Cruzada contra todo pronóstico (+fotos)

Solo los municipios de Cabaiguán y Jatibonico no disfrutaron la algarabía y magia del mundo de las artes escénicas

Los artistas escénicos dialogaron con los públicos de casi toda la geografía provincial. (Fotos: Cortesía de Ana Betancourt)

Aunque vivimos un verano atípico y agobiante, las artes escénicas no les dieron la espalda a los públicos. Durante XXXII ediciones, ha sido esa manifestación la que se ha robado el show en cada etapa estival. Sus integrantes con mochilas sobre las espaldas han regalado sus artes en comunidades donde el diablo dio las tres voces. Y si bien en esta ocasión no pudieron recorrer las rutas habituales, sí demostraron que un escenario se levanta y sostiene con voluntades, compromisos y talentos.

Cuando muchos creyeron que no, artistas y trabajadores del Consejo Provincial de las Artes Escénicas, de Sancti Spíritus, dijeron sí. En comunión con las máximas autoridades gubernamentales de cada territorio lograron compartir con quienes, en más de un sitio, esperaron para sonreír y pensar, incluso en medio de los más prolongados apagones.

La Cruzada Teatral por la ruta de Camilo y Che arrancó su marcha por Fomento, un municipio con historia fecunda en el mundo de las tablas. Tocó puerto en puntos distantes de la zona de asfalto de esa localidad entre montañas. Ovaciones, agradecimientos de ambas partes y el compromiso de regresar antes del próximo verano, si la logística los vuelve acompañar, están entre los mejores recuerdos del inicio del periplo. Quedó la tristeza por no subir hasta lo más alto de su cordillera, donde cada vez se hace más complejo ascender por la ausencia de combustible no solo con cuestiones artísticas sino del resto de las bocanas necesarias para sobrevivir.

El buen sabor dejado por los públicos y organizadores fomentenses se disipó con la misma urgencia con la que se plantó carpa en Trinidad. Otra vez, demostró ese municipio que el vital vínculo del sector cultural con el resto de sus homólogos no tiene todo el engranaje que se precisa. De edición en edición, permanecen allí los ejemplos de falta de condiciones, desorganización en la planificación de los recorridos y ausencia de condiciones mínimas para artistas y técnicos. A pesar de todo, guardan, además del agradecimiento de los públicos, el poder haber actuado en la zona costera, un suceso que se había perdido en las memorias de la cita.

Espacios urbanos y rurales se convirtieron en los mejores escenarios.

Si bien las alianzas Cultura-Gobierno son las únicas que garantizan que se genere cualquier acción con calidad, en este año complejo significa mucho más porque corresponde redoblar esfuerzos para aliviar un tanto las condiciones difíciles de los contextos. Precisamente, cuando eso no se entiende así sucede lo de la Ciudad Museo del Caribe o peor, lo ocurrido en Cabaiguán, a donde no se llegó porque la etapa del periplo coincidió con sus fiestas populares y se alegó que todos los recursos se destinarían a la misma. Tampoco Jatibonico sintió los aires de la Cruzada. Despediría el verano a su ritmo, mas, la realización del capítulo espirituano de la Feria Internacional del Libro concentró en la urbe del Yayabo todos los recursos humanos y materiales.

Lamentables ausencias que confirman que faltaron reuniones preparatorias para acomodar las fechas del recorrido artístico para que no concurran con otros eventos de multitudes. Cada municipio es el único que conoce al dedillo sus luces y sombras. Tiene que concientizar que la Cruzada llega y se acomoda a sus condiciones, las cuales precisan de ser como mínimas confortables.

Si un punto esencial tuvo la XXXII edición de la cita fue la labor del promotor cultural. Gracias a sus diagnósticos acertados hoy se contabiliza una ruta con pocos obstáculos en Taguasco, donde se sumaron todas las instituciones culturales al periplo, o en La Sierpe, a donde por vez primera se llegó a un caserío esparcido a fuerza de cada vecino entre su cabecera municipal y El Jíbaro.

También fue extraordinaria su labor en Jobo Rosado, Yaguajay, donde aligeraron con ese calor humano que espiga con naturalidad en las zonas rurales las durezas del entorno que encontraron los artistas. Volvieron a la génesis de la Cruzada. Pernotaron en un consultorio médico colchones en piso, sin corriente eléctrica ni agua potable al interior de la limpia vivienda. En pleno siglo XXI, resulta increíble que ese municipio no cuente con una instalación que, incluso apagones de por medio, ofrezca un espacio seguro y con confort para descansar tras horas y horas de trabajo.

Pero, más allá de esos tropiezos no lógicos y, por supuesto, prevenibles, el gremio teatral —uno de los más deprimidos del sector cultural espirituano, por lo que prácticamente fueron cuatro o cinco quienes asumieron el periplo— tiene la satisfacción de haber cumplido con su razón de ser: esparcir arte entre quienes menos oportunidades tienen de dialogar con las manifestaciones, mucho más en estos tiempos.

Desde ya, aseguran contar con sus mochilas listas para volver al camino en la próxima edición u otra escaramuza que se planifique. Eso sí, queda en agenda que cada municipio asuma como propio la cita, la incorpore en su agenda de trabajo, la incluya en sus presupuestos, porque no es nada nuevo y falta un año para el retorno. Suman ya XXXII ediciones dándole vida, a fuerza de compromisos y voluntades, a una de las expresiones artísticas con más alto grado de humanismo.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

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