pasó el tiempo y ese tiempo que he jugado me ha favorecido, he superado lesiones y me he mantenido en juego, algo que me ayuda es que yo entreno todos los días y eso me mantiene vivo para poder enfrentar cada evento”.

Se mantuvo de pie y valió la pena, para ser testigos de su hazaña en tiempos duros, para protagonizar la proeza que solo tres inmortales, como él, han conseguido en 65 ediciones de clásicos cubanos: entrar en el club de los 400 junto a Orestes Kindelán (487), Lázaro Junco (405) y Omar Linares (404). “Primero que todo, mis respetos para esos grandes, que son el espejo donde uno se miró desde pequeño y se sigue mirando, porque son los que antecedieron esta hazaña. Es un orgullo muy grande que siento de poder estar ahí en ese selecto grupo de jonroneros”.

Pero los 400 vuelven a atizar la polémica de las comparaciones, las épocas, el aluminio, los lanzadores. “No sé qué decirte que hubiese pasado de haber jugado con aluminio. Solo puedo asegurar que estoy contento de una sola cosa. No es que sea el bate de aluminio o el de madera, es que en el mundo entero se juega con madera y un sueño que tenía era probarme con ese bate, su inclusión aquí me gustó mucho y me sentí muy a gusto cuando empezó, me acostumbré y las cosas han salido, creo que los peloteros que han pasado y lo hicieron con aluminio lo hubiesen hecho igual y si hubieran jugado mucho años por la frecuencia de jonrones que tenían, o de hits u otros departamentos hubiesen hecho muchas cosas, pero bueno, uno nace en la época que nace y la historia está. Mis números han ido llegando, creciendo y son casi tres décadas. Aprecio a todos esos hombres con los que tuve o tengo excelente amistad. La polémica siempre va a existir, pero en mi caso personal me he concentrado mucho en mi carrera, no en la de otra persona y me han salido los resultados.

“En cuanto a los pitchers, cuando empecé, por supuesto, había algunos que estuvieron después en Grandes Ligas, se sabe que el béisbol se ha debilitado por el éxodo de peloteros, pero van y vienen de calidad, en Cuba se juega pelota. ¿Qué pasa?, que se ha creado un estigma del béisbol cubano, que no estoy de acuerdo con eso y lo dicen hasta colegas tuyos a la hora de criticar a un pelotero y en eso no me meto, cada cual tiene su opinión y es válida. Al final, yo pongo números y ustedes deciden lo que hablan o quieran decir; si es bueno, si es malo, no importa, a mí todo eso me oxigena.

“Y con lo de la longevidad, sé que existe la polémica también, pero cada cual vive su vida. Lo que hago es practicar deporte y pienso que con eso no le haga daño a nadie y me hace mucho bien a mí”.

TEMPORADA CORTA EN TIEMPO DE RÉCORDS

Era casi una noticia anunciada este jonrón 400 cuando empezó su temporada 28 de por vida con 397. Pero tenía varios «rivales» en contra, además de una serie atípica. El hecho de ausentarse por varios partidos por su asistencia al Panamericano Juvenil.

 A la marca de los jonrones, le rondan otras. Pasados los primeros 12 juegos de la campaña 65, acumula 1 622 carreras anotadas y necesita 17 para superar las 1 638 del actual recordista en Series Nacionales, Enrique Díaz.

Cada vez que conecta un hit se reafirma también como líder del departamento y con 23 más (hoy tiene 2 677) redondearía los 2 700, una cifra tan absoluta como respetable.

Aunque acechado por el granmense-agramontino Yordanis Samón, Cepeda mantiene la supremacía histórica en los dobles con 514 (por 512), lo que augura una porfía interminable.

