Sobre sus jóvenes hombros de 22 años Dainel Froilán Fernández Castillo ha llevado en la actual Serie Nacional de Béisbol un peso más allá de su edad y, menos mal, lo ha sabido sostener.
Hijo de un campesino de pura cepa de Taguasco, tuvo que lidiar desde pequeño entre sus deseos de ser pelotero y la determinación de su padre Osmani de llevarlo al trabajo de la tierra. “Mi papá ni sabía lo que era coger una pelota, pero a tanta insistencia me trajo a Sancti Spíritus”.
Tras varios viajes y cuando no todos lo habían mirado muy derecho, su papá lo llevó hasta el conocido terreno de Pablo Cepeda, en el Reparto Escribano, y le dijo a Roque, el entrenador de turno: “Pruébame a este muchacho ahí, lo que más falta hace es que me digas si tiene futuro y, si no lo tiene, dime que no sirve para no perder mi tiempo”.
“Cuando me probó, dice mi papá que le respondió: ‘Guajiro, vete y cómprale ropa al muchacho’”, cuenta Dainel.
Pero su “victoria infantil” estuvo en ascuas. Luego de pasar por las categorías inferiores, en las que fue aprendiendo de la mano de David Pérez (padre e hijo) y de su actual mánager Luisvany Meneses, en las dos primeras Series Nacionales su padre quizás se cuestionó la decisión de no llevarlo de compañero de finca: apenas acumuló 14 veces al bate en 37.1 entradas y jugó 67 innings.
La campaña 64 ha sido, entonces, como su debut “en serio”. Se ganó el puesto como regular en un turno tan responsable como el quinto bate y cerró la clasificatoria entre los mejores de su equipo: acumuló 214 veces al bate, conectó 63 hits y compiló para 294. En un equipo de poco poder, resaltan sus seis jonrones, segundo detrás de Frederich Cepeda (9), fue tercero en impulsadas (43) y estuvo entre los más productivos al sumar 30 anotadas. Resultó eficiente en la custodia del jardín derecho al cometer un solo error en 134 lances, para 993.
“Todo fue resultado de la preparación. Hubo un largo periodo entre la Serie 63 y la 64 y tuve tiempo de prepararme bien, hice muchas pesas para fortalecerme”.
Pero Dainel Froilán empezó en el banco. En un equipo joven, donde no todas las posiciones tienen dueño, esperó el primer chance que le dio Eriel Sánchez, el anterior director. Y lo aprovechó: bateó de emergente en situaciones difíciles y fue aflorando su talento.
No habla de una elección de bandas, mas, aclara que “los batazos de fuerza trato de ubicarlos sobre el jardín izquierdo”. Parado en home parece que han pasado para él más de las series que acumula, aunque debe vencer aun esa ansiedad propia de quienes comienzan. “Todo tiene que ver con la concentración, a veces cuando me siento un poco ansioso, me meto en conteo, dejo que el pitcher me lance para calmarme un poco, pero trato de ir bien concentrado, casi siempre voy a venir en momentos claves y hay que prepararse para ese turno al bate y el momento que le hace falta al equipo”.
Con tan pocas opciones en sus dos primeras series, en la actual ha tenido que lidiar con lo que llaman el cambio de categoría. Acepta que “al principio fue un poco difícil, el entrenamiento es muy diferente al que uno está acostumbrado a hacer y a veces te choca un poco la preparación, pero lo he ido asimilando”.
Como si fuera poco su debut, en días tendrá otro estreno cuando los Gallos se enfrenten a Matanzas en cuartos de final: “El play off es algo nuevo para mí. Estoy entrenando bien y hasta ahora me han estado saliendo las cosas bien, solo voy concentrado en dar lo mejor de mí”.
Dainel ya ganó su partido clave: arrancar a su papá de los surcos de La Larga y verlo contento, sentado en el graderío que hace tan solo unos años estuvo a punto de cambiar por un terreno rocoso.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus










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