Más de 10 años han pasado desde la primera vez que sonaron las alarmas en el antiguo Cuartel de Dragones de Trinidad, cuando aún se discutía el destino de la Academia de Artes Plásticas Oscar Fernández Morera, con presencia allí desde 1988.
A partir de entonces la edificación ha estado en un limbo: primeramente, se utilizó como preuniversitario por dos cursos; luego, se abrieron las puertas a alumnos de la escuela primaria José Mendoza; además de ser usada para la enseñanza de la danza o provisionalmente como albergue para trabajadores de la campaña de lucha antivectorial que llegaban de otros municipios, antes de que fuera puesto el candado definitivo.
Mucho se hablaba del interés de Aldaba —empresa perteneciente a la Oficina del Conservador— de readecuar el local para un centro de convenciones destinado a eventos nacionales e internacionales; o de los rumores del Ministerio de Turismo de convertirlo en un hotel, ideas que nunca se materializaron.
Fernando Díaz Suárez, director municipal de Cultura, refiere: “Desde que se cerró la escuela de artes hasta la fecha, ha habido una incongruencia entre los jefes de Sancti Spíritus y Trinidad, y las malas decisiones han llevado a la situación actual”. Es importante destacar que el inmueble pertenece a la Dirección Provincial de Cultura y que desde el municipio no se tiene jurisdicción sobre el mismo.
El lugar, abandonado a su suerte desde hace mucho tiempo, se encuentra casi completamente en ruinas, con excepción de los muros exteriores. Es muy difícil para cualquiera que lo ve ahora imaginar cómo era en el pasado, ya que la naturaleza se ha apoderado por completo del interior y al caminar solo puede escucharse el ruido de las tejas rotas y los escombros.
“Hace tiempo que le vienen quitando cosas. Se han llevado el piso, los cables, tazas de baño, tejas…”. Resuenan las opiniones de quienes pasan cerca y se encuentran con el desastre: “Mira el patrimonio como lo tienen”, “Y nadie ve nada”, “Como a nadie le duele…”.
No es mi intención buscar culpables, porque ya no tiene sentido, pues justo ahora la pregunta es cómo mantener en pie lo que queda.
Basta caminar sus alrededores para saber que una semana de lluvias y vientos fuertes es suficiente para que los muros caigan; es decir, está contrarreloj y sin tiempo para esperar decisiones que tienen que ser aprobadas.
En este contexto, a partir de una reunión entre las direcciones municipal y provincial de Cultura, se tomó la decisión de retirar y guardar las últimas siete ventanas que quedaban con vida en el edificio, ya que el resto de ellas, así como sus puertas, han sido sustraídas sin derecho alguno y hoy se desconoce su paradero.
Se acordó levantar un muro de tres metros de alto en los espacios vacíos (donde antes estaban las puertas y ventanas) a todo el alrededor y cerrarlo por completo para quitar el acceso al interior. También se pondrán turnos de guardia.
DEL DICHO AL HECHO
Recordemos que esta extraordinaria construcción fue intervenida y remodelada a inicios de este siglo con una cifra millonaria de dinero y dejada como nueva. Todos coinciden en que el deterioro fue acelerado notablemente después del cierre de la escuela de bellas artes, a partir de una decisión tomada con el objetivo de reducir los costos de la formación de artistas y adecuarlo a las necesidades del territorio.
Entonces, ¿cuál fue el problema?: ¿la indecisión?, ¿la espera?, ¿prestarlo al sistema educativo mientras se encontraba un uso mejor?, ¿limpiarse las manos? Si cualquiera de nuestras casas necesita un arreglo constantemente, nuestro patrimonio, mucho más antiguo, tiene que ser cuidado como si fuera un niño recién nacido: poner la teja antes de que caiga la gotera y no dejar que se nos caiga el techo encima.
¿Y la seguridad? ¿Cómo es posible dejar a su suerte un edificio tan grande en medio de lluvias, apagones y necesidades? Con la única garantía de un candado en la puerta, era de esperar que lo desalojaran. Ahora, después que no queda nada y el desastre ya pasó, es que se hace eco en las redes sociales.
Entonces, ¿cuál era la necesidad? A propósito de esto, justo al frente del cuartel, un busto de José Martí, ubicado en el exterior, fue dañado por personas inescrupulosas y actualmente se encuentra en manos del equipo de restauración —que no tiene local donde trabajar— en una de las salas del Museo Nacional de Lucha Contra Bandidos.
Según Julio Sabín Valdivia, director del equipo: “Cuando el busto llegó aquí, le faltaban varias partes. Actualmente, lo tenemos listo y solo falta la pintura”. Después de esto, lo que se tiene pensado es entregar el busto a la escuela primaria José Martí, que en estos momentos no tiene.
Otro acuerdo de relevancia que se encuentra en discusión —a propósito del local del equipo de restauración— es convertir el anexo del cuartel, frente al mismo, en un centro de desarrollo profesional de algunas artes y, de esa manera, darles un espacio a varias organizaciones vinculadas a la cultura en el municipio.
De momento, los alrededores del Cuartel de Dragones en ruinas, las huellas de lo que fue el busto de nuestro héroe nacional y un edificio anexo al cual le espera un destino similar si se descuida son manchas que arruinan la belleza de la plaza Isabel II y de nuestro patrimonio.
Desde hace 13 años se habían encendido las alarmas con el cierre de la Academia de Artes Plásticas, cuando el edificio aún estaba en buen estado. Ahora, ya ha sido desalojado por completo; ya no existe un patio por el que caminar, un aula a la que entrar, una ventana por la que mirar o una puerta que cerrar.
Es muy difícil imaginar otra inversión millonaria en medio de la crisis que vive el país; pero no se debe dejar expuesto al olvido el símbolo de lo fue una majestuosa instalación cargada de historia.

Escambray Periódico de Sancti Spíritus

















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