Todo ello se contabiliza hasta el momento en que llegó a cuadrangular 400. Pero antes de tocar el primer bate de la campaña 65, tenía en su aval la primacía histórica en partidos jugados (2 385), comparecencias al bate (10 451), carreras impulsadas (1 561), bases por bolas (2 394), boletos intencionales (462), embasados (5 154) y carreras producidas (2 774), porcentaje de embasado (.493), total de bases (4 456) y extrabases (969).  

Pero tantos récords no lo atribulan; ni las estadísticas, tampoco. Con 46 años y 28 temporadas, mira más el día a día y la manera en que pueda mantenerse saludable.

“Lo que más cerca tengo de alcanzar es el récord de anotadas, que para un muchacho de 20 años es fácil, pero para mí es un poco más difícil. Yo antes corría mucho, aunque no lo quieran ver así y por eso tengo todas las carreras que tengo, siempre estaba en base, tenía buenas piernas. Hoy no son las mismas, pero traro de ser un corredor promedio y, sobre todo, me embaso porque cada vez que lo hago tengo la posibilidad de anotar siempre, y cuando los compañeros te ayuden porque es un deporte colectivo. Creo que se puede llegar, pero el principal objetivo es que el equipo clasifique, en este caso mis Gallos de toda la vida.

“Son récords, cosas que te das cuenta cuando te vas acercando, marcas que en otro momento de la vida otros van a romper también. Me ha tocado el momento de vivirlos, pero el principal récord soy yo, mi carrera. Si mis números llegan a estar entre los primeros, felicidades; si llegan a estar entre los últimos, como quiera que sea, son mis números, lo que hago es jugar beisbol”.

ÍDOLO Y MAESTRO

Desde hace dos meses, Cepeda “debutó” en condición de “pedagogo”, un título que se ha ganado por el peso de su carrera. A la preselección nacional del equipo juvenil llegó con la etiqueta de gloria deportiva, designada por la Comisión Nacional para asistir al Panamericano de República Dominicana y de allí emergió como entrenador de lo que más sabe hacer en su vida: batear.

“Es un reto nuevo, muchos piensan que porque llevas muchos años es fácil, pero no es lo mismo jugar que pararte frente a muchachos, nunca he impartido clases. Llegué como gloria deportiva, pero me dicen: ‘Mira, para que ayudes con el bate’, y me quedé así como paralizado.

“Hasta entré un poco tímido. Lo primero fue hacerme amigo de ellos para que no me vieran como esa figura que ellos miran y luego tratar de explicarles y que puedan entender con hechos que se traduzcan en resultados. Quizás piensen que han aprendido de mí, pero he aprendido de ellos más de lo que yo pueda haberles enseñado, al final son los que van a jugar”.

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EPÍLOGO DE LOS 400

Como si sus hermanos de Olimpo, los dioses, llegaran para bendecir un día mágico, llueve a cántaros y los truenos retumban en medio de la noche. Mucho más su móvil que, en el refugio del hogar, se inunda con mensajes llegados de todas partes del mundo, de familiares, amigos, conocidos, colegas, admiradores. Y Frederich Cepeda vuelve al home, al momento mismo en que concretó su entrada al club de los 400 y agrandó aun más su leyenda en el mismo estadio donde comenzó hace 28 años esta carrera de largos batazos.

“Es una bendición darlo en el Huelga. Hubiese sido en cualquier otro lugar, en Las Tunas di buenos batazos. Pero estoy contento por la oportunidad de hacerlo aquí en mi estadio, solo me chocó que no pudo estar alguien que siempre ha estado: mi mamá porque estaba enferma, con mucha gripe. Hubiese querido su presencia, pero agradezco a la vida que ella y toda mi familia hayan podido estar a lo largo de mi carrera”.

Vuelvo a abrazarlo como tantos lo han hecho. De regalo, le acepto la autoría del título, que no hace más que revelar, otra vez, sus dotes de periodista, que se niega a admitir. Es nada, creo, ante tanta leyenda. 

Elsa Ramos

Texto de Elsa Ramos
Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año (2014, 2018 y 2019). Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas deportivos.

